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Cosas que nunca conté (las anécdotas más embarazosas de mis viajes)

Aunque tengas un blog en el que lo cuentes casi todo, todos los viajes tienen una cara B: sucesos o anécdotas que omites por falta de espacio o tiempo, por no preocupar en casa (véase mi problema de salud la primera vez que viajé a India), por mantener tu privacidad, o simple y llanamente por vergüenza.

De todos estos motivos, el de la privacidad es con el que más me peleo. Cuando viajar es tu vida, y tu blog (por decisión personal) adopta la forma de “diario”, en ocasiones resulta inevitable sentir ciertas dudas y temores: ¿Me estaré exponiendo demasiado? ¿Cómo hablo de esto sin mencionar esto otro? ¿Me arrepentiré algún día de lo que he escrito? ¡Esto no quiero que lo sepa todo el mundo!

Por eso hay muchas cosas que prefiero guardarme para mí, y así seguirá siendo. Otras, sin embargo, van quedando en el baúl de las anécdotas (a veces divertidas, a veces bochornosas) que pasado el momento parece que ya nunca vas a sacar a relucir, salvo en una tarde de cañas con los amigos. Hasta que de repente te apetece, como me ha ocurrido hoy.

Por un día voy a dejar aparcados los temas que tengo en el tintero y a invitaros a una caña virtual para compartir con vosotros algunos de los momentos estelares del backstage de mis viajes. La cerveza es importante: ya se sabe que en muchos casos las anécdotas solo son divertidas para el que las ha vivido. ¡El que avisa no es traidor!

Me hice pasar por sorda en Perú

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La vuelta al mundo estaba llegando a su fin. Eran mis últimos días en Lima y yo me sentía muy triste. No me apetecía pasear, ver monumentos ni hablar con nadie, pero pese a todo quedarme en el hostal hubiese sido una pérdida de tiempo, así que subí a un autobús para dar una vuelta por el casco histórico de la capital de Perú.

Durante el trayecto subieron varios vendedores de remedios mágicos, Biblias y enciclopedias que interactuaban con la gente a voz en grito. Por supuesto, tenía que tocarme a mí. Un vendedor me hizo una pregunta que ni siquiera escuché, y yo, que además de estar triste y no tener ni pizca de ganas de hablar, puedo ser extremadamente vergonzosa, me quedé bloqueada y opté por no responder, creyendo que así me dejaría en paz. Craso error: el vendedor volvió a insistir. Ante mi cara de póker me preguntó si era extranjera y no le entendía bien, y a mí no se me ocurrió otra cosa que mover la cabeza “a lo indio” (un gesto que no se sabe si quiere decir sí o no). A esas alturas ya era el centro de atención del autobús, pero la situación todavía podía empeorar.

El hombre, tenaz como pocos que haya conocido, decidió poner en práctica conmigo todos los idiomas que chapurreaba (inglés, francés, italiano…) y yo ya no sabía por dónde salir (¿Por qué no le respondí la primera vez? ¡¿Por qué?!). Cuando estaba a punto de abrir la boca, noté cómo su expresión cambiaba para, en un arrebato de lucidez, exclamar: “¡Eres sordomuda! ¡Lo siento!”. Y dirigiéndose al resto del vehículo: “¡Nuestra amiga es sordomuda, un aplauso para ella, por el rato que le hemos hecho pasar!”. Todos los pasajeros estallaron en risas y aplausos y yo me quise morir…. pero no lo negué. El remate a esa situación surrealista se dio minutos después cuando, olvidando lo ocurrido, pregunté a un chico cuál era la siguiente parada. Entonces fue el autobús al completo el que enmudeció.

No sé conducir una moto (y cuando lo intenté, casi me mato)

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No es que sea torpe en este aspecto: me manejo perfectamente con los vehículos de motor y a pedal; al menos, cuando ya sé cómo funcionan. Pero nunca nadie me ha enseñado a conducir una moto, ni mucho menos cómo controlar la estabilidad, y pensaba que no podía ser más difícil que conducir un coche… Ingenua de mí, no tiene nada que ver.

Estaba en Sapa, Vietnam, donde el mejor vehículo para acercarse hasta los arrozales y visitar las aldeas es la moto. Para ello acordé con dos chicos que iban a alquilar unas ir con ellos de paquete, y cuando ya llevábamos algunos kilómetros hechos, en unas carreteras al borde del abismo pero sin nada de tráfico, me pareció una excelente ocasión para estrenarme. Nadie puso ninguna objeción.

Fue rápido: ni siquiera llegamos a recorrer seis metros. Apenas hube apretado el acelerador, la moto salió desbocada y caímos hacia un lateral, quedando literalmente colgados del barranco, con la moto encima y la cabeza clavada en la tierra. Por suerte llevábamos casco y, aparte de algunas magulladuras y algo de sangre, ninguno sufrimos daños graves. Un metro más y quizá no lo hubiésemos contado.

(Quiero aprender… ¿Alguien se ofrece a enseñarme?)

Me parece haber visto un lindo caracolito…

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Tengo miedo a los caracoles. Ya está, ya lo he dicho. Más que miedo, un pánico patológico, auténtica fobia. Y cuando digo caracoles, incluyo también babosas y cualquier otro tipo de molusco gasterópodo, con concha o sin ella. PÁ-NI-CO: si veo uno de estos animales cerca me pongo muy nerviosa, y si el encuentro se da por sorpresa puedo sufrir una verdadera crisis, con su sensación de ahogo, taquicardia, llanto descontrolado y sudores en las palmas de las manos. Los caracoles, en su mucosa y nauseabunda pequeñez, son los únicos seres del mundo con capacidad para anularme y destruirme. Parece divertido, pero no lo es.

Sirvan estos antecedentes como introducción a uno de los momentos más dramáticos (y ridículos) que he protagonizado viajando, concretamente en Singapur, cuando me alojaba en casa de Kuni. Hasta ese momento mi viaje, en lo que al tema caracoril respecta, había ido sobre ruedas: en Asia no hay caracoles ni babosas, o eso creía yo porque no había tenido el disgusto de encontrarme con ninguno (y había estado en zonas montañosas, bosques y selvas, con lluvias y sin ellas).

Un día que había llovido mucho pasamos la tarde en casa, y al caer la noche decidí ir al centro comercial que había al otro lado de la calle para cenar en su food court. Salí del portal y, en el caminito hasta la verja de entrada a la urbanización, tenuemente iluminado por luces a ras de suelo, me pareció ver la silueta de unas piedras muy grandes. Pero no una, ni dos, ni tres: muchas. “Qué extraño”, pensé acercándome con decisión a una de ellas para ver qué era aquello que no estaba ahí horas atrás. Cuando me quise dar cuenta, los objetos misteriosos se revelaron como CARACOLES GIGANTES, y no exagero: en Singapur hay unos caracoles de tamaño mayor a dos puños juntos, con una gran concha en forma de espiral picuda y “cuerpo” (baboso, asqueroso) proporcional a la misma. Y yo estaba rodeada por decenas de ellos.

El resto de la historia lo recuerdo mal. Sé que quedé paralizada unos instantes y luego empecé a llorar y a chillar descontroladamente, sin atreverme a dar un paso en ninguna dirección, hasta que una mujer salió del portal espantada, pensando que me estaban atacando. Y luego otros dos chicos más, entre quienes me sacaron de ahí. No es necesario decir que esa noche me quedé sin cenar.

Originé una pelea en una celebración de abrazos

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Cuando estaba colaborando como voluntaria en Calcuta, la ciudad recibió la visita de Amma: una líder espiritual india internacionalmente conocida como “la santa de los abrazos”. Fueron muchos quienes acudieron a su encuentro, pero yo, que por norma suelo sentir curiosidad y un profundo interés hacia las corrientes espirituales de todo tipo, por una vez sentí cierto escepticismo (no sé… que me den un abrazo porque sí, transmitiéndome paz y todo eso, me parece algo forzado) y decidí mantenerme al margen, también por respeto hacia quienes sí creen en ello.

Al final fui para acompañar a un amigo. La carpa donde tenía lugar la celebración estaba a rebosar y la cola para recibir el amoroso abrazo de Amma daba la vuelta a todo el recinto. Acordé con mi amigo esperarle en la salida, pero los minutos pasaron y pasaron, hasta que ya no pude aguantar más y me puse en su búsqueda, tratando de acercarme lo más posible al escenario (siempre fuera de la cola) donde la gurú atendía a sus seguidores.

Debí hacer algo terrible porque, sin ninguna advertencia previa, un rubio platino que formaba parte de su séquito (y escolta) me dio un chillido que casi me deja sorda y un empujón que por poco me tira al suelo. Aunque quedé desconcertada por su trato (nada “amoroso”, en mi opinión), intenté mantener la calma y explicarle que estaba buscando a un amigo, y que en cuanto le localizase me iría por donde había venido. Pero el iluminado no solo no bajó el tono, sino que volvió a gritarme, llamando la atención de otra rubia vestida con túnica blanca, y entre los dos empezaron a empujarme como si fuese una delincuente.

Cuando las cosas se pusieron feas de verdad, mi primera reacción fue echarme a llorar (de pura impotencia y nerviosismo) pero viendo que no les conmovía lo más mínimo, y que además me estaban haciendo daño, finalmente exploté y terminé pegándoles yo a ellos, hasta que vinieron varias personas a separarnos, de las cuales dos lo habían visto todo y estaban claramente de mi parte. Así es la vida: una va con toda su buena intención (o, al menos, una intención “neutra” y respetuosa) a una celebración de los abrazos y el amor, y termina siendo víctima de un linchamiento. El súmmun de la ironía.

El que pudo ser mi último Blog Trip

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Esto nunca lo he contado porque son cosas que no se dicen, pero como estamos hablando de situaciones bochornosas en las que solo deseas que la tierra te trague, viene al caso. Además sirve para evidenciar que las grandes meteduras de pata no se cometen solo en los viajes de aventura con la mochila al hombro; un viaje de trabajo es una ocasión tan buena como cualquier otra para liarla parda.

Junio de 2012: Blog Trip a Noruega. Para quien no lo sepa, un Blog Trip es un viaje de prensa en el que participan bloggers, invitados por el destino para conocer sus mayores atractivos y hablar de ellos. Y un punto a tener muy claro: en estos viajes, al margen de que disfrutemos, los bloggers vamos a trabajar. Esa es la prioridad, y si hay algo que puedo decir abiertamente es que, a pesar de mis defectos (que tengo muchísimos), la irresponsabilidad no se encuentra entre ellos. Ni en el ámbito personal ni mucho menos en el profesional: cuando me comprometo a algo, doy el máximo posible de mí para cumplirlo y hacerlo bien.

Con estas premisas, en nuestro viaje a Noruega primó sobre todo el trabajo. Después de una agenda completa, todos los días llegábamos al hotel muy cansados, con las fuerzas justas para arrojarnos en los brazos de Morfeo y madrugar al día siguiente. Pero la última noche quisimos despedirnos de Olso de una forma especial, y tras la cena algunos de los bloggers salimos a conocer la marcha nocturna de la ciudad. Salimos, reímos, bebimos y lo pasamos bien, con la amenaza, eso sí, de que al día siguiente debíamos partir a las seis hacia el aeropuerto para tomar nuestro avión de regreso a España. Cuando llegamos al hotel serían más o menos las tres y media de la mañana y yo estaba agotada, de modo que decidí poner el despertador a las cinco para hacer la maleta. Menos de dos horas para dormir: aceptable. No sería la primera vez. De hecho, cuando estoy nerviosa me despierto sola mucho antes.

No en aquella ocasión. Caí en un sueño tan profundo que no solo no oí el despertador, sino tampoco las numerosas llamadas que me hicieron desde recepción. Ni tampoco los golpetazos en la puerta de mi habitación, hasta que ya era demasiado tarde. Cuando la abrí, aún medio dormida y debatiéndome entre el “¿Qué está pasando aquí?” y el “Ya lo sabes: la has liado”, me encontré las caras serias de dos de mis compañeros, quienes se limitaron a decir: “No podemos esperarte más: nos vamos. Intenta llegar al aeropuerto”.

Cómo conseguí hacer la maleta en dos minutos (lo tenía todo literalmente esparcido por la habitación) o de dónde saqué las fuerzas para correr como Flash y llegar a la estación antes de que saliese el tren en el que se había subido mi grupo, es algo que todavía no me puedo explicar. En situaciones extremas se desarrollan superpoderes, supongo. Y todos somos humanos y podemos meter la pata alguna vez, aunque no sea nuestra intención… Ahora bien: entonces pensé que aquel era mi último Blog Trip.

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Dado que algunos de los sucesos narrados en esta entrada tuvieron lugar hace años y, por razones que saltan a la vista, en aquellos momentos no hubo ocasión ni ganas de inmortalizarlos, para ilustrar estas historietas he elegido fotografías que más o menos corresponden a los días y el sitio en que sucedieron -excepto la de la moto, que está tomada camino del desierto de Thar-.

Podría seguir escupiendo anécdotas más o menos bochornosas, pero con éstas creo que es suficiente para romper el hielo y echar por tierra mi propia imagen de viajera… ¿experta y curtida? ¿Alguna vez la he tenido? No me dejéis sola, ¡confesad también vosotros vuestra cara B!

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79 comentarios en Cosas que nunca conté (las anécdotas más embarazosas de mis viajes)

  1. José Carlos DS 27 agosto, 2013 at 21:44 #

    Lo de los caracoles creo que va para estudio, comienzo a sentar las bases de que llamarse Carmen puede tener algo de relación con tener miedo a algún bicho “inofensivo” en mi caso mi chica tiene fobia a las avispas, que igual algo más de miedo dan, pero es ver o escuchar el zumbido de una y salir corriendo esté donde esté… xDDDD

    Lo de la moto tiene pinta de que le pegaste un buen chute de gas y se te fue de las manos, el secreto es darle con más suavidad y luego todo es como ir en bici. Lo de quedarse dormida y la fiesta he tenido recientemente historias similares con un amigo, llegando a tanto de que su compañero de habitación no pudo entrar al cuarto del hotel porque no le abría por más que insistimos :D

    Como dices estas anécdotas siempre salen a flote en un bar o en algún blogtrip mientras compartes compañía de otros viajeros, pero siempre está bien soltar alguna por el blog, al menos las que se puedan contar.

    Saludotes!

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 10:32 #

      Hombre, ¡las avispas atacan! algo más de justificación tiene :P

      Sí, evidentemente a la moto debí darle muy fuerte… pero esto no va a quedar aquí; tengo que aprender porque en Asia la moto es muy socorrida. Dentro de unos años publicaré un contra-post a éste, contando cómo superé todos estos miedos y meteduras de pata, jeje (bueno, los que tengan arreglo).

      Estas anécdotas es mucho más divertido contarlas entre cañas, pero cuando nos reunimos viajeros, si cada uno cuenta la suya… ¡no acabamos nunca!

      ¡Un abrazo!

  2. Martin 27 agosto, 2013 at 22:27 #

    Aeropuerto de Isla de Pascua, enero de 2009. Esperando que baje la gente del avión de LAN para poder subir al mismo y volver a Santiago de Chile. Súbitamente recuerdo que olvidé en el bungalow donde me había alojado por 5 noches mi cinturón secreto con todo el dinero para los tres meses de viaje que me faltaban por Chile, Bolivia, Perú y Ecuador. Salgo del aeropuerto corriendo (por suerte es bien chiquito) y me subo a un taxi a los gritos indicándole que me lleve rápido al establecimiento. No había nadie en la recepción ni en mi cabaña y la puerta estaba abierta. Entro y encuentro en el mismo lugar, bajo una frazada, mi plata. El taxista me lleva de nuevo rapidísimo hasta el aeropuerto, que se encuentra en pleno pueblo de Hanga Roa, a menos de un kilómetro del “centro”… hubiera sido una tragedia si me acordaba ya en pleno vuelo.

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 10:35 #

      ¡Vaya suerte tuviste, Martín! ¿Ya habías pasado los controles?

      De aeropuertos tengo también varias anécdotas… y pocas han sido de risa!

      ¡Un abrazo!

  3. criss 28 agosto, 2013 at 0:21 #

    jajajaja q bueno lo de la moto, me recuerda a cuando yo iba en la mitica runner de ruben (te acuerdas??) no tuve el valor nunca de cogerla, y a dia de hoy sigo yendo de paquete a todas partes si hay una moto x ahi

    en cuanto a la fobia creo q es comprensible tu reaccion , pues yo tengo la misma con las ratas, yo no lo puedo soportar…sobre todo las d alcantarilla, me imagino q tu x los paises q has estado seria d lo mas normal pasear junto a ellas x la calle, asi q x eso yo me pensaria dos veces el visitarlo…xq esq soy capaz de subirme encima d alguien si veo una!

    anda lo d la pelea tiene cierto aire comico x como lo cuentas, pero me imagino q te daria un poco de miedo o respeto en el momento, verte sola en una situacion asi y en otro idioma, y sobre todo con culturas q chocan tanto,
    te doy las gracias x contarlo xq siempre me he preguntado q cosas habras vivido q te lo hayan hecho pasar mal y como has salido del paso….
    a mi me atracaron en milano centrale y no es algo q suelo contar…pero la verdad q aprendi mucho de akella ocasion

    un besote!!

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 10:45 #

      Si tienes fobia a las ratas, procura no ir nunca al Templo de Karni Mata. No sé si llegaste a ver esa entrada, pero no he podido evitar pensar en ella cuando te he leído :P

      Los atracos en los aeropuertos y estaciones de tren de Italia debe ser tradición. A mí me robaron la cartera con 300 euros (todo lo que tenía para el mes) y la documentación (no veas qué lío para conseguir un salvoconducto que me permitiese volver a España para hacerme un nuevo pasaporte y DNI), a golpe de navaja en Milán-Malpensa!

      ¡Un besote!

      • criss 2 septiembre, 2013 at 17:39 #

        me acuerdo perfectamente de esa entrada del blog…de hecho tapé las fotos con la mano mientras leia el texto jajajajaja del asco q me daba!!!!

        eh….en milano centrale me robaron exactamente 300€ a mi tb a golpe d navaja…serian los mismos…

        TE ESPERO EN ITALIA!!!!!!!!

  4. Dany & María 28 agosto, 2013 at 4:18 #

    Jajajaja pero que risas nos hemos pegado leyéndote XD La que más nos ha gustado es la de Perú, lo de los caracoles es para mirarlo eh? jejeje! Un abrazo desde un motel de San Francisco ;)

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 10:48 #

      ¡Gracias, chicos! Me alegra haber conseguido sacaros una sonrisa :D ¡Seguid disfrutando ese súper viaje!

  5. Pau 28 agosto, 2013 at 10:00 #

    Jajajaja lo de la pelea me ha dejado a rombos Carmen, mira que liarla en una fiesta de abrazos :P

    Lo del blogtrip tampoco me lo habías contado, yo me tuve que ir al aeropuerto incluso antes que tú ;)

    Con lo de la moto me pasó algo parecido hace unos años, por eso mi pánico a todo lo que tenga ruedas.

    Muy divertido todo… ahora que ha pasado el tiempo y se han convertido en anécdotas.

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 10:49 #

      ¡Y yo que pensaba que tú estabas ahí! Ya te la contaré bien en persona, que aquí he tenido que resumirla mucho ;)

  6. Quique 28 agosto, 2013 at 10:25 #

    Grande Carmen! Estos son los posts que hacen crecer a un blog! Felicidades me he reído mucho! Y yo que te quería llevar por aquí a un restaurante que hacen unos caracoles que flipas! jaja va a ser que no…

    Por cierto, el otro día escuché un podcast de Iker Jimenez. Por lo visto se han visto humanoides por la carretera de Torrejon El Rubio… alucina… ahora lo entiendo todo, el pub Ibiza no existe, los tipos del cerdo asado no eran humanos, nos tajamos con una panda de aliens! :)

    Un abrazo!

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 10:53 #

      Jajaja, hace un par de días (cuando publiqué esto) estuve hablando con Dijuca precisamente del Pub Ibiza. Parece que nos hubieses leído la mente :P He tenido que leer de nuevo nuestros post… “había meado levantando una pata, como las burras”, jajajaja! Cada vez que pienso en el Pub Ibiza lloro :) ¡Tenemos que volver!

      ¡Un abrazo!

  7. vero4travel 28 agosto, 2013 at 11:08 #

    Muy buen artículo, historias muy diversas. Confieso que nunca me hice el sordo pero si es verdad que en alguna ocasión en el extranjero he llegado a estar realmente cansado que se dirigieran a mi en inglés o castellano, como comentas hay algunos lugares que agobian en exceso,o que en ese momento te apetece estar en una burbuja. así que me he echo pasar por chipriota, suerte que nadie me ha contestado ni en griego ni en turco. ¿Por qué Chipre? Por que si alguien habla en griego, puedes salir diciendo que eres turco y viceversa. Además en muchos lugares ni saben donde está :). #nomesientoorgulloso pero…. a veces #esnecesario .

    Saludos,
    Jesús
    Jesús.

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 11:00 #

      Jaja! Nunca se me habría ocurrido hacerme pasar por chipriota. ¡Mira que si te hacen hablar, en griego o en turco!

      Lo que sí he hecho, en India (concretamente en Jaipur, donde son más pesados) es inventarme un país y su idioma :P

      ¡Un saludo!

  8. David 28 agosto, 2013 at 12:10 #

    Qué grande Carmen!!! Me he pegado unas muy buenas risas y lo has contado con maestría! Un abrazo

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 11:02 #

      ¡Muchas gracias, David! Pensaba que por escrito no iba a ser capaz de transmitirlo, así que me alegro de que te haya hecho gracia :D

  9. Merak 28 agosto, 2013 at 12:51 #

    Menos la última, en la que imagino que lo pasarías tremendamente mal, me he reído con todas. Especialmente lo de hacerte la sorda. Mi consejo: aprende a decir “Wypierdalaj”, que significa “Vete a la M….” en polaco. Dudo mucho que los vendedores ambulantes sepan ese idioma.

    Jo, desgraciadamente no he viajado tanto para tener anécdotas de ese tipo. Bueno, esto no es bochornoso, pero a mí me hizo gracia porque pensé que no sería verdad. Tiempo ha un amigo me dijo que los ingleses (especialmente los londinenses) son muy suyos con la pronunciación de las calles. Pero que, extrañamente, para preguntar por “Oxford Circus” había que decir “Ajos Secos” con acento inglés. En esto que un par de años después fui a Londres a hacer un curso de inglés y la escuela estaba cerca de Oxford Circus… Santa Madonna, lo que me divertí preguntándole a un señor por dónde podía ir a pie a Ajos Secos… ¡¡y me entendió!! Así que ya sabéis.

    Ah, y en Roma me encontré a Chayanne. Era el viaje de fin de curso y estábamos en plaza Spagna molidos después de un día de pateo tremendo. En esto que se acerca el profesor y nos dice: “Chayanne está arriba de las escaleras. Tenéis cinco minutos para subir, sacarle una foto y bajar”. En dos segundos estábamos arriba. Pero iba con seguratas y no le pudimos sacar foto, así que bajamos compungidas para emprender la peregrinación al restaurante. Estábamos hablando mi amiga y yo cuando me da un manotazo en el brazo: “¡¡¡Ese es Chayanne!!! ¿¿¿Eres Chayanne???” En efecto, lo teníamos a dos metros. Él: “Eh… Sí.” “¡¡¡¡TENGO TU DISCO!!!!” Y le dimos dos besos. Fotos no, besos sí. Al menos no hicimos tanto el ridi como el resto del grupo, que se puso a cantarle a grito pelado una de sus canciones. Flipante.

    De momento eso es todo. Pero en un mes vuelvo a Alemania a trabajar, así que imagino que ahí me pasarán más cosas. ¡¡Escribe más entradas así, por favor!! Un abrazo,

    Cristina

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 11:07 #

      ¡Muy buenas anécdotas, Cristina! (lo de los Ajos Secos me lo apunto) Y las mejores seguro que están por venir, ¡no me quiero imaginar el pie que tiene que dar el alemán a todo tipo de confusiones!

      ¡Mucha suerte allí y si te ocurre algo gracioso pásate por aquí para compartirlo! Yo iré pensando alguna más ;)

      ¡Un abrazo!

  10. Avistu 28 agosto, 2013 at 14:00 #

    Muy buen post, debe costar sacar esas vergüenzas propias y compartirlas con el mundo :)

    Yo sólo voy a soltar dos (¡eh! ¡es un comentario, no un post!): le di un golpe a una moto acuática en Tailandia y la broma me salió por una pasta y…en mi primer viaje en solitario fuera de Europa, a Perú, nada más bajarme del avión me timó por todo lo alto un taxista. Que rabia me da recordarlo.

    Enhorabuena de nuevo ;)

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 11:09 #

      Bueeeeno, lo del taxista no es para tanto, ¿eh? ¡Anda que no te habrán timado más veces! Al menos, a mí de vez en cuando me toca :P

      ¿Moto acuática en Tailandia? Eso no me lo habías contado, ¿dónde lo hiciste?

      ¡Un abrazo!

  11. ale de Viajar Cueste lo que Cueste 28 agosto, 2013 at 14:07 #

    estan bien las anecdotas, pero lo de la pelea … no te imagino pegandote con ellos,,, habiendo tanta gente en tu contra eso da miedooo abrazo viajero

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 11:14 #

      Tampoco te imagines una pelea “a muerte” ;) Más bien terminamos un poco enzarzados, a empujones… Nada agradable. Debió ser cosa de minuto y medio (hasta que vinieron a separarnos), pero con toda la gente mirando se me hizo eterno :S

  12. petaqui 28 agosto, 2013 at 14:57 #

    jajaj menudo rato de risas y de quedarme alucinado que llevo…espectaculares historias xD

  13. Dharma 28 agosto, 2013 at 17:46 #

    Buenísima la anécdota de Perú!!

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 11:15 #

      Y eso que escrita es difícil de explicar. De las situaciones más surrealistas de mi vida, te lo aseguro!

  14. viviana 28 agosto, 2013 at 20:40 #

    Que risa! muy divertidas tus anécdotas!

    En cuanto a las caracoles te puedo decir que yo saldría corriendo, ya de ver insectos me da escalofríos quedo todo un dia perseguida alucinando con eso,

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 11:16 #

      Alucinada me quedé yo después del susto. ¡Gigantes eran!

  15. Tony Lebowski 28 agosto, 2013 at 22:09 #

    Muy buenas anécdotas, pechá reir :)

  16. Gracia 28 agosto, 2013 at 23:25 #

    jajjajaja…muy buena la entrada!!! Y también muy valiente por escribir y compartir algunas de esas anécdotas. La verdad que muchas veces, como tu dices, no contamos cosas durante el viaje por no preocupar a los que se quedan y otras por no parecer demasiado imprudentes, pero parece que a veces es inevitable que formen parte de los viajes,no? ;-)
    Pequeñas o grandes vivencias de las que nos reímos a posteriori y guardamos con recelo hasta que estamos suficientemente preparadas para contarlas en voz bien alta.
    Ha sido muy divertida!!! Espero una entrega más …jajajja

    Un saludo

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 11:22 #

      ¡Muchas gracias! Lo has explicado muy bien. También muchas veces nos guardamos cosas por falta de espacio o tiempo (mis entradas suelen ser muy largas de por sí, no puedo contarlo todo), y luego parece que descontextualizadas ya no vienen a cuento, pero visto el éxito probablemente haga alguna recopilación más :)

      ¡Un saludo!

  17. Segunda vez que te leo hoy. ¿Aquí no dan premios por asiduidad? ;)

    Me ha encantado el post. No sólo por las anécdotas, que son geniales, sino porque dejas claro que quien está detrás de la pantalla es igual de humana que cualquier otra persona. Y eso te acerca todavía más a quienes te leemos.

    La de los abrazos es curiosa, la ironía en estado puro.

    Y bueno, como si esto fuera la fiesta del agua, ya que te mojas tú, también lo hago yo. Aquí van algunas de las mías:

    – Una vez, conduciendo por una zona bastante verde, maté sin querer un milano.

    – Sentí fuegos artificiales en el estómago como nunca antes en mi vida en el mismo instante que ingerí una samosa con a saber qué en India. Tan inmediato fue el efecto que, en mitad de la calle, debí bajarme los pantalones y satisfacer a mi vientre. Descubrí que a veinte metros, otro chico hacía lo mismo. Debí limpiarme con una hoja del cuaderno que usaba como diario.

    – Una vez, teniendo poco dinero para pagar, me ofrecieron hacerlo con alguna prenda. Acepté encantado. Abrí mi mochila, y acabé usando como moneda ropa interior.

    Y bueno, aquí acabo, que si no escribo yo otro post al final.

    ¡A seguir así! :)

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 11:27 #

      ¿Premios por asiduidad? Solo habría un ganador, y yo terminaría arruinada ;)

      No me puedo creer que matases a un milano y lo cuentes con esa despreocupación… ¡Avergonzado deberías estar, asesino de milanos!

      La de la samosa me la habías contado, y si trato de imaginar la situación no sé si reír o morir de vergüenza ajena. Yo tengo una parecida (que también te he contado) pero la tuya es insuperable… Bueno, miento: conozco a un tipo que tuvo no-se-qué experiencia mística con un intestino.. algún día os presento.

      ¡Un abrazo!

  18. Aristofennes 29 agosto, 2013 at 11:56 #

    Hola,

    es la primera vez que escucho a alguien tener fobia a los caracoles? jeje , muy divertido el post.

    Lo peor que me ha pasado es ir a una reunión de bloggers ingleses sin hablar inglés. Entonces me dediqué a reír de los comentarios de los cuales todos reían pero que yo obviamente no entendía ;-)

    moraleja del asunto, estoy en curso intensivo : English lesson 1

    Un abrazo

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 11:29 #

      Jajaja, ¡mira que ir por ahí sin chapurrear inglés! De todo se saca algo bueno ;) ¡Suerte con el curso!

  19. David Y Neus 29 agosto, 2013 at 13:07 #

    Hola,

    Que buenas anecdotas y que valiente has sido en contarlas. A nosotros a veces nos pasan cosas y nos da vergüenza explicarlas. Me uno a la peticion de una segunda entrega, esta vez de anecdotas quizás no tan embarazosas ;)

    Saludos

    • Carmen 30 agosto, 2013 at 11:31 #

      ¡Fuera vergüenzas! Queda visto que estas cosas gustan, y todos tenemos nuestras cositas para contar, son la salsilla de los viajes ;)

      Habrá segunda entrega, pero cuando esté preparada para ello :P

      ¡Un saludo!

  20. Victor 30 agosto, 2013 at 12:39 #

    Jajajajajajajajajaja Todos somos humanos!!! pero no todos lo cuentan. Me ha gustado mucho el artículo y ya bien podríamos quedar una tarde para seguir charlando de estas cosas.

    Un abrazo!!

    • Carmen 5 septiembre, 2013 at 17:51 #

      ¡No sabes las ganas que tengo de quedar y tomarnos unas cañas! Antes de que me vaya pasaré por Madrid, ¡ya avisaré!

      ¡Un abrazo!

  21. Iván 31 agosto, 2013 at 14:07 #

    Y siempre habrá una cara C o D :) . Lo de la moto no eres la única a la que le han pasado cosas así por Asia. Con respecto a salir de fiesta y llegar in extremis es algo que va con el viaje. Bien por humanizar esos viajes Carmen , parece claro que a posteriori todo eso se ve diferente que en el momento cuando uno está in situ en el lugar :)

    • Carmen 5 septiembre, 2013 at 17:53 #

      Tú lo has dicho, Iván. Hay que dejar que pase un tiempo para ver las cosas con perspectiva y atreverse a hacerlas públicas (o “muy” públicas, como es el caso).

      Historias de motos en Asia sé que hay para aburrir… Yo de momento solo tengo esa, ¡pero porque nadie me ha vuelto a dejar conducir una!

      ¡Un abrazo!

  22. pak 4 septiembre, 2013 at 16:20 #

    Lo de los caracoles lo siento pero es que no puedo parar de reir… y más conociendo tus ataques de histeria como el del caracol volador que te atacó en Ortigueira por unos instantes, jajajajaajaj. Perdón, perdón, jajaja.

    La siguiente mejor es la del tal Antonio y un milano… jajajajaajaj.

    Yo no tengo historias bochornosas que soy muy soso viajando :p

    • Carmen 5 septiembre, 2013 at 17:56 #

      ¿Y ahora qué te comento yo a ti? “Nanana nara narana…” Esa historia del caracol volador no me suena nada, pero nada ¿eh? ¡Creo que estuviste en Ortigueira con otras personas!

      Aburrido viajando…. ya :P

  23. AnaM 4 septiembre, 2013 at 17:50 #

    Pues yo en Tailandia, específicamente en Sukhothai, vi a esos caracoles o a unos parientes suyos. Iba yo con la bici paseando tranquilamente por el parque histórico de la ciudad cuando de repente miro al suelo y veo una roca… no, un momento ¡es un caracol mutante! No me dio tiempo a girar lo suficientemente rápido y lo atropellé. Se oyó el crujido de la cáscara al romperse. Me sentí fatal -yo soy muy de no matar ni a una mosca- pero aluciné al pensar que aquello era un caracol. Era del tamaño de puño o más. Ahí se quedó todo y no bajé a “auxiliarlo” ya que no hubiera sido capaz ni de tocarlo con un palo. Miedo no, pero asco me dan un poco -y con esos tamaños ni te cuento- y mucho más las babosas o las lombrices!!! Argghhh…. te comprendo.

    • Carmen 5 septiembre, 2013 at 17:57 #

      ¡¡Cómo me alegro de que alguien pueda corroborar mi historia!! Qué horror, los caracoles mutantes… Lo peor es la mala noticia que viene ligada a tu comentario: ¡En Tailandia también hay! Yo que me sentía tan segura viajando por ahí… Tendré que andar con mil ojos a partir de ahora!

      ¡Un abrazo!

  24. Moni 6 septiembre, 2013 at 15:05 #

    Jajaja, que graciosas, me encantó la de la sordomuda en Perú, me río sola frente al monitor, besos!

  25. Sonia - La Zapatilla 9 septiembre, 2013 at 12:53 #

    Me ha encantado tomarme una caña virtual contigo, las anécdotas de viaje (aunque a veces bochornosas) son las que hacen los mejores recuerdos! Lo mejor lo de hacerter pasar por sordomuda, sin duda! jajajaj. Lo de los caracoles, no lo he visto en la vida pero creo que yo también me hubiera quedado petrificada. Vale, que no tengo fobia a los caracoles, pero las babosas ya me dan un nosequé y caracoles de dos puños de tamaño?? No me lo quiero ni imaginar… :-)

    A ver si me animo a escribir un día sobre mis anécdotas viajeras, seguro que si empiezo a revolver en la memoria me salen muchas. Con lo torpe que soy algunas veces no es para menos… jaja :))

    Un abrazo,
    Sonia.

    • Carmen 14 septiembre, 2013 at 12:45 #

      ¡Hola Sonia!

      Todos deberíamos escribir de vez en cuando un post con nuestras anécdotas más bizarras. Nos reiríamos mucho :D

      Sobre las babosas, recuerdo una vez que estaba viendo la segunda edición de Pekín Express y a los concursantes, en Hong Kong, les hicieron pasar una prueba consistente en comer una BABOSA GIGANTE (lo peor es que creo que estaba viva) entre otras delicias gastronómicas. Casi me muero.

      ¡Un abrazo!

  26. Mochileando por el mundo 11 septiembre, 2013 at 17:09 #

    Jajaja que buenissssima entrada, ya la leí como 5 veces :-)
    Estoy indecidida entre lo del caracol, lo de la “pelea” y el hacerte sorda jaja
    que bueno! Yo a veces cuando vuelvo a mi casa en italia si alguien es demasiado pesado en el tren/avion/estacion (sabes que hay algun italiano MUY pesado no??) hago como que no entiendo, que no soy italiana… :-)

    • Carmen 14 septiembre, 2013 at 12:48 #

      Jaja, los italianos pueden ser muy pesados, pero tienen su gracia! Al menos a mí me gustan mucho :)

      Me pasa como con los indios, que también son unos brasas (y muchas cosas más) pero me caen tan bien que tiendo a perdonarles todos los defectos.

      ¡Un abrazo!

  27. Pedrillo 20 octubre, 2013 at 2:51 #

    ¡Hola, Carmen! Soy uno de tus admiradores, ya te comenté otras entradas. :)

    Bueno, bueno, bueno… ¿cómo empezar a comentar la entrada? Yo nunca me he hecho el sordo, pero en Marruecos sí que llegué a ponerme a gritar en medio de la calle mandando a la mierda a los moscones hasta en arameo… La gente me miraba asombrada, y eso que los marroquíes no son precisamente discretos. No me siento orgulloso, más bien me avergüenza haber perdido así los estribos, pero es que eran tan sumamente pesados… Menudo puntazo que se te olvidara todo y preguntar al conductor, ¡hubiera pagado por verles la cara a ellos! Y encima tú estarías tan ancha… :)

    Eres la primera persona de la que sé que teme a los caracoles. A mí me resultan más bien simpáticos, aunque te reconozco que las babosas me dan asquillo… De todos modos, son superlentos, mujer, al menos sabes que no te pueden perseguir… :) Yo a lo que le tengo auténtico pánico y asco es a las cucarachas… Las ratas ya me dan mucho respeto, pero con las cucarachas puede darme hasta un infarto… Siempre que vamos de viaje y aparece alguna en el hotel/hostal (qué se le va a hacer, gajes del mochilero) mi novio tiene que matarla porque yo me subo por las paredes, las cortinas y hasta encima del armario y me niego rotundamente a dormir hasta que esa cucaracha haya desaparecido de la faz de la Tierra (un comportamiento muy poco viril, lo sé, acentuado por los aspavientos en plan niña del exorcista). Recuerdo que en Praga se hizo realidad mi peor pesadilla… Estábamos en un hotel de las afueras (en aquella ocasión iba con un viaje organizado para jóvenes de mi comunidad) y la gente propuso salir a los jardines a tomar algo y tal… ¡TODO ESTABA LLENO DE CUCARACHAS VOLADORAS! Revoloteaban, saltaban y correteaban por todas partes. ¡Espantoso! Huelga decir que me negué rotundamente a salir a aquel jardín plagado de insectos infernales, asquerosos y… ¡puaj! Es que si se me llega a posar alguna me pongo a chillar, te lo juro. XD

    Otra anécdota que no es viajera, sino de Erasmus, tuvo lugar en una fiesta. Estábamos varios hablando en grupo. Había algún que otro español, francés, irlandés… y una japonesa… Entonces empecé a contarle una historia a la japonesa, que aparentemente ella ya conocía y yo no recordaba que nadie le hubiera contado (estaría algo achispado), porque mi novio dijo “She knows, she knows…”. En aquel momento yo me volví hacia él y con todo mi poderío le solté “No, she is JAPANESE!” Las carcajadas de los demás españoles aún resuenan en mis oídos y el recuerdo me hace enrojecer… XDDDDDDDD

    • Carmen 19 noviembre, 2013 at 11:15 #

      ¡Hola Pedro!

      En primer lugar, perdona por tardar tanto en responder. Estos primeros días de viaje apenas he tenido conexión, y aunque me llegó tu comentario al email (y me reí muchísimo), no he podido contestar hasta ahora.

      En fin, ¡menudo comentario me has dejado! Me ha encantado, de verdad, ¡casi podrías haber escrito tú otro post! ;)

      Lo de la fobia a las cucarachas, como a las arañas, es una verdadera faena… Están en todas partes. Sobre todo, como dices tú, si viajas de mochilero. ¡Qué se le va a hacer!

      En cuanto a tu episodio en Marruecos, te entiendo. Por muchos que uno quiera contenerse, hay veces que el vaso se desborda!

      Lo que no termino de pillar es la anécdota de la japonesa(!) ¿Será que necesito estar achispada yo? jajaja

      ¡Un abrazo, y espero leerte más a menudo por aquí!

      Editado: ¡Creo que lo he pillado! (o al menos le he dado mi propia interpretación) Voy con efectos retardados, jaja!

    • Rodi G 8 enero, 2014 at 11:26 #

      Lo de los moscones en Marruecos es tremendo. En algún viaje en grupo, hemos optado por contratar a un guia local que nos acompañe para evitar estas situaciones de los 1000 oportunistas revoloteando.

  28. Rodi G 16 diciembre, 2013 at 12:48 #

    Curiosas anécdotas, especialmente la del autobús.

    Respecto a la del blogtrip, en una ocasión también me quedé dormido y llegué al aeropuerto una hora tarde, por problemas en el avion todavía no había despegado y me permitieron embarcar… increible!

    • Carmen 16 diciembre, 2013 at 19:12 #

      ¡Vaya suerte tuviste!

      • Rodi G 8 enero, 2014 at 11:21 #

        Ni te imaginas. Cuando lo cuento hasta a mi me cuesta creerlo porque verdaderamente ya daba el vuelo por perdido.
        Son cosas del azar porque en otras ocasiones llegas 2 minutos tarde y ya tienen cerrada la facturación.
        Seguro que más de una vez habrás perdido algún vuelo en similares situaciones :-(

        • Carmen 11 enero, 2014 at 8:45 #

          No, pero he estado a puntito…. y no hace mucho!

          • Rodi G 17 enero, 2014 at 14:17 #

            yo siempre intento ir con tiempo pero al final por unas cosas o por otras se me echa el tiempo encima y muchas veces llego a facturar en el último minuto.

  29. Nadia 9 enero, 2014 at 10:42 #

    Lo cierto es que en los viajes pasan cosas increíbles. Yo recuerdo en pleno aeropuerto de Londres tener que colarme por todos los controles para coger el avión. Hubo un atasco de narices para llegar a Stansted y casi pierdo el vuelo por haberme quedado más de la cuenta en Notting Hill. La verdad es que por suerte la gente entendió que algo pasaba y me dejaron adelantarme sin problemas.

    • Carmen 11 enero, 2014 at 8:54 #

      Jeje, seguro que entre todos podríamos escribir un post solo de anécdotas en aeropuertos. ¡Un saludo!

  30. Valeria 20 enero, 2014 at 23:53 #

    Uy! Definitivamente una experiencia con la que me identifico es la de hacerse pasar por muda, sordomuda, o alguna característica similar. Definitivamente, de manera intencional o no, es algo que me identifica. Digo de manera intencional, porque a veces, después de algunas experiencias en las cuales amigas o co-viajeros me identifican como tal, he descubierto que a veces con lenguaje de señas me manejo mejor…

    Pudiera ser mejor una seña universal que intentar abrir la boca y en un tartamudeo curioso perder totalmente el sentido de lo que intentaba decir.

    Y vaya, ni que decirte de esos problemas al estar frente a un agente de inmigración en estados unidos… más que simplemente embarazoso, eso es casi casi ciertamente peligroso! Uy! eso da mas miedo, no crees?

  31. Ramonchu 10 abril, 2014 at 21:12 #

    Tienes anécdotas para parar un tren.
    Es normal viajando tanto. A mi en su día también me ocurria.

  32. Carolina 7 mayo, 2014 at 23:30 #

    Hola: te encontré por casualidad y me gustó tu blog. Me dio mucha risa leer tus anécdotas. Yo tb tengo varias y pienso que son la mejor parte de la aventura de viajar.
    ¡Muchos saludos desde Moscú!

  33. Roci 10 febrero, 2015 at 22:39 #

    Lo que me pude reir… ja ja.

    Si es que lo que no le pasa a una viajando no le pasa nunca.

    Viajar es fantástico, acabas aprendiendo tantas cosas… je je.

    • E. Conomia 21 agosto, 2015 at 10:39 #

      De ahí viene la expresión tener mundo…. Ja ja

  34. Vic 10 febrero, 2015 at 22:43 #

    A mi me pasó en Turín también una anécdota para el recuerdo. Entré en uno de los palazzos tan espectaculares que decoran sus calles, y cuando me vieron asumieron que no sería capaz de seguir al guía en italiano, así que me pusieron uno para mí sola…¡que me dejaba tocar las cosas porque debía pensar que sino no me enteraría de nada! Así que no hubo cordón de seguridad que se resistiera. Además, me subió por todo el edificio a través de ascensores ocultos en las paredes paseando como nunca por un monumento como ese. Cuando me dejó ya al finalizar la visita….¡el palazzo había cerrado!! Y en busca del buen samaritano para que me abriera la puerta. Una odisea.

    • Roci 16 febrero, 2015 at 20:20 #

      Un poco más y disfrutas de alojamiento free en Turín.

      • Vic 16 febrero, 2015 at 22:09 #

        Pues casi, poco faltó. Lo cierto es que recordando el otro día… en el metro de París, aburridos de que cada vez que preguntaran de dónde éramos y nos hablaran del Madrid o del Barça, se nos acercó un señor y le dijimos que éramos de Guadalajara….y nos dijo…uy, la sierra está ardiendo!! Así nos enteramos del incendio que hubo en la zona … tremendo.

  35. Nano 23 marzo, 2015 at 17:46 #

    Esto….. ¿alguien acabó en comisaria por viajar sin billete de metro en Alemania y luego se dio cuenta de que tenía un bono de 10 en el bolsillo?

    conozco un caso, muy cercano… vamos, vivido en primera persona!

    • lolo 17 diciembre, 2015 at 14:29 #

      caso curioso, sí. La policía en según que países es mejor evitarla.

  36. Vic 21 agosto, 2015 at 10:53 #

    Hoy me acordé de este post. Cuando leí lo de los caracoles, inmediatamente me vino a la cabeza mi fobia por los reptiles. Bueno, pues en uno de mis últimos viajes, una pequeña bicha (no puedo ni mencionarla) se hizo visible en un camino por el campo. Me dio tal ataque de ansiedad que aún no sé ni cómo puedo contarlo…los de mi alrededor alucinaban con la reacción, pero qué queréis, la fobia es la fobia

  37. Hoteles en Santa Marta 6 octubre, 2015 at 5:00 #

    Gran trabajo el que nos compartes, un gusto visitarte.

  38. Viajes por el mundo 5 febrero, 2016 at 18:24 #

    Que gracia, detalles así son los que te hacen recordar grandes viajes.

  39. Jimmy Ramirez 21 abril, 2016 at 23:16 #

    Hace años en New York City. Salimos desde un apto. en Queens, abordamos el metro y super elegantes nos dirijimos a manhattan buscando la discoteca Studio 54. Era noviembre y hacía mucho frío. Las chicas lucían cortas minifaldas y elegantes chaquetas de piel de armiño. Y estaban trepadas en altos tacones. Los chicos vestíamos como Travolta en “saturday night fever”. Eramos jovenes y nos sentíamos como artistas de cine. Llegamos al sitio, hicimos la larga fila y cuando intentamos comprar la taquilla, el Bouncer (portero) nos impidió la entrada. Porqué, pues porque le dió la gana. Hizo pasar un grupo de gente mal vestida y a todas luces borrachos. Le preguntamos al moreno la razón de no dejarnos entrar y contestó: “Porque a mí no me da la gana.” De modo que dimos media vuelta y desconsolados volvimos a la estación del tren. La estación estaba desierta. Al rato apareció nuestro tren. Estaba lleno de gente. Mucho afroamericano, borrachos y adictos. También cantidad de travestis. Nos miraban muy mal. Nosotros núnca habíamos visto tanta gente fea junta.Luego de la segunda estación el tren se detuvo de momento. Y se apagaron la luces. Pasaron como 20 eternos minutos y nos hicieron salir del tren por el borde de la pared del tunel. Estaba húmeda y viscosa y todo muy oscuro. Cantidad de ratas enormes nos pasaban por los pies. Cuando logramos salir a la calle, íbamos sin prendas y nos habían robado las carteras. Tuvimos que defendernos todos, de los toqueteos y avances sexuales de los pasajeros. Logramos llegar a pie al apto. Aterrados. Cuando pudimos conciliar el sueño: Un estruendo en la sala. Una chica grito: Nos están atacando por ser hispanos. Este es un barrio de mafiosos italianos!. Prendimos la luz. Un enorme cuadro se había caído de la pared.

  40. Luis Goros 6 abril, 2017 at 23:24 #

    Una vez fui a Costa Rica por un intercambio estudiantil, y me asaltaron con arma de fuego, me quitaron mi pasaporte, mi dinero mi tarjeta, que odisea para recuperarla, y aun asi sin sello me fui a Panama, ahora me da risa, son anecdotas inolvidables, como cuando igual en Costa Rica casi me muelen a golpes en un estadio de futbol y muchas anecdotas bellas jajaja… saludos, ojala algun dia visites Mexico un abrazo.

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