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Desventuras de una vegetariana en Filipinas

¿Puede la alimentación enturbiar tu experiencia en un país hasta el punto de querer salir de él lo antes posible?

El día antes de volar a Filipinas, mis amigos Jaac y Sara (saltaconmigo.com), me dijeron: “Sabes que allí vas a tener problemas, ¿verdad? Una amiga nuestra, vegetariana, tuvo que adelantar su salida DOS semanas, desesperada porque no encontraba nada para comer”. En aquel momento me reí. ¡Vamos, hombre! ¡Acababa de llegar de Irán! Si allí no solo había salido del paso, sino que además había ganado un par de kilos, muy pobre tenía que ser el panorama culinario de Filipinas para hacérmelo pasar mal. 

Viajar (o el simple hecho de comer fuera de casa) siendo vegetariano no es fácil. Exceptuando países como India, pocos lugares hay donde los vegetales tengan un papel principal en la mesa frente a los productos de origen animal. Por ello he aprendido a conformarme y a ser flexible, y si bien en casa sigo una dieta estrictamente vegana (“yo me lo guiso, yo me lo como”, como se suele decir), cuando viajo no tengo inconveniente en hacer excepciones, con los lácteos fundamentalmente (incluso en India es difícil encontrar una receta que no haya sido cocinada con ghee o paneer) y con el huevo si no lo puedo evitar. No soy una integrista del veganismo: actúo conforme a mis principios siempre que puedo y, cuando las opciones se reducen, procuro disfrutar de lo que hay haciendo el menor daño posible, y pensar que la próxima vez será mejor.

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[Comiendo “kuku” en Irán. El kuku es una especie de tortilla hecha con calabacín, habas, berenjena, patata… o espinacas, como este “kuku babzi”. Otros platos iraníes aptos para vegetarianos serían el “kashk-e bademjan” o el “mirza ghassemi”.]

Dada mi capacidad de adaptación, a pesar de la advertencia de mis amigos, jamás pensé en Filipinas como una “amenaza”. Por otra parte, ¡estábamos hablando del Sudeste Asiático! Reino del arroz, vegetales de todos los colores y, además, barato. Malo sería no encontrar un poco de arroz con verduras, o al menos una ensalada… ¡JA! No tenía ni idea de que este archipiélago, en el aspecto cultural, es muy diferente al resto de países que englobamos en esa zona de Asia. Y en lo que a gastronomía se refiere, todavía más.

Filipinas: no es país para vegetarianos

Empecemos por el principio: si eres vegetariano y vas a viajar a Filipinas, debes tener muy presente que los filipinos no conciben un plato si no lleva animal. No es una exageración: TODOS los platos llevan carne (y cuando no, pescado, o los dos a la vez) de una u otra forma, en el desayuno, a media mañana, en la comida, en la merienda y en la cena. Carne a todas horas, carne “seis veces al día” (desconozco cuál es la sexta), como me dijo un filipino de los muchos a quienes pregunté.

Mi  primera reacción, cuando empecé a ser consciente de ello, fue la negación. ¡Nadie puede comer tanta carne! ¡No es bueno para la salud! (Resulta toda una ironía pensar esto en el país del pollo frito y el fast food, pero esto entonces todavía no lo sabía). Tenía que haber otras opciones, y YO las iba a encontrar (superheroína en acción). Así que mi estrategia inicial fue la misma que aplico en todas partes, incluido mi propio país, desde que decidí prescindir de los alimentos de origen animal: “Será cuestión de pedirlo ‘sin'”, me dije“Comer vegetales es más barato, así que en un país con una distribución de la riqueza tan desigual, seguro que no es difícil encontrar alternativas”. Pero, como enseguida descubriría, lo es.

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[A simple nadie lo diría. Vegetales, “haberlos, haylos”.]

Lo es, y tiene una explicación muy sencilla (aunque yo tardase dos meses en interiorizarla): los Filipinos adoran la carne hasta el punto de que una comida sin ésta se considera “pobre” (hasta ahí, nada fuera de lo normal). Y a muy pocos les sobra el dinero para gastarlo en cualquier cosa. De modo que, si van a comer en la calle, no va a ser un plato de verduras “solas y desangeladas”, que además no son santo de su devoción. ¡Para eso se quedan en casa, que cuesta mucho más barato! Si sales, en cierta manera es para darte un gustazo, para socializar. Los cinturones se aprietan en la intimidad.

Y, de hecho, así es. Mientras en restaurantes y puestos callejeros es casi imposible encontrar un plato de legumbres o verduras solas, porque simplemente no hay demanda, a lo largo de aquellos dos meses tuve ocasión de comprobar que el consumo de carne en los hogares más humildes es mucho menor. Las contadas ocasiones en las que comí bien durante ese viaje (al margen de las pocas que acudimos a algún restaurante “para turistas”, más por necesidad que por capricho), fueron siempre cuando nos invitaron a alguna casa, como por ejemplo en las aldeas de la región de Cordillera, donde tanto por economía como por cultura (estando ambas estrechamente entrelazadas) sus habitantes comen muchas más verduras y legumbres, y en mucha menor medida productos de origen animal.

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[Invitados en una aldeita de la región de Cordillera. Probablemente nuestros anfitriones se sintieran avergonzados de no poder ofrecernos algo mejor, mientras que yo vi el cielo abierto.]

… y tampoco para gourmets.

Al margen de dietas específicas, creo que es un hecho irrebatible que el panorama culinario de Filipinas deja bastante que desear. Llegamos a este punto, entenderé que alguien interprete mi opinión como sesgada debido a mi condición, pero no soy la única en afirmarlo: he hablado con muchas personas que adoran Filipinas, sus paisajes, su cultura, sus playas y sus gentes, y casi todos admiten que lo que sale de sus fogones es un aspecto a olvidar. Sin ir más lejos, los chicos de marcandoelpolo.com dedicaron esta entrada a la gastronomía filipina, y su criterio coincide con el mío: “algo falla en las cocinas de ese país”. De su lista “10 cosas que odio de ti, Filipinas”, dos están relacionadas con la comida: las karenderías y “tu carnívoro menú”. Dos de diez, no está mal.

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Así que, aunque cueste creerlo, cuando afirmo que la gastronomía filipina no es precisamente buena, lo hago dejando a un lado mi perspectiva vegetariana. Hasta hace tres años comía de todo y tengo criterio para opinar. De acuerdo: aceptamos carne seis veces al día, ¡pero qué carne! Para empezar, los filipinos se pirran por la comida rápida y las fritangas en todas sus variantes, dándose en las ciudades un panorama verdaderamente desolador: con Jollibee a la cabeza (cadena de origen filipino), Chowking, McDonald’s o Burger King representan la máxima aspiración de los filipinos a la hora de comer fuera, aunque pocos se lo pueden permitir. Para quienes no pueden, están los locales de pollo frito y las carenderías.

Las carenderías (o carinderías, karinderías… cada uno lo escribe de una forma) son pequeños locales donde se sirve comida barata, ya preparada, dispuesta en ollas o bandejas que ofrecen una amplia variedad de platos como el lechón, la longanissa, y diferentes guisos que tienen los sesos, intestinos, oreja, hígado, riñones… como ingredientes principales. Por supuesto, para gustos están los colores y habrá a quien le encante la casquería. ¡Si todavía estuviese bien hecha! Pero no lo está. Siendo las carenderías lugares donde se va a llenar el estómago por muy poco dinero (los precios son verdaderamente ridículos), los platos parecen haber sido cocinados hace horas, sin ninguna gracia, llegando a la mesa casi siempre fríos.

Y qué decir del arroz. ¡Por favor! ¿Qué le pasa al arroz en este país? Filipinas está sembrado de arrozales en toda su extensión. El arroz, como en el resto de Asia, es la base de su alimentación. Lo comen con todo. ¿Tan difícil es hacerlo bien? Debe serlo, porque no hubo vez (salvo en las casas particulares, donde sí cocinan bien) que no nos sirvieran una masa pastosa e insípida que costaba tragar.

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En busca del vegetal perdido

Dicho lo dicho, mi viaje en Filipinas fue una yincana. Convencida como estaba de que en algún lado encontraría verduras, no perdí la esperanza, y en cada nueva carendería analizaba cual posesa todas las ollas y bandejas, segura de que en una de cada veinte tenía que haber un plato sin carne. Sin duda, ese fue mi gran fallo: convertirlo en una apuesta personal que en algún momento tendría que ganar. Porque muy pocas veces gané.

En las carenderías, por lo general, nunca. Como he dicho, no hay opciones porque sencillamente no hay demanda: nadie quiere gastar su dinero en un plato de vegetales solos. A veces encontraba uno que lo parecía, un guiso verde en todo su esplendor (judías, brotes de soja…), y pasado el momento de euforia inicial descubría que también llevaba intestinos o hígado, o que había sido cocinado con estos, quedando los restos de grasa y algunos trocitos flotando sobre el aceite.

Hasta qué punto llegará el aborrecimiento de los filipinos hacia los vegetales, que ni siquiera los McDonald’s cuentan con ensalada entre sus opciones. Sé que decir “McDonald’s” y “ensalada” en la misma frase parece un despropósito, pero todos sabemos que es una opción que, por defecto, esta cadena de comida rápida ofrece en sus locales. En Filipinas no. Es decir, aparece en el menú (lo sé porque en mi búsqueda del “vegetal perdido” entré en MUCHOS McDonald’s), pero siempre tachado con permanente negro. Y no porque se haya acabado, claro: no lo tienen porque nadie lo va a pedir.

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[¿Quién quiere una ensalada pudiendo comer lechón? :P ¿Y lechón con ensalada? ¡Me conformo con la lechuga de acompañamiento! Ah, no, que no hay.]

Pero voy a hablar de esas escasas ocasiones en las que sí encontré algo, por arrojar un hilillo de esperanza a los vegetarianos que lean esta entrada.

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En Zamboanga (isla de Mindanao), por ejemplo, varias carenderías ofrecen los mismos platos de brotes de soja o judías que se ven en otras carenderías del país, a veces sin nada más y otras solo con gambitas o pequeños trozos de carne que fácilmente se puede apartar. Como en todas las carenderías, las raciones, además de baratas, son ridículamente pequeñas, así que cuando encontraba un lugar así donde por fin podía comer, pedía dos platos de cada uno, y al menos tres porciones de arroz, lo que causaba que todo el mundo me mirase estupefacto, como pensando que era un monstruo, y quizás temiendo que cuando terminase con los vegetales me los iba a comer a ellos también (¡que no, que no como carne, tranquilos!).

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Un plato vegetariano propio de la cocina filipina y relativamente fácil de encontrar es la ensaladang talong (qué buen nombre). Consiste en una berenjena a la parrilla, generalmente rebozada en huevo, y acompañada por una “ensaladita” de tomate y cebolla. La fotografía está tomada en Vigan, donde tras mucho mirar descubrí una carendería más “turística” (es decir, seguía siendo barata, pero más cara de lo normal), donde sí tenían algunos platos vegetarianos, como las judías verdes o el revuelto de huevos, champiñones y tomate.

Y con esto llego a un punto que me da un poco de rabia. Los filipinos que se dedican al turismo SABEN que los extranjeros, vegetarianos o no, terminan un poco cansados de la “variada y delicada” gastronomía de su país. Por eso, en estos lugares más turísticos es fácil encontrar opciones vegetarianas, pero siempre desproporcionadamente caras. Que el precio sea mayor porque se trata de un restaurante turístico lo entiendo: también la carne cuesta más. Pero dentro de que sea más caro, el precio de los vegetales es un insulto que no corresponde al precio de mercado (también visité muchos mercados, para ver si el problema es que misteriosamente en Filipinas los vegetales cuestan más), que se pueden permitir porque saben que el que quiere comer vegetariano está tan desesperado que lo va a pagar.

El siguiente ejemplo es verídico, pero no responde a un día concreto porque sucedió varias veces: En un restaurante turístico, donde un cartel aseguraba que la comida se prepara en el momento, Antonio pidió un plato con carne, y yo pedí exactamente lo mismo sin carne. Cuando llegaron a la mesa, mi plato tenía los mismos vegetales, e incluso menos, que el de Antonio, pero al pedir la cuenta el mía costaban lo mismo. Y a veces (pocas, pero ocurrió), más. De verdad, es un abuso.

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[Platillo de verduras con carne: 1,5 euros. El mismo platillo sin carne: 3 euros.]

Por último, están los restaurantes internacionales o enfocados exclusivamente a un turismo de mayor poder adquisitivo, en los que la comida es más cara, pero lo vale. Por ejemplo, este japonés de Manila, situado en el barrio de Ermita.

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Aquella noche pagamos unos 30 euros. Otro día, también en Manila, cenamos en un indio por un precio similar. Semanas después, en algún lugar de las Bisayas (de cuyo nombre no puedo acordarme), compartimos una pizza por 18 euros. Casi al final de nuestro viaje, en Palawan, los restaurantes para turistas proliferan por doquier y ya no tuve problemas, siempre asumiendo que no iba a pagar un precio local. ¡Incluso hay restaurantes exclusivamente vegetarianos! La mayoría carillos para lo que ofrecen, pero un día en Puerto Princesa se obró el milagro: encontré una carendería china-filipina-vegetariana con platos absolutamente alucinantes (a base de tofu, seitán… todo lo que os podáis imaginar), ¡y a precios locales!

[Vegetarianos, AQUÍ tenéis el dato. ¡No os lo perdáis, porque es una joya! Subiré fotos pronto.]

La cruda realidad

Pero esto fueron solo excepciones, cuatro o cinco en aquellos dos meses. Primero, porque estos restaurantes solo existen en las grandes ciudades; y segundo, porque aunque hubiera en todos los pueblos, nuestro presupuesto de mochileros no nos permite gastar 50 euros al día en comer. Lo normal era que comiésemos de carendería; yo cuando podía, y cuando no, arroz blanco o nada, y ya me compraba algo de fruta después en el mercado. Me hubiese gustado tirar más de mercado para hacerme mis ensaladas o salteados, pero solo un par de días en todo el viaje tuvimos acceso a una cocina.

Otras veces, hastiada de arroz y plátanos, decidía pagar el doble o el triple en un restaurante un poco “mejor” (mientras Antonio comía lo suyo en la carendería de al lado), y la frustración era máxima cuando, tras preguntar veinte veces si tal o cual plato de la sección “vegetales” eran SOLO vegetales, y me respondían que sí, al llegar a la mesa tenía pescado, hígado, intestino… todo a la vez. He querido llorar muchas veces, y de hecho, al final lo hice.

Lo recuerdo bien: estábamos en Cebú, y llevábamos ya un mes largo de viaje, más o menos. Desde hacía unos días solo comía arroz: arroz para desayunar, para comer y para cenar. Todos los días. Así que, cuando por enésima vez en la semana me encontré frente a lo mismo de siempre, el arroz pastoso e insípido del que ya he hablado, rompí a llorar. En serio: a lo bestia. Creo que fue un ataque de nervios. Cuando me tranquilicé, publiqué el siguiente “tuit”:

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[Ahora me resulta gracioso :D … pero no lo fue.]

No digo que no pueda sobrevivir a base de arroz una semana, dos semanas, y tres meses si no me queda otro remedio. Claro que puedo. Muchas personas en el mundo lo hacen porque no tienen otra opción. La única explicación que puedo dar es que se me acumularon muchas cosas: la frustración de enfrentarme a una guerra tres veces al día (al fin y al cabo, comer es algo que hacemos todos y no resulta fácil “olvidarlo” así como así), el no encontrar nada, el encontrarlo por el triple de su precio y que me den una ración ridícula, el creer que lo he encontrado y me sirvan hígado en su lugar… Y, sobre todo, el acusado desgaste físico que una dieta pobre en proteínas, vitaminas y otros nutrientes estaba causando en mi cuerpo.

Os lo puedo asegurar: dos meses pueden resultar muy largos si solo comes decentemente un día de cada ocho. Más si, como yo, no asumes la situación y te empeñas en encontrar lo imposible, enfadándote con cada nueva decepción. Tras dos meses de viaje terminé muy cansada, a nivel físico y mental, y eso inevitablemente influyó en mi percepción de Filipinas. Tanto, como planteaba en la pregunta al inicio del post, como para querer salir de allí lo antes posible.

Ahora bien (y con esto me despido): aunque sé que resultará difícil de creer, tengo ganas de regresar. Pero la próxima vez, estaré mentalizada. Creo que ese fue mi error: haber ido pensando que Filipinas sería “un país más del Sudeste Asiático”, cuando claramente no lo es. Para lo bueno y para lo malo, y por suerte, Filipinas tiene muchas cosas buenas que hacen que merezca la pena volver.

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13 comentarios en Desventuras de una vegetariana en Filipinas

  1. Oscar 3 Julio, 2015 at 12:56 #

    Creo recordar que también te gustó el “lato”, esas algas marinas que probaste el día que cenamos en el Kinabutz, aquel restaurante de Puerto Princesa (Palawan).
    Fíjate cómo son las cosas, como bien dices para gustos los colores, mis pesadillas gastronómicas siempre han sucedido en la India… jejeje.
    Un abrazo desde Pai (Tailandia)

    • Carmen 3 Julio, 2015 at 13:34 #

      ¡Cierto! Voy a buscar la foto. Como es de Palawan, pensaba que la tenía en la tarjeta que he dejado en casa, pero ahora que lo pienso debe andar en la cámara de Antonio. La busco y lo añado, porque merece la pena :D

      La comida india también es bastante especialita, jejeje. El picante, las especias, y los curries (tan pesados) no son para todos. A mí me encanta, pero te entiendo ;)

      ¡Un abrazo!

      • Roop 6 Febrero, 2016 at 12:28 #

        Holaa!!! Muy curiosa tu experiencia.. No se si sobreviviría comiendo así, tan solo en mi casa es difícil llevar una vida vegetariana.. :P
        Bueno, queria compartirte que en filipinas existen dos templos Hare Krsna en los que posiblemente podrías pagar por comer comida vegetariana, nunca he estado allá pero en México hay templos en varios estados y al menos en los que yo conozco se puede pagar por comer en el lugar o dar una cooperación, es cuestión de investigar :D
        Te dejo los datos:
        Philippines
        Srila Sridhar Swami Seva Ashram
        c/o Gokulananda Prabhu
        23 Ruby St., Casimiro Townhouse,
        Talon Uno,
        Las Pinas City,
        Metro Manila, Zip code 1747,
        Philippines
        Phone: 800-1340

        Sri Chaitanya Saraswat Math, Philippines Branch
        Elynor B. Ronquillo (Ishani Devi Dasi)
        Lot 15 Block 8, Woodbridge Subdivision,
        Poblacion, Pandi.
        Bulacan,
        Philippines, 3014
        Phone/SMS: +63 92031 63750 or text
        Phone/SMS: +63 92877 12568 or text
        Web: http://philippines.scsmath.org

        Y te dejo la pagina en la que puedes localizar mas centros:
        http://www.scsmath.com/centers.html
        En india también podrías visitarlos :D
        De todas maneras no necesariamente debes buscar ahí, también puedes buscar en templos de ISKCON (que también son templos Hare Krsna en el mundo)
        Espero esta información te sea de ayuda en algún momento! Y que sigas viajando mas y mas. :D Saludos!

  2. Jota y Dani 3 Julio, 2015 at 18:15 #

    NOOOOOOO la comida filipina!!!! qué mal recordar esto con tantas bellezas que tiene el país jajaja.
    Tema aparte lo del arroz, realmente difícil de entender que hagan tan mal algo que comen todos los días. Cuando nos relajábamos tratábamos de creer que bueno, quizás a ellos les guste así… pero es que no puede ser!!! Llevamos años comiendo arroz en distintas variedades y puntos de cocción, pero ninguno como ese mazacote apelmazado que no distingue granos, al que hay que cortarlo con la cuchara. Menos agua queridos amigos filipinos… MENOS AGUA!!!
    Por momentos queríamos descargarnos diciéndole a algún filipino todo lo que pensábamos de su comida, pero después nos daba lástima, es que son muy buenos jaja
    Punto a favor con las exquisitas frutas, pero en cuanto la mano del hombre irrumpe en la naturaleza, todo lo arruina jaja.

    Comida al margen, Filipinas está en nuestros corazones. Hermoso país con hermosa gente, al que seguramente volveremos.

    Saludo grande desde Uzbekistán… te digo la verdad, en Filipinas se come mejor!

    • Carmen 6 Julio, 2015 at 11:02 #

      Jajajaja, ¡lo del arroz en Filipinas es un misterio inexplicable! Por más que lo pienso, no lo entiendo, pero sigo con mis elucubraciones: así como en las casas comen menos carne, también el arroz está mejor cocinado… ¿Será que lo hacen con más amor?

      ¡Un abrazo fuerte desde China! Espero con ganas vuestro post gastronómico de Uzbekistán :D

  3. Luis 7 Julio, 2015 at 11:36 #

    Es interesante ver que si lo pides sin carne te cobren un recargo del 100%, parece una multa!!!

    La verdad es que puede parecer divertido a posteriori, pero en el momento no debe de hacer mucha gracia. La verdad.

    • Carmen 7 Julio, 2015 at 11:48 #

      ¡Hola Luis!

      Gracias por tu comentario. No digo que siempre cobren el doble por los platos sin carne (quizás me ha podido la pasión al recordarlo), pero lo que sí es cierto es que suelen ser más caros…. Supongo que por escasos, se considera un plato especial. Y como cuando los encuentras, salvo raras excepciones, es en restaurantes turísticos… olvídate de los precios locales (lógico). El caso es que en Filipinas, ser vegetariano sale caro ;)

      ¡Un saludo!

  4. Eli Zubiria 8 Julio, 2015 at 18:34 #

    Hola Carmen,
    Menuda faena por lo que cuentas comer por ahí. Yo todavía no conozco Filipinas así que, no puedo confirmar esa sensación.
    No sé si conoces ya la página pero el otro día me pasaron un buscador de restaurantes vegetarianos a nivel mundial. Aquí la dejo por si pudiera resultar de interés:
    http://www.happycow.net
    Un abrazo y sigue dándonos envidia con tus destinos :)

    • Carmen 23 Julio, 2015 at 22:38 #

      ¡Hola, Eli!

      Disculpa la tardanza en responder. Con la mudanza del blog, algo se desconfiguró y no se podían dejar comentarios… Ni siquiera yo, ¡jaja!

      Gracias por la recomendación pero… ¡ya conocía Happy Cow! ¿Y sabes dónde lo descubrí? ¡En Filipinas, jajaja! Estaba tan desesperada que me bajé la aplicación e iba buscando restaurantes vegetarianos por todas partes. Eso sí, en este país falla un poco, porque (sobre todo en las ciudades menos turísticas) muchos de los restaurantes cierran (supongo que por el nulo éxito que tienen) y cuando después de recorrerte media ciudad llegas a donde se supone que debe estar… te encuentras con otra carnicería :P

      De todas formas, gracias a la app descubrí también un par de restaurantes muy buenos en Puerto Princesa que me alegraron el final del viaje. Y en el resto del mundo funciona muy bien :)

      ¡Un abrazo!

  5. Camila 8 Agosto, 2015 at 7:23 #

    Hola!
    En Enero parto mi gran viaje, primera parada: japón, segunda parada: filipinas (y no podía faltar…soy vegetariana)…me encantó tu post pero…quedé con ganas de algún consejillo porque he pensado mucho en bueno..si no me queda otra comeré pescado…pero no me animo! ayuda!

  6. Oscar 28 Octubre, 2015 at 14:13 #

    DIOS! que triste… a ver es verdad que yo no soy vegetariano… pero tampoco super carnivoro! Soy incapaz de comer muchos animales y cada vez mas me da mucha pena comer pollo y carne… aveces pienso que es lo mejor por el tema de proteinas…. pero ahora con el estudio de la OMS creo que la carne se tiene que ir retirando de mi dieta poco a poco… en fin… Estupendo reportaje muy ilustrativo… y me das muchas razones por que no visitar Filipinas por mas de 3 dias.. jejeje un saludo y muy buen post!

  7. Salvador Medesky 3 Julio, 2016 at 9:18 #

    Soy vegano desde los 10 años de edad,por programacion biologica. Hoy estoy en Coron Palawan, no tengo mas opciones que una dieta crudo vegana a base de: aguacates o paltas, bananas, manzanas,limones o simil, lechuga repollada o espinaca( trastorno para limpiarla por el agua no potable). Algo cocido como: batatas asadas, arroz, o berenjenas asadas. Mucho té de gengibre!…..y no puedo con su pan, todo rebozado en azucar refinada…..que pasa en este pais?, ganaron los zombies. Muy bueno tu articulo.
    Saludos!

  8. Vanesa Adell 10 Septiembre, 2016 at 15:00 #

    Hola Carmen!

    Muchas gracias por tu post! Soy Vegetariana y seguramente vaya a Filipinas por un par de meses.
    tengo una pregunta, para ti o cualquiera que me pueda responder
    os alojabais en hostels? Si és que si..suelen tener cocina? Yo estaría fija en Cebu y después de leerte hasta me planteo llevarme soja texturizada, o crees que allí puedo encontrar suficiente proteína vegetal?

    Muchas gracias y saludos

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