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Mi alimentación en el sudeste asiático, Vol.3

Hoy terminamos (que ya toca) con la comida del Sudeste Asiático haciendo un breve repaso a los platos que más se han repetido en mi mesa durante estos últimos 15 días que he viajado por Malasia.

Como ya comenté en la entrada de Georgetown, Malasia es un país con una importante proporción de chinos e indios entre su población, y eso se refleja claramente en su cultura gastronómica: resulta más sencillo dar con un restaurante de noodles o chapatis que con comida esencialmente malaya.

Dados los escasos días que he tenido, y lo ocupada que he estado (entre otras cosas, debía solucionar algunos trámites burocráticos en ciertas embajadas, lo que no me ha dejado demasiado tiempo para ir de “tour” gastronómico por la ciudad), he ido a lo fácil, y mi alimentación se ha basado fundamentalmente en noodles de estilo chino, arroz frito malayo (que poco varía con respecto al de su vecina Indonesia) y alguna cosilla india (por recordar viejos tiempos).

En primer lugar, los noodles. Así como en otros lugares he procurado, en la medida de lo posible, evitarlos, en Malasia me he dejado llevar y he dado buena cuenta de ellos.

Los de la primera fotografía son noodles de arroz, de los que habitualmente se emplean para hacer las “sopas”. Este tipo de noodles son más gelatinosos, como “escurridizos”, nada que ver con los noodles fritos, ni mucho menos, con los spaghetti occidentales. En este caso, han sido cocidos y cocinados con salsa de soja, y como acompañamiento se le ha añadido un poco de pollo deshuesado. El plato cuesta 5RM (un euro y muy poquito). Los segundos han sido cocinados de la misma manera, pero son noodles de huevo, mucho más duros y consistentes. En esa ocasión los pedí con cerdo. El precio, exactamente el mismo.

Noodles1

Noodles2

El arroz frito malayo se llama igual que en Indonesia, Nasi Goreng, y también la forma de cocinarlo es prácticamente la misma. En la primera imagen tenéis un plato de Nasi Goreng Special, lo que significa que además de pollo o cerdo lleva un huevo frito; en la segunda, Nasi Goreng Udang: arroz frito con gambas. Cualquiera de estos platos jamás supera los 5RM.

NasiGoreng1

NasiGoreng2

Una cosa que sólo he encontrado en la Esplanade de Georgetown, y que ya mencioné en su entrada, son las Cucur Udang: unas tortitas de gambas, pero mucho más grandes y gruesas que las tortitas de camarones que tenemos en España. Increíblemente buenas, cada una puede costar de 3 a 4 RM, algo caro si lo comparamos con los demás platos, pero para una ocasión puntual no están mal (además, llenan bastante: yo después de comer una, ya no cené).

Tortitas de gambas

Tortitas de gambas (2)

En los mismos puestos de las Cucur Udang, aguarda un auténtico universo de fritos diversos imposibles de enumerar: gambas, cangrejos, pescado, salchichas, tofu, “objetos no identificados”… en fin, ¡necesitaría una vida (y tres tallas más de pantalón) para probarlos todos!

Fritangas

Fritangas (2)

Sobre la comida India no voy a hablar, ya que no varía prácticamente en nada a la que podemos encontrar en el susodicho subcontinente, y para eso ya me curré un par de entradas en su día. Únicamente anotar que sí, ocasionalmente también he comido algún chapati, pollo tandoori, masala dosaï, etcétera.

Algo que me gusta mucho de Malasia es que todas las culturas y etnias que la conforman están tremendamente unidas, socialmente y en su aspecto culinario. Por ejemplo: un restaurante del barrio chino de Kuala Lumpur, en el que he cenado prácticamente todos los días, consiste en un pequeño patio rodeado por completo de puestos de comida de todo tipo y de los orígenes más diversos: china, india, malaya… ¡hasta birmana! Estos puestos comparten un mismo espacio, unas mismas mesas (siempre a rebosar), usan indistintamente los mismos platos, los camareros limpian y atienden indistintamente a todas las mesas y, en lo que respecta a los comensales, no es raro ver a una familia tomando arroz de un puesto, chapati de otro, noodles de otro y zumos del de más allá. Yo lo he hecho y puedo asegurar que de esa manera es imposible aburrirse.

Restaurante KL

Restaurante KL (2)

Buffet

Gigantesco plato combinado de mi creacion, en un buffet libre, por solo 7RM (lo mas caro que he comido en este pais)

Ahora vamos con las frutas. Debido al clima tropical y monzónico, el sudeste asiático cumple con los requisitos para ser “lugar de nacimiento” de cientos de variedades de frutas de las más diversas formas, colores y sabores. Algunas son de sobra conocidas en nuestros países, véase el plátano (o “banana”, que aunque no lo sepáis, antes de ser “de Canarias”, vino de aquí) o la sandía. Otros, como es el caso de la papaya, tal vez sean más difíciles de encontrar en un mercado común en España, pero seguro que el nombre suena más. Sin embargo, hay algunos que parecen sacados de una película de animación infantil; del país de las maravillas, vaya. Como me resultaría imposible enumerarlos todos, he hecho una pequeñísima selección de algunos de los que yo he podido probar:

Mangostán: El mangostán es una fruta de corteza dura y gruesa, que hay que abrir clavando las uñas domo si pelásemos una naranja. El interior presenta un aspecto que podría recordar al ajo (de aquella manera…), debido a los blancos “dientes” o “gajos” en que está dividida. Su carne es muy tierna, como arenosa, y su sabor… indescriptible. ¿Es posible que algo sea dulce y ácido al mismo tiempo? A mi me recordaba mucho al sabor de los chicles de frutas que compraba de pequeña. Curiosamente, estos no me gustaban nada, pero el mangostán está buenísimo.

Mangostan1

Maracuyá: Más conocida como “fruta de la pasión”, se trata de una fruta que, al abrirla, vista por primera vez, puede dar algo de “asquete”. Su corteza encierra un interior gelatinoso, espeso, y lleno de pepitas negras, como “atrapadas” en esa masa viscosa que más parece un… Mejor me callo, porque hablar mal del maracuyá es de tontos: se trata de una de las frutas más deliciosas que he tenido el gusto de probar, ligeramente ácida, aromática… sin palabras. Para mí, sólo tiene un inconveniente: es muy escurridiza y si no se tiene práctica al  “chuparla” (o “absorberla”), ¡puedes pringarte bastante!

Maracuya

Dragonfruit: El nombre, y sobre todo su aspecto, prometen mucho más de lo que luego ofrece. Exteriormente parece una flor fantástica, y al abrirla presenta una carne muy parecida al kiwi, pero blanca, y también llena de pepitas negras. Como digo, a los ojos es realmente atractiva, pero a la hora de la verdad… apenas sabe a nada.

Dragonfruit

Rambután: Mi favorita sin lugar a dudas. Ya la descubrí en mi primer viaje a Tailandia, hará cosa de seis años, y desde entonces he estado esperando para comerla de nuevo. Es una fruta peluda, de color rosado, que en el interior guarda una carne con consistencia de uva, muy muy dulce, y exquisita. ¡Cuidado con la enorme pepita que esconde en el centro! Se supone que es venenosa… (yo me la comí varias veces, ¡así me va!)

Rambutan2

Jackfruit: La primera vez que uno se encuentra con esta fruta, realmente impresiona: es enorme, y puede llegar a pesar hasta ¡cincuenta kilos! Su tamaño, y su “espinoso” exterior hacen que no sea fruta de abrir con la mano, ni mucho menos comerla en solitario. El interior es de color amarillo y bastante dulce, pero no se consume en su totalidad: sólo se come la carne que rodea a las pepitas. También puede encontrarse en muchos puestos de snacks, laminada, frita y envasada en bolsitas, como si fuesen patatas o plátano frito.

Jackfruit

Si no se presta la debida atención, a simple vista el Jackfruit puede ser confundido con el Durián: su aspecto exterior es prácticamente el mismo, pero el Durián es bastante más pequeño, y con pinchos más grandes (lamento no tener foto, pero viendo la imagen del Jackfruit, podéis haceros una idea). Un truco infalible para distinguirlos es el olor: el durián apesta (literalmente), hasta el punto de que se le ha llegado a prohibir en algunos lugares públicos. En Asia se le conoce como “la reina de las frutas” ya que, además, se le atribuyen diversas propiedades, desde afrodisíacas hasta alucinógenas. De hecho, no es raro encontrar, en la entrada de muchos hostales, un cartel que diga: “prohibido alcohol, drogas… y durián”.

Para terminar, una pequeña referencia a las bebidas, ya que se me ha preguntado por ellas. Lo cierto es que en el sudeste asiático he bebido lo mismo que bebo en casa: agua, coca-cola, y ocasionalmente cerveza.

Con respecto a los refrescos, para un gourmet de las bebidas gaseosas Asia es una especie de Disneyworld: tienen sabores de todo. Por poner un ejemplo, la marca “Fanta” puede encontrarse en variedades tales como uva, mora, fresa… Curiosamente, exceptuando en las grandes ciudades, la opción “bajo en calorías” es casi inexistente. Eso sí, cuando se encuentra (por ejemplo, en Bangkok) lo hay de todo: Coca-Cola “light”, Sprite “light”, Fanta “light”…

La cerveza ha sido la gran amiga-enemiga de este viaje: está en todas las esquinas, ha llegado a aparecer hasta en mis sueños… pero está muy lejos de adaptarse a mi presupuesto. Al menos eso pensaba en lugares como Vietnam o Camboya, donde no baja del euro y medio la botella; todo se relativiza cuando llegas a países musulmanes como Indonesia, o sobre todo (y muy especialmente) Malasia, donde debido a los impuestos, esa misma botella cuesta la friolera de ¡cuatro euros como mínimo! Inaccesible… A los bebedores de cerveza tal vez les interese saber que la mejor que hasta el momento he probado, por goleada, ha sido la “Beerlao” de Laos (¡buenísima!), y la más barata, sin lugar a duda, las jarras de Siem Reap, en Camboya (¡casi medio litro por sólo cincuenta céntimos de euro!). Otra pega que tiene el consumir cerveza en esta parte del mundo, sobre todo en países como Vietnam o Laos, es que allí la tradición manda que se beba con hielo, por lo que muy rara vez se consigue una botella fría…

Para los que tenemos un presupuesto bajo, siempre nos quedarán los zumos, hechos en el momento y de todos los sabores que puedan imaginarse, ¡hasta de pepino o zanahoria! Son baratísimos, y si los pides para llevar te los meten en una bolsita de plástico cerrada, con una pajita de lo más coqueta.

Zumito

Zumo de zanahoria en bolsita: refrescante, sano, y ademas barato!

Zumos

Las opciones envasadas, tampoco dejan lugar a la imaginación…

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6 comentarios en Mi alimentación en el sudeste asiático, Vol.3

  1. Isabel 8 agosto, 2010 at 18:54 #

    Ummmm! Que rico! :9

  2. Rubén 9 agosto, 2010 at 11:20 #

    Jo Carmen, esto a estas horas de la mañana es un crimen! Qué hambre!

  3. Riky 10 agosto, 2010 at 20:44 #

    Jo! esta si que es buena….que pinta tiene todo.. lo de las frutas es muy curioso, las formas, colores y me supongo que las texturas, son de lo mas sorprendentes. Comparada con la comida la cerveza esta carísima, y consumida con hielo!! que cosas.. Lo de ese restaurante tiene que ser impagable, no tenia ni idea que existiera algo así… Me tranquiliza que estés tan bien alimentada.. je,je
    Un besote…

  4. Herexe 15 septiembre, 2013 at 5:06 #

    ¡Hola! Es muy interesante leer tu blog. A mí también me gustaría viajar por todo el mundo algún día.

    Si alguna vez te das una vuelta por México, posiblemente puedas encontrarte con la dragonfruit, que aquí le llamamos “pitaya”. También en algunas zonas existe la jackfruit (mucho menos común) con el nombre de “yaca”.
    También hay otras frutas muy buenas, como el mamey, la guayaba, la guanábana…

    Vaya…Sólo de imaginarme qué otras especies de frutas habrá regadas por el mundo, tengo deseos de viajar.

  5. Herexe 15 septiembre, 2013 at 5:19 #

    Oh, por cierto. Me gustaría conocer tu mentalidad, tu vida, lo que te ha llevado a viajar tanto. ¿Por qué? Porque yo también deseo hacer lo mismo. Es muy triste quedarse en un solo lugar. Esto lo supe cuando pasé casi 2 años viviendo en un país extranjero. Esta experiencia me cambió mucho. Soy una persona completamente diferente a causa de ello.

    ¿Bajo qué circunstancias viajas? ¿Te las arreglas para dejar de lado aquellas cosas que te mantengan atadas a tu lugar de residencia? Ya sabes, me refiero a cosas como estar en la escuela, tener un trabajo…

    ¿Tienes un trabajo en el que debes viajar mucho?

    Bueno. Todo esto se resume a la pregunta ¿Qué demonios haces para que te sea posible viajar? Me agradaría saberlo. Contágiame de tu sabiduría.

    • Carmen 9 octubre, 2013 at 10:13 #

      ¡Hola Herexe!

      ¡Demasiadas preguntas! No eres la primera en hacérmelas, así que voy a ver si encuentro el momento de escribir un post sobre el tema, porque un comentario sería muy extenso. De todas, no hay ningún truco más que dedicar todos tus esfuerzos y tu tiempo a hacer lo que te gusta, y acomodar todo lo demás para ello ;)

      ¡Un saludo!

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