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Última parada: Irkutsk y el lago Baikal

Cuando hace tiempo comencé a fantasear con la idea de recorrer Rusia de pueblo en pueblo (ingenua de mí, pensé que un mes sería tiempo suficiente para perderme por la Siberia más profunda), imaginaba algo como Irkutsk. De acuerdo: mucho más pequeño, pero tras visitar grandes ciudades como San Petersburgo, Moscú, Kazan, Ekaterimburgo y Novosibirsk (unas con más encanto que otras), Irkutsk ha sido el lugar que más se ha ajustado a mi idea romántica de la Rusia rural. Salvando las aldeas que fugazmente he visto desde el tren, y mi posterior visita al pueblo de Zhuzhir en la isla de Olkhon, claro.

No nos engañemos: Irkutsk es una ciudad. Una ciudad pequeña, pero ciudad al fin y al cabo. Con sus centros comerciales, su mercado cubierto y las chimeneas de sus fábricas invadiendo el espacio urbano (un denominador común en todas las ciudades rusas por las que he pasado). Sin embargo, las casuchas de madera que se encuentran salpicadas entre los grandes edificios soviéticos le dan un encanto especial. En su día, esas casas fueron levantadas sobre placas de hielo, y con el tiempo, el calor generado en ellas ha provocado que se hundan en la tierra, inclinándose, retorciéndose, como agonizantes entre esos grandes gigantes de hormigón. Algunas cuesta creer que se tengan en pie.

Irkutsk

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En Irkutsk me he quitado de encima una losa que arrastraba desde Kazan: ir al circo. Todos hemos oído hablar del “circo ruso”, pero hasta que no estás en el país y ves que cada ciudad cuenta con su propio edificio dedicado a este espectáculo, y que las filas que se forman en taquilla dan varias vueltas a la manzana, no comprendes la verdadera importancia que el circo tiene dentro de la cultura popular rusa.

Así que, aprovechando que a mi paso por la ciudad había función, y que “más o menos” me lo podía permitir (las entradas partían de los 300 a los 700 rublos -7 a 17 euros-; y yo, en un alarde de tirar la casa por la ventana, compré una de 400), allá que fui, a pesar de que este espectáculo nunca ha sido santo de mi devoción, y que concretamente los payasos me provocan auténtico pavor.

Circo de Irkutsk

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Fue un poco largo, pero he de reconocer que, en términos generales, me gustó. La compañía que esos días actuaba en Irkutsk es de Moscú y al parecer tiene buena fama, aunque no sea, por supuesto, de las mejores del país. En cualquier caso, el nivel de las bailarinas, los trapecistas, y los efectos de luz y sonido, estuvo muy por encima del de cualquier circo al que haya ido en España, eso lo puedo asegurar. Bueno, el nivel de todo… menos el de los payasos. Para mí no sólo carecían de gracia alguna, sino que con cada una de sus apariciones entre actuación y actuación me entraban unas irreprimibles ganas de echarme a llorar y salir corriendo. Claro que esto son sólo cosas mías: el público ruso no debía opinar lo mismo porque reían como locos: padres, madres, abuelos y niños. Y ni hablar de cuando sacaron a unos espontáneos entre el público para hacer un sketch cómico: “el acabose”. Hasta llegué a dudar que fuesen rusos.

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Y de Irkutsk al lago Baikal, una de las etapas más esperadas del viaje: el mar de Siberia. “Reserva días” me habían dicho, “no te vas a querer ir”. Y yo, como buena previsora, reserve cuatro días para perderme de la civilización y disfrutar de esos paisajes de ensueño de los que tanto me habían hablado.

Abandoné Irkutsk bajo un aguacero considerable que se había instalado en la ciudad hacía ya cinco días, y que decidió acompañar a nuestro minibus durante todo el camino hasta el lago. La mayor parte del trayecto fui dando cabezadas, ajena a la lluvia y al destino que me esperaba: ah… bendita ignorancia. Pero entonces bajé del vehículo, y no me dio tiempo a mirar a mi alrededor porque acto seguido me pasaron mi mochila, EMPAPADA hasta lo más profundo por la tormenta que había caído sobre el techo del bus. Y sin tiempo tampoco para reaccionar a esto, un coche pasó a mi lado, pisando una poza y empapándome también a mi de los pies a la cabeza. Y cuando ya parecía que nada podía ir peor, agarré la cámara para inmortalizar el momento y comprobé (¡oh, sorpresa!) que se ha roto “misteriosamente”, y he perdido la tapa que protege la batería (¿¿cuándo?? ¿¿cómo??). Y, entonces sí, respiré hondo, miré lo que tenía ante mis ojos, y horrorizada me pregunté: ¿¿CUÁNDO ME ENGAÑARON PARA VENIR A ESCOCIA??

Baikal

Primera visión, antes de cruzar con el barco.

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Odio el mal tiempo. Bueno, odiar es una palabra muy fuerte, así que digamos que no me gusta nada el mal tiempo. Será por haber nacido y crecido en una región donde la lluvia es “lo normal”, y el sol, un pequeño lujo del que disfrutamos unos pocos días al año, pero yo lo tengo claro: viajo para aprender, sí; pero también para disfrutar. Por eso será difícil que por mi propia voluntad me veáis en un destino de viento, lluvias, tormentas y temperaturas bajo cero. Puedo soportar uno de estos factores cada vez (me encanta, por ejemplo, esquiar cuando hace sol; y no le hago ascos al sudeste asiático en época de Monzón), pero todos a la vez, no. Todo no.

La isla de Olkhon me recibió con un tiempo infernal; una auténtica pesadilla. Pero no iba a abandonar nada más llegar, así que hice de tripas corazón, confié en que la cosa cambiaría, y decidí darle una oportunidad.

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Para que se te caiga el alma a los pies

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Como lo último que quería era verme rodeada de turistas, descarté de primeras el hostal al que se dirigieron todos mis compañeros de autobús: el famoso Nikita’s. En su lugar, me dirigí al centro del pueblo y caminé sin rumbo fijo hasta que una señora me ofreció quedarme en su casa por 350 rublos, frente a los 800 que -con pensión completa- cuesta alojarse en ese Disneyland ruso que es el Kinita’s Guesthouse.

Nunca me arrepentí de la decisión: si lo que quería era una desconexión total, lo conseguí. Claro que a costa de prescindir de algunas comodidades: una “cabaña” básica sólo para mí (acogedora, las cosas como son), pero nada de ducha ni servicio. En su lugar, una letrina al fondo del huerto servía para hacer las necesidades básicas, y si quería ducharme… tendría que hacer uso del banya de los vecinos. Otra asignatura pendiente que cumplí en Olkhon.

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La casa de la señora

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Mi cabaña

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La letrina

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Lo más cercano que iba a estar de la higiene personal, si no usaba el banya.

 

 

El banya ruso es un término medio entre la sauna finlandesa y el baño turco. Podéis leer el articulillo que hace unos días escribí para Diario del Viajero aquí, pero por resumirlo de alguna manera, digamos que el procedimiento es simple: entras, te desnudas, sudas, te refrescas con agua (para que no esté helada, mezclas la fría y la caliente en un barreño hasta conseguir la temperatura ideal), y al final del todo, te azotas a ti mismo con unas ramas húmedas, en plan “masaje”. Este último paso lo omití. Pero me encantó la experiencia, y volví los cuatro días que pasé en la isla, consiguiendo cada día aguantar dentro del banya un poquito más que el día anterior. Lo recomiendo :)

Baikal - Banya

El banya de los vecinos

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Baikal - Banya (3)

Baikal - Banya (4)

Durante los tres primeros días en la isla no paró de llover, así que aproveché para descansar, leer, comer mucho pescado (el famoso “omul”, del que hablaré en la próxima entrada sobre “gastronomía”) y pasear por el pueblo cuando el chaparrón concedía un minuto de alivio. Por las noches, entonces sí, me acercaba hasta el Nikita’s, pero sólo para hablar con uno de sus empleados: un simpático y septuagenario señor, fanático de Raphael, que me invitaba a su habitación para cantarme canciones y ponerme vídeos (en realidad era siempre la misma película) del artista español, cuyos diálogos se sabe de pe a pa, sin hablar más de dos palabras de la lengua de Cervantes. Un encanto de hombre.

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Un rayo de sol, oh, oh, oh...

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El cementerio del pueblo, con lápidas de museo

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Zhuzhir es un pueblo curioso. Por una parte, no cabe duda de que es un lugar turístico: el “campamento base” de estancia en Olkhon, y punto de partida de la mayoría de las excursiones por la isla. Pero por otra parte, en ningún mometno se tiene la sensación de que esté masificado (¿o será que todo el mundo está en el Nikita’s Guesthouse?), y la infraestructura no corresponde a lo que cabría esperarse de un lugar tan “de moda”: no más de dos restaurantes y un “bar” (por llamarlo de alguna manera), ni hablar de Internet (bueno, hay una caravana a la que pomposamente llaman “Ciber Café”, pero no lo recomiendo), y… nada más. Nada de nada. Como digo, resulta extraño, porque por un lado parece un lugar realmente auténtico (¡por fin un “pueblo” de verdad!), mientras que por otro, uno no puede dejar de pensar que es un balneario de veraneo, y que el 50% de su población son jóvenes de Irkutsk que vienen a hacer la temporada estival trabajando en los hostales o como guías por la isla. Pero es agradable.

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Por fin, el último día en Olkhon salió el sol y pude comprobar que todo lo que me habían contado del Baikal era cierto. Tanto, que no hay palabras para describirlo. Y como sólo tenía un día, lo último que me apetecía era unirme a una de esas excursiones “te llevamos a cuatro puntos fijos para que saques cuatro fotos típicas”, y decidí quedarme paseando en los alrededores de Zhuzhir, disfrutando de lo que no había podido los días anteriores.

No hice nada: sólo pasear y pasear, meter los pies en el lago para, segundos después, sacarlos ateridos de frío; alucinar con los rusos, que son capaces no sólo de meter el cuerpo entero, sino de nadar varios minutos sin congelarse; tratar de imaginar el Baikal en invierno, cuando los coches pueden transitar por la superficie helada del agua; y hacer muchas fotos, algunas de las cuales podéis ver aquí, aunque no reflejen ni una mínima parte de la belleza del lugar.

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Y así, sin más, regresé a Irkutsk. Y tras varios problemas para conseguir un billete de autobús que me sacase no sólo de la ciudad, sino también del país porque mi visado expiraba en dos días, abandoné, tras una breve para de una noche en Ulan Ude (una ciudad que me hubiese gustado visitar con tiempo… qué se le va a hacer) la enorme Rusia. Un país que sin duda necesita más de un mes, y más de dos, y más de tres, para ser empezar a conocerlo. Quizá la próxima vez.

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19 comentarios en Última parada: Irkutsk y el lago Baikal

  1. Gonzalo 26 Agosto, 2011 at 10:48 #

    Reconozco que lo primero que he hecho es ir rápidamente a ver las fotos del lago Baikal, jajaja, qué maravilla de lugar!!! Pero me lo voy a leer entero, Carmen, como siempre. Un abrazo desde Madrid!

  2. Ricardo 26 Agosto, 2011 at 11:28 #

    Que maravillosa tu experiencia en el Baikal, y que bueno que al final el tiempo mejoró un poco! Yo lamentablemente sólo pude estar 1 día en Listvyanka, aunque el buen tiempo si me acompañó! Ojalá el tema del visado ruso se haga más flexible (y barato) en el futuro

  3. Victor 26 Agosto, 2011 at 11:41 #

    Estupendos días Carmen! Recargaste pilas para lo que ha tenido que ser las palizas de coche en Mongolia. Yo la verdad que no se que hacer allí. Quiero ir a la isla también, pero claro, minimo 3 dias… por lo que se nos retrasan los planes…

    Te resultó muy dificil conseguir los billetes de bus? Fuiste en bus desde Irkutsk o en tren a ulan ude y luego bus?.. De esto si me gustaría que me dieras información reciente, porque ese tramo no lo tenemos nada preparado.. Aunque sea en un mensaje privado…

    Sigue disfrutando!!!

  4. avistu 26 Agosto, 2011 at 12:34 #

    Hola Ku,

    Vaya cambio el sitio con unos rayos de sol. Hay zonas que tienen su encanto un día grís pero, desde luego, en este caso se ve precioso cuando no está bajo el manto de la lluvia,

    J

  5. Pau 26 Agosto, 2011 at 13:45 #

    Me alegro de leerte compañera, es un viaje que siempre me ha hecho especial ilusión y me encanta recorrerlo de tu mano.

    Grande lo del circo jajaja

    Un abrazo y cuídate!

  6. Saray 26 Agosto, 2011 at 22:09 #

    Hola Carmen!

    Antes que nada me alegra volver a tener noticias tuyas después de tanto tiempo sin saber de ti…

    Que pena que te hiciese tan mal tiempo hasta el penúltimo día…El lago Baikal parece precioso con ese paisaje :)
    Que mala suerte lo de la cámara también, al menos no se te rompió de forma que no pudieses hacer fotos…

    Por aquí me quedo a la espera de tus aventuras por Mongolia ;)

    A seguir disfrutando!

  7. TxemaCG 27 Agosto, 2011 at 3:08 #

    Que preciosidad, Ku. Espero la entrada sobre gastronomía desde hace tiempo :-P

  8. Patricia D.B. 27 Agosto, 2011 at 21:02 #

    Carmen, podrias explicar (si lo sabes, que estoy casi segura de que te has informado!) el significado de las cintas amarradas al àrbol y a los postes? recuerdan las cintas tibetanas, pero en este contexto es imposible darles la misma explicaciòn….
    Sigue disfrutando!

    Un abrazo desde Hamburgo.

  9. Mami 28 Agosto, 2011 at 20:19 #

    Ku, ¡Ya era hora! ¡ Cuanto tiempo esperando tu entrada!, pero hija, ¿Como vas a entender a los payasos rusos si tu no hablas ruso? Bueno esta lo bueno,pero con los trapecistas te tienes que conformar. Del tiempo ¡Mejor no hablamos! T.Q.

  10. Ku 29 Agosto, 2011 at 6:27 #

    @Gonzalo: No sé si creerte, eh? Siempre dices lo mismo! La próxima vez que nos veamos, te voy a hacer un test, a ver qué es lo que de verdad lees! Es broma :P Un beso muy fuerte!!

    @Ricardo: Sí, lo del visado ruso es como la espada de Damocles… ¡no se puede ver un país como Rusia en un mes! También te digo que, aunque permitiesen estar más tiempo, yo no podría porque Rusia es caro, caro… al menos para mi presupuesto! En fin, ¡qué se le va a hacer! ¡Para la próxima!

    @Víctor: Fui de Irkutsk a Ulan Ude en minibus. Al final no fue tan complicado: hay varios en la estación de tren, sólo tienes que ir hasta ahí y hablar el precio con los conductores. A mi me costó 700 rublos (yo creo que el precio justo) y tardamos 8 horas en llegar. Ya en Irkutsk había hablado por teléfono con el señor del hostal de Ulan Ude para que me comprase una plaza de bus a Ulaan Baatar para el día siguiente a mi llegada; cuando llegué ya me lo tenía todo preparado. Me costó 1100 rublos (creo que 100 fueron de comisión) y el bus tardó 12 horas. ¡Espero que te sirva!!

    @Avistu: Y que lo digas… con el cielo gris el lugar era “pasablemente bonito”, pero nada comparado con lo que (afortunadamente) pude ver el último día. Un lugar realmente precioso :)

    @Pau: Qué ilusión saber que te llevo conmigo! jiji ¡Me alegro mucho de que te guste!

    @Saray: Chica, es que lo he tenido fatal con las conexiones… Y se suponía que mañana iba a publicar el primer post sobre Mongolia, pero con tanto atrasado no sé yo… ¡y en nada llego a China! Miedo me da la censura… :S La cámara sobrevive, jeje… a ver por cuánto tiempo!

    @TxemaCG: Me da miedo decepcionaros con la gastronomía…. la dieta de un mochilero precario como yo, en Rusia, no da precisamente para grandes degustaciones, jejeje :D

    @Patricia: Claro, tanta prisa por publicar, que me dejo sin explicar cosas como estas… qué cabeza. Forman parte de algún tipo de ritual chamanístico, una práctica bastante extendida en esta parte de Siberia, especialmente en la isla de Olkhon, que se considera “sagrada” o algo así. Pero tampoco que hagas mucho caso, ¡en esto no soy una experta!

    @Mami: A los payasos rusos no hay que entenderlos… su aportación se limitaba a aparecer entre actuación y actuación, imitando “en plan gracioso” el show anterior…

  11. Helena 29 Agosto, 2011 at 9:51 #

    Pues el circo tiene buena pinta en las fotos. Seguro que es un espectáculo digno de ver.
    Me ha hecho gracia tus primeras impresiones de la isla de Olkhon, pero las últimas fotos hablan por sí solas!!
    Un saludo

    • Ku 6 Septiembre, 2011 at 16:04 #

      ¡Estuvo muy bien! Fue divertido :) Aunque hacia el final se me hizo un poco largo… La isla es espectacular, aunque, eso sí, hay que pillarla con buen tiempo… Indispensable. ¡Un abrazo!

  12. José Carlos DS 31 Agosto, 2011 at 17:58 #

    Pues no pintaba mal el circo no, los payasos seguro que hacían las gracias en ruso, por eso no te enterabas de nada :P

    Menos mal que el último día te hizo bueno para disfrutar de Baikal, que sino, seguro que te hubieras ido del lugar con peor opinión, me encanta el colorido de las últimas fotos y los reflejos jeje

    Saludos!!!

    • Ku 6 Septiembre, 2011 at 16:07 #

      Que no eran gracias en ruso, leñe! Eran gracias mímicas… Bueno, “gracias” por llamarlo de alguna manera :P Que no, que no me van los payasos, lo siento… :P

  13. Maripili 9 Septiembre, 2011 at 11:33 #

    Sinceramente, creo que nunca me he reido con un payaso,los rusos no son una excepcion!Aun así.el espectaculo ha debido de ser una pasada!!
    Escocia…puff!!no le digas eso a mama que entonces ahi no vamos! ajaj
    Te echamos de menos!!

  14. maria 25 Abril, 2012 at 10:42 #

    Hola que tal? Quería hacer una pregunta sobre irkutsk, dicen que es una ciudad peligrosa y me gustaría saber por que o si tuvieron esa sensación sobre la ciudad….Gracias.

    • Ku 2 Mayo, 2012 at 11:32 #

      ¡Hola María!

      Sobre la “peligrosidad” de Rusia en general e Irkutsk en particular hay mucho mito… eso es lo que te puedo decir en base a mi experiencia. Admito que precisamente en esa ciudad pasé un par de días malos porque se celebraba el Día de la Armada (o algo así) y algunos rusos algo xenófobos (y borrachos) aprovechaban la menor ocasión para meterse con los extranjeros, hasta el punto de que tuvimos que en el hostal nos recomendaron no salir a partir del anochecer porque podría haber “lío”… pero fue una excepción realmente, el resto del tiempo no tuve ningún problema :)

  15. Sagrario 3 Febrero, 2016 at 21:17 #

    Hola, acabó de descubrir tu blog de viajes, me encanta tu prosa, es muy fácil leerte. Me ha gustado mucho tu viaje a Irkutsk, y tus viajes por Noruega. Soy una friki de 56 años d un pueblo perdido en Extremadura y mi vida es muy aburrida por lo tanto me gusta leer blog d viajes y me encantan los viajes por Rusia pero la Rusia más desconocida la menos turística y Noruega, un sueño para mi ke nunca lograré conseguir. Cual será el próximo viaje??

  16. Noelia 22 Julio, 2016 at 4:24 #

    Por una de esas casualidades te acordas como llegar a esa cabaña?

    Besos desde Irkustk

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