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Asturias a corazón abierto

Emocionante. No puedo encontrar una palabra mejor para definir mi viaje al Occidente asturiano. Y es una pena, porque es un adjetivo muy usado. Como tantos otros, demasiado, hasta casi perder su valor.

Pero si busco la definición de “emoción” en la RAE, sus dos acepciones no me dejan opción: «Alteración del ánimo intensa y pasajera», «Interés expectante con que se participa en algo que está ocurriendo». La primera me obliga añadir un adjetivo más: Inolvidable. Porque yo este viaje no lo voy a olvidar nunca.

Quizá por eso hago algo que no he hecho antes: publicar un primer post, sin aún nada contundente sobre la mesa, solo para compartir mis emociones, todavía demasiado a flor de piel. Ni siquiera voy a revisar el texto. Tampoco me planteo retuitearlo mañana. Esto lo escribo porque lo necesito y porque me da la gana.

Estoy emocionada. Y también exhausta. Me había prometido a mí misma desconectar de todo al llegar a casa, dejar reposar las experiencias de los últimos cuatro días y no mirar las fotografías ni tocar mis apuntes hasta el lunes, pero no puedo: tengo el corazón y la mente a mil por hora. Son tantos los nombres y los rostros que se me vienen a la cabeza, que no puedo dejar de recordarlos. ¡Qué hondo me ha llegado esa zona casi olvidada de mi comunidad vecina! Jamás lo hubiese pensado.

Cuando planeamos el viaje como un acercamiento al interior de Asturias, a sus oficios y sus tradiciones, al paisanaje, no imaginé que iba a ser tan auténtico. Porque una cosa es poner la idea sobre el papel y otra muy diferente poder llevarla a cabo en su forma más utópica. No depende tanto de la organización, sino de los agentes involucrados: alguien puede abrirte las puertas de su taller, de su casa; explicarte cómo vive y en qué trabaja, pero eso no implica necesariamente que te abran su corazón, y así ha sido como yo lo he sentido. Al hacerlo, también han tocado el mío.

Luis, Susana, Francisco, Pacho, José Luis, Fritz, David, Kaly, María, Juan Carlos… No sé si dentro de unos meses recordarán mi nombre, pero yo no voy a olvidar los suyos. Incluso algunos personajes (en teoría “secundarios”), como Nacho, dueño del restaurante La Marquesita de San Martín de Oscos en el que almorzamos el jueves; o Pedro, del hotel Casa de Castro, en Cartavio, donde dormimos ese mismo día, han sido algo más que simples peones en un viaje organizado. Han sido PERSONAS que (posiblemente ellos no sean conscientes hasta qué punto) me han mostrado la cara más humana y cálida del Occidente asturiano. Algo muy difícil de conseguir, y admito que yo lo creía imposible, en una escapada relativamente corta y con una agenda marcada.

Regreso a Madrid con el corazón tocado, e inevitablemente, con el miedo a que esas emociones, esas vidas y esas historias pierdan brillo por mi incapacidad de reflejarlas como merecen. O, ¡qué se le va a hacer!, porque el cuscús de María no huele ni sabe igual a través de una pantalla de ordenador. Contra esto no puedo hacer nada.

Pero sobre todo regreso contenta, porque que la vida te sorprenda así, en el lugar y en las circunstancias menos pensadas, te devuelve la fe en algo a lo que no sabes poner nombre, pero que sin duda es importante para seguir viviendo y viajando con las mismas ganas; con la misma curiosidad que la primera vez que hiciste la maleta para conocer el mundo que había fuera de tu casa.

En esta ocasión, ese “mundo” estaba a dos pasos: en las comarcas de Los Oscos y del Eo-Navia. En Asturias, ni más ni menos. No podía tenerlo más cerca. Me sobran motivos para volver cuanto antes; de momento, solo puedo decir una cosa:

Gracias.

Comiendo en casa de Maria y Juan Carlos

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9 comentarios en Asturias a corazón abierto

  1. TxemaCG 23 febrero, 2013 at 0:15 #

    Ya se veía por los tuits de estos días como la cosa iba pasando de la sorpresa a algo mucho mas profundo. Y lo que etiquetas en «Personal» es lo mejor.

    • Carmen 24 febrero, 2013 at 20:00 #

      Gracias, Txema. Cuando escribo algo en «Personal» siempre quedo algo intranquila, pero me alegro de que haya tenido tan buena acogida. Un abrazo!

  2. ElEspantayu 23 febrero, 2013 at 0:23 #

    Pero que bien has descrito este maravilloso Paraíso que nos rodea cada día a los afortunados que vivimos de el.
    Tu post plasma perfectamente la esencia de esta maravillosa tierra.
    Ahora sólo queremos decir…si con el Occidente has quedado contenta en el Oriente te quedarás a vivir ; )
    Aprovechamos la ocasión para invitarte a ti y a todos los lectores a venir a conocernos , en el Oriente tenéis vuestra casa ; )
    Un abrazo desde Asturias!

    • Carmen 24 febrero, 2013 at 20:08 #

      ¡Hola ElEspantayu!

      El Oriente lo conozco. Siendo de Cantabria no son pocas las excursiones que he hecho a Ribadesella, Llanes, Covadonga… una zona que, por supuesto, también me gusta mucho. Pero de este viaje me llevo un recuerdo diferente, una sensación de mayor autenticidad, quizá al ser una zona menos explotada turísticamente, o porque el Oriente, al lindar con mi tierra, me resulta más conocido. En cualquier caso, no cabe duda de que todo Asturias es precioso :D

      Un abrazo!

  3. Pau 23 febrero, 2013 at 17:00 #

    Me alegro de que lo hayas pasado tan bien y que hayas encontrado esas emociones tan nobles en Asturias.

    • Carmen 24 febrero, 2013 at 20:09 #

      Estoy segura de que tú también encontrarás lo mismo que yo cuando vayas. Que por cierto, es dentro de poquito, ¿verdad?

  4. Carmen 24 febrero, 2013 at 20:08 #

    Gracias, Amilas!

  5. Iván 2 marzo, 2013 at 9:32 #

    La verdad es que creo que mi tierra Asturias es e las que emociona y llega a muchos de los sentidos, pero sobre todo a las emociones. El occidente asturiano es de las zonas que mezclan muy bien esa autenticidad natural, mi familia materna es de la zona de Luarca. Me alegro que lo hayas vivido con intensidad :)

    • Carmen 2 marzo, 2013 at 17:55 #

      Ahora que lo dices, Iván, yo he estado en Luarca, pero hace muchos años. Creo que ha sido lo más lejos que he llegado en Asturias… hasta ahora, claro :)

      Puedes sentirte muy orgulloso de tu tierra, es realmente maravillosa.

      ¡Un abrazo!

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