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Kashan: el Padre de Couchsurfing en Irán, mi primer “book” de fotos y otras historias

A los pocos días de llegar a Irán ya era consciente de que Couchsurfing es algo que en este país se toman muy en serio. La forma en la que se presentan como parte de la comunidad, o que al hablarte de un amigo lo primero que te digan es que también es miembro… Es cierto que, al vivir con sus familias, no todos tienen la posibilidad de alojar, pero en Irán pertenecer a CS va más allá de eso.

No hay que pensar mucho para comprender las razones por las que Couchsurfing resulta tan atractivo para los iraníes. En primer lugar, se trata de una plataforma que les permite dar rienda suelta a su hospitalidad, una característica que forma parte del ADN de todo iraní. Por otra parte, en un país con unas opciones de ocio limitadas (“no podemos ir al bar, ni compartir unas cervezas en público…”) Couchsurfing funciona como una vía de escape para divertirse con planes distintos (quedadas, viajes en grupo con CS de otras ciudades…) y fomentar las relaciones interpersonales “a espaldas de la ley”, por decirlo de forma poco ortodoxa. Gracias a Couchsuring los iraníes pueden conocer a otros jóvenes (y no tan jóvenes) con inquietudes similares y mentalidad igual de abierta.

Por último, Couchsurfing es una llave maestra para establecer contacto con extranjeros; algo que, según algunos, el Gobierno trata de impedirles a toda costa. Lo que nadie sabe explicar es cómo la página web no ha sido todavía bloqueada, aunque hay quien se atreve a conjeturar que esto no es más que una estrategia del propio Gobierno para controlar los movimientos de los extranjeros y de los mismos iraníes dentro del país.

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[Viajeros internacionales en la casa de Mohammad.]

Dentro de este panorama, en Kashan conocí a quien se presenta como el “Padre de Couchsurfing en Irán”. Mohammad, de 55 años, es un hombre que vive por y para Couchsurfing, haciendo de alojar a personas de todo el mundo el leitmotiv de su vida.

Si hasta el momento no había coincidido (ni siquiera visto de lejos) a ningún extranjero en Irán, en la casa de Mohammad compartí techo con cuatro: una pareja de chechos la segunda noche y otra pareja española-argentina la tercera. La cuarta volví a quedarme a solas con él. Según como se mire, cuatro días en Kashan es “mucho”, pero no pude resistirme a su petición (que llegó a súplica en algunos momentos) de no dejarle solo hasta el día siguiente, cuando volvería a estar acompañado por unos viajeros chinos. 

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[Hicimos muy buenas migas.]

“¡Pink!”, gritó riendo Mohammad al verme abrir la puerta del baño. Y efectivamente eso fue lo que me encontré (menudo susto): un baño rosa desde los azulejos hasta el techo, pasando por las toallas y los botes de champú, incluyendo artículos como esmalte de uñas de Hello Kitty y hasta… compresas. No se puede negar que la primera visión incita a hacerse ideas un poco raras, pero Mohammad no es más que un tipo normal con una historia y vida familiar algo gris, tirando a negra. Puede que precisamente sea eso lo que le ha llevado a coleccionar objetos de un color más amable, y a llenar su tiempo con viajeros que le hacen compañía, al menos por un breve periodo de tiempo

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[“La vie en rose”.]

En Kashan rozamos (y un día superamos) la barrera de los cincuenta grados. Han sido los días que más calor he pasado en todo el viaje. Calor de verdad, del que pesa y apenas te permite caminar. De haber tenido una temperatura más tolerable me hubiese encantado pasear mucho más, pues Kashan tiene un aire de pueblo que invita a ello. Pero resultaba francamente duro. Además, hasta las cinco de la tarde la ciudad está literalmente muerta, con las tiendas cerradas y ni un alma por la calle (hablo de lo que yo he conocido: el verano. El invierno no pinta mejor, con todo cubierto de nieve y temperaturas por debajo de los cero grados). Como para entonces ya conocía la afición de los iraníes a echarse unas siestas de aupa y no “empezar a vivir” hasta el atardecer, me uní a ellos. 

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[Como un pescado, secándome al sol en los tejados de Kashan. Cara de “termina-ya-de-hacer-la-foto-que-me-estoy-torrando”.]

No obstante, nada me impidió realizar todas las visitas típicas y reglamentarias. Kashan es famoso por sus casas históricas, de las que yo visité solo una: la de la familia Tabatabaei (verla en su totalidad -entre pitos, flautas y fotos- nos llevó casi tres horas, y creo que con ella ya tuve una buena muestra). A pesar del calor, el tiempo se me pasó volando, tan absorta como estaba admirando cada uno de los detalles de esa mansión que es en sí una obra de arte. Aquí tengo que agradecer especialmente las explicaciones de Mohammad, quien a pesar de su limitado inglés es un guía excelente que conoce todos los secretos de estas casas; una afirmación extensible a cada uno de los recovecos de su ciudad.

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[Un detalle curioso de las casas en esta zona de Irán es que la puerta principal tiene dos pomos: uno para hombres (con forma “masculina”) y uno para mujeres (con forma “femenina”), que emiten sonidos diferentes según quién llame. Algo esencial en un país donde las mujeres deben saber a quién van a abrir para cubrirse o no antes de hacerlo.]

Como este blog no es la Wikipedia, no voy a describir la mansión estancia por estancia. Lo más destacable de la visita fue que allí me convertí en “modelo” para mi anfitrión, quien ha trabajado 25 años como fotógrafo y desde ese momento se apropió de mi cámara. No soy yo muy de fotos (y menos posando), pero a él le hacía feliz y a mí no me importaba… Fue divertido en cualquier caso; durante aquellos cuatro días me hizo más fotos que todas las haya podido hacerme yo en el último año. De ahí también que en este post yo aparezca en la gran mayoría, ¡es que sin mí apenas tengo!

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Visitamos también el Hamman Sultan Amir, un antiguo baño de una belleza exquisita. Más fotos y muchas conversaciones sobre la política social de Irán, que ha llevado a que este tipo de instalaciones queden relegadas a museos, en lugar de cumplir la misión para la que fueron diseñadas. Un lamentable ejemplo de cómo los fanatismos pueden asesinar la cultura y tradiciones que un pueblo ha mantenido durante siglos.

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[Solo el techo del hamman ya es para quedarse mirándolo embobado un buen rato.]

Y así podría seguir y no terminar nunca. Visitamos la mezquita de Agha Borzorg (esta sí, en uso, con su propia pista de voleibol para los estudiantes), varias pequeñas tumbas… y pasamos mucho tiempo en los preciosos tejados (aunque fuesen un solarium). En todos esos lugares hicimos fotos, muchísimas fotos, algunas bastante ridículas. También tomé muchas de los detalles arquitectónicos de cada edificio, pero me parece más interesante compartir las divertidas, que para fotos de libro de Historia del Arte ya tenemos Internet lleno ;)

Y me reafirmo: Kashan tiene unos rincones preciosos, sobre todo si vas con quien sabe dónde hay que mirar.

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A estas alturas ya ha quedado claro que mi anfitrión en Kashan es un tipo bastante especial, pero nada me molestaría más que se le juzgase sin conocerle. Yo misma tuve que esperar al último día, cuando ya me había ganado su confianza y nos quedamos nuevamente solos, para poder hablar con tranquilidad de su vida y ver que, tras tanta “locura”, late un corazón triste.

Mucho antes de eso (tampoco es este lugar donde desvelar la vida de nadie), el segundo día fuimos junto a la pareja de chechos de excursión a Abyaneh, uno de los “imprescindibles” de la zona. Abyaneh es un pueblo encantador, de casitas de adobe, cuyos habitantes llevan una vida casi apartada del resto de Irán. Al menos los que quedan, pues los jóvenes emigran en cuanto tienen la menor oportunidad, hecho por el cual su población se compone fundamentalmente de ancianos. Además, por algún motivo los “genes” de Abyaneh son bastante buenos, y todo el mundo comenta que sus jóvenes estudian las mejores carreras y se dedican a las mejores profesiones, destacando todos por sus logros.

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En cuanto a los que quedan en Abyaneh, viven tranquilos, trabajan el campo, tienen sus panaderías, y un hecho a destacar es que sus mujeres son muy-muy bajitas y no visten chador, sino unos pañuelos floreados de lo más alegres. También son muy simpáticas.

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[Aunque ésta no lo parezca, por la cara enfurruñada. La foto me la pidió ella, a pesar de no poder hablar (ni inglés, ni farsi, ni nada: no podía.)]

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[Los turistas iraníes también disfrutan de Abyaneh, disfrazados con el traje típico]

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[Momento My Stealthy Freedom con los checos: ¡nos quitamos los velos!]

Y así pasaron los días. El mejor momento era el paseo vespertino por el bazar, que terminábamos bebiendo té y fumando qalyan (narguile) en un bonito hamman de su interior convertido en tetería; el único de Kashan en el que a las mujeres les está permitido fumar, aunque también turístico y más caro. Siempre se pasaba por allí algún amigo de Mohammad, todos miembros de Couchsurfing y deseosos de hablar con todo turista que se dejase caer por la ciudad, especialmente en temporada baja como ésta. La comunidad CS de Kashan es impresionantemente activa.

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Y esa comunidad tiene su “sede” en la casa de Mohammad. La última noche, varios de ellos (tengo historias de cada uno, lástima que no las pueda contar todas aquí) se reunieron en ella para ver el partido de Irán contra Bosnia. Fue un gran final para mis días en Kashan. Allí estaba yo, con cinco (no uno ni dos), CINCO MOHAMMADS viendo ese partido por el que lamentablemente su selección quedó eliminada del Mundial, pero disfrutando de otra velada única con esta gente tan especial.

Porque sí, especialitos son un rato, pero gracias a ello mi estancia en Kashan (que pudo haber sido un infierno debido al calor) fue memorable. Y también precisamente por eso no les voy a olvidar. Es imposible olvidar a semejantes personajes.

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9 comentarios en Kashan: el Padre de Couchsurfing en Irán, mi primer “book” de fotos y otras historias

  1. Quaderns de bitàcola 14 julio, 2014 at 10:32 #

    Hola Carmen! Seguimos desde hace poco tus viajes y nos ha resultado curioso ver que estuviste en casa de Mohammad en Kashan; un hombre encantador con el que coincidimos, su hijo nos regaló un concierto privado (es cantante!). Nos comentó que había tenido más de 200 personas en su casa de couchsurfing, increíble! El baño rosa nos resulta familiar, ja ja! Esperamos que disfrutes mucho de Irán si todavía estás por allí, este país nos encantó! Salud y viajes!

    Enric y Celia

    • Carmen 14 julio, 2014 at 10:37 #

      ¡Jajaja! ¡Todos los caminos conducen a Mohammad! Qué bien que alguien pueda corroborar mi visión de que es un hombre estupendo :D Por supuesto también conocí a su hijo, el único que se pasa por esa casa, dicho sea de paso… Su mujer me hizo comida especial vegetariana :D

      ¡Un abrazo!

  2. Pau 14 julio, 2014 at 11:02 #

    Jejeje lo que me he podido reír con el “cuarto rosa” y las fotos de tu book de modelo para casas históricas. Me imagino tu cara cuando te topaste con ese mundo pink o con la propuesta de modelo. Esa parte menos conocida de Irán es muy divertida :D

  3. Ivy 14 julio, 2014 at 11:36 #

    Qué puntazo en baño, jajajaja. La foto a través de la cruz es muy artística, por cierto. Me han encantado las fotos y el post, aunque aquí no nos hagamos a la idea del calor que tuviste que pasar. Es una cultura que tengo muchas ganas de conocer.

  4. Alicia 14 julio, 2014 at 12:43 #

    Bonita experiencia!
    Abyaneh me da un aire a la kasbah de Ait Benhaddou marroquí.
    Es bonito saber, que gracias a personas como Mohammad es posible vivir experiencias así en paises donde a priori es inimaginable.
    A pesar del calor, tus lineas invitan a visitar la zona!
    Lo mejor: tu foto con la capa! jajaja
    Gracias por compartirlo :)

  5. Helena 14 julio, 2014 at 12:55 #

    Hola!!! Me ha ENCANTADO todos tus post sobre Iran, definitivamente tengo que ir!!!!!!! Es estupendo, me encanta como redactas todo, las sugerencias que haces , tus fotos, la gente que conoces!!!! Respecto a esto ultimo, como podria encontrar los datos de Mohammad en Kashan? Soy “poco experta” en el tema de coachsurfing. te agradezco muchisimo!!!!!

  6. Sele 15 julio, 2014 at 9:47 #

    Hola!!

    Qué buen post Carmen! Me encantó Kashan y he reconocido en tus fotos a algunas personas que vi en Abyaneh jejeje

    El couchsurfing está muy muy bien implantado en Irán. Nosotros yendo de forma tan improvisada no pudimos hacerlo como hubiéramos querido. Pero lo que no es raro es que la gente te invite a su casa directamente, sin ordenadores de por medio.

    Irán es fabuloso y cómo me alegra que lo estés disfrutando.

    Un besazo!

    Sele

  7. Juan Pablo 17 julio, 2014 at 18:28 #

    Me ha encantado tu blog, me ha hecho rememorar el tiempo en que hacia Couchsurfing, ahora con mujer y niños viajo de otra manera.
    Preciosas las fotos y un lugar precioso.
    Un saludo.

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  1. Viaje a Irán: Isfahan, "la mitad del mundo" | Trajinando por el mundo - 29 julio, 2014

    […] quien acababa de dar a luz un par de meses antes). No es que las temperaturas fueran insufribles (viniendo de Kashan a mí me parecían bastante tolerables), pero en verano eso de echar la siesta y vivir de noche […]

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