Sería, más o menos, la una de la mañana. Había tenido tiempo para quitarme la ropa, ponerme el pijama, lavarme la cara, e incluso guardar las lentillas en su caja correspondiente. Diré más: ya estaba metida en la cama, bien tapadita y dispuesta a dormir. Sólo había un problema: no tenía sueño. Ni pizca. Cuando […]
