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Historias rurales de amor y sexo

A medio camino entre Agra y Khajuraho se encuentra Orchha, un pequeño pueblo de no más de 9.000 habitantes que no hubiese conocido si no llega a ser por las ciertamente mejorables conexiones entre los autobuses y trenes de la zona.

A decir verdad, no se trata de un lugar tan inhóspito: aparece en las guías de viaje, y meses atrás estuvo tambaleando en mi itinerario hasta que dejé de interesarme por la planificación minuciosa del mismo. Sin embargo, Orchha había quedado definitivamente descartada de mis planes cuando, tras una parada de casi diez días en Agra, comencé a ser consciente de que el tiempo apremiaba y no podía perder mucho más si mi intención era ver Khajuraho y Varanasi antes del 15 de este mes (fecha en que me hubiese gustado estar ya en Nepal).

Por desgracia (o por suerte), cuando tras seis horas en tren desde Agra me vi atrapada en Jhansi a la una del mediodía, sin más posibilidad que la de esperar hasta la mañana siguiente para coger el próximo autobús hacia Khajuraho, decidí aprovechar el contratiempo y subirme en un rickshaw compartido (lo que viene a ser un rickshaw de los de siempre, ¡pero ocupado por más de 10 personas!) que en media hora me acercó hasta el pequeño pueblo.

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Aquí me ha ocurrido algo que empieza a ser parte de la tónica habitual del viaje: llegar a un lugar donde no tenía pensado ir, o donde no había planeado quedarme más de una noche, para finalmente permanecer allí durante un mínimo de tres días. El primero, porque es cuando llego y apenas tengo tiempo de darme una ducha y salir un ratito antes de que anochezca; el segundo, porque descubro que el sitio es muy interesante y merece la pena quedarse un día más para explorarlo en condiciones; el tercero, porque la noche anterior siempre aparece alguien que, en el último momento, me dice algo así como: “¡Mañana es el Shivaratri, no te lo puedes perder!”.

Así pues, Orchha ha supuesto una agradable sorpresa en mi camino. Alejado de los recorridos más turísticos, se sitúa en un paraje de gran belleza, en medio del campo, a orillas de un río, y rodeada de palacios y templos que recuerdan su glorioso pasado, cuando fuera capital de la dinastía de los Bundela.

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Orchha es un pueblo muy, muy pequeñito, formado por unas pocas calles donde resulta fácil pasear prácticamente sólo durante todo el día, en tanto que son pocos los turistas que se detienen aquí a hacer noche. El pueblo en sí mismo tiene más magia que cualquiera de los palacios que lo rodean (lo que no quiere decir que la visita a los mismos no sea interesante): cada calle y cada plaza encierran tanta belleza como el más magnífico de los fuertes, y las fachadas de las casas son tan peculiares, tan curiosas, que en ocasiones se tiene la impresión de estar caminando por la maqueta de un pueblo de juguete.

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Aquí la aglomeraciones no existen, es suficiente con alejarse un par de calles de la plaza principal, para poder pasear durante horas sin cruzarse con nadie. Si acaso, unas pocas mujeres cargando cestos de fruta, o algunos ancianos que, sentados en la puerta de sus casas, pasan el tiempo mirando al tendido o saludando a los transeúntes. Durante el paseo, es complicado actuar con disimulo y evitar la tentación de pararse en seco a observarles: sus caras, sus facciones y gestos… cada uno de estos rostros cuenta una historia: la historia de su propia vida, y con ella, la de todo el pueblo.

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Pero, por encima de todos estos hombres y mujeres, Orchha es, sobre todo, un pueblo de niños. Aparecen por todas las esquinas y, al contrario que en otras ciudades más invadidas por el turismo, pocos son los que piden directamente dinero: sobre todo quieren jugar y, en la medida de lo posible, hablar (el nivel de inglés en las fonas más rurales deja mucho que desear). Más de tres horas estuve en una plaza jugando a las palmitas con un grupo, cuyo cabecilla, un galán que no tendría más de seis años, me “obligó” a hacerle un reportaje fotográfico en las poses más peliculeras, unas veces solo y otras acompañado por sus “novias” (para verlas todas, id a la galeria: sin desperdicio).

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Nelan ha sido otra de las niñas con quien he tenido el gusto de compartir un rato, tras encontrarla (o, mejor dicho: encontrarme ella a mi) a la salida del colegio. Después de dar un paseo juntas, la acompañé hasta su casa, donde vive con sus cinco hermanos, sus padres y su abuela. Todos ellos duermen en una misma habitación que hace las veces de sala de estar. La casa cuenta con una segunda estancia (o armario grande) donde guardan la comida de los animales y el material de trabajo. La cocina, en este caso, se encuentra en la calle.

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Una habitación para nueve personas.

Ahora que las temperaturas comienzan a subir, vuelve a muchas regiones de India la temporada de bodas. Orchha es una ciudad conocida por su fama de dar buena suerte en este tipo de eventos, y por este motivo son muchas las familias de los alrededores que vienen hasta aquí a celebrar sus matrimonios. Dado que el día 13 se celebraba ni más ni menos que el Shivaratri, fiesta que conmemora, entre otras cosas, la boda de Shiva, os podéis imaginar la cantidad de matrimonios que han tenido lugar aquí en estos días. Lamentablemente no tuve ocasión de colarme en ninguno: el día que finalmente me decidí a seguir a uno de los novios en el desfile que realiza hasta la casa de la novia, resultó ser precisamente el 13, y todo el pueblo estaba demasiando ocupado practicando el ayuno y yendo al templo a hacer sus ofrendas, como para celebrar nada más.

Por la noche, y como colofón al Shivaratri, un desfile formado por un séquito de cinco caballos acompañando a un niño en el papel de Shiva (completamente pintado de azul), cruzó el pueblo en dirección al templo, donde tuvo lugar una pequeña representación de algunas de las escenas más conocidas de la vida del dios.

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Dado que no sé si tendré la oportunidad de volver a verme dentro de una boda hindú, os voy a contar un poco el procedimiento (puede ser un poco largo, así que, el que no tenga interés en ello, tiene mi permiso para saltarse esta parte):

Como ya sabéis, lo normal a día de hoy continua siendo que la pareja no se conozca ni se haya visto hasta el día del matrimonio. Las celebraciones duran tres días, y todos los gastos corren a cargo de la familia de la novia, quien además tiene que pagar una dote a la familia del novio (costumbre que ha querido ser erradicada por ley, pero se sigue dando, sobre todo en los pueblos). En una familia de clase media-baja (esto es: comerciantes, conductores de rickshaw…) con un sueldo de 6.000 rupias al mes, podemos estar hablando tranquilamente de una cifra que no baja de las 10.000 o 20.000 rupias.

El primer día, el cuerpo de los novios (cada uno en su casa) es ungido con termanic, que por lo que me han explicado es un tipo de especia. Tras esto, cada uno de ellos realiza una puja con madera en un altar especialmente montado en el jardín o en el patio de sus hogares para esta ocasión. El ritual termina con la colocación de un brazalete en la muñeca de los novios.

El segundo día, la pareja es nuevamente ungida, esta vez con aceite, tras lo cual van al campo (o, en caso de vivir en una ciudad, al parque más cercano) y cogen un poco de arcilla para la puja, que realizan en el mismo altar de su casa.

El tercero es el día grande. El novio, todavía en su ciudad, desfila sobre en un caballo, acompañado por una orquesta o una furgoneta con altavoces (que emiten una estrepitosa música), mientras todos sus amigos y conocidos bailan eufóricamente a su alrededor. Cuando el cortejo llega a la casa de la novia (en caso de vivir en dos ciudades distintas, se admite el desplazamiento en otro tipo de transporte), el padre de ésta recibe a su futuro yerno y le pone el bindi en la frente. Este gesto es una forma pasarle el poder que, como padre, tiene sobre la chica, y decir “te entrego a mi hija, desde este momento, tú eres su único dios”.

Finalmente, ambos novios se ven por primera vez (esto es un decir, pues la cabeza del novio suele estar cubierta por una especie de “velo” opaco),  y es entonces cuando tiene lugar la ceremonia de casamiento, presidida por un Brahma contratado para la ocasión, y que generalmente es el mismo que, mediante diferentes cálculos astrológicos, determinó la compatibilidad de la pareja y el día más propicio para el matrimonio.

El momento más importante de la ceremonia tiene lugar cuando los novios dan siete vueltas frente a los asistentes, durante las cuales mantienen una especie de diálogo haciendo sus votos. Estos son más o menos así:

Primera vuelta: El Brahma dice a ambos novios que desde ese momento deberán cuidar el uno del otro hasta el final de su vida.

Segunda vuelta: El Brahma advierte al novio que su mujer no es un animal, comida, ni cualquier otra cosa, sino que deberá respetarla en su papel de esposa, madre y compañera.

Tercera vuelta: El novio dice a la novia que no podrá salir de casa sola, a lo que la mujer responde que podrá hacerlo, acompañada de sus hermanas, el día del festival de los hermanos (de cuyo nombre ahora mismo no me acuerdo). A continuación, el novio añade que tampoco podrá ir a casa de amigos donde se beba alcohol, a lo que la novia nuevamente responde que hay un día en que sí podrá beber: en el festival de Mahalaxmi, o festival de los elefantes (al que se considera un animal muy pillín y vicioso)

Cuarta vuelta: El novio advierte a la novia que sólo podrá sentirse atraida por él y que nunca podrá alabar la belleza de otro hombre. La novia replica que podrá hacerlo cuando asistan a otros matrimonios, donde alabar la belleza del novio está permitido, ya que durante ese día el novio no es un hombre, sino un dios.

Quinta vuelta: La novia le dice al novio que deberá pedirle permiso antes de comprar cualquier cosa, ya sean animales, propiedades…

Sexta vuelta: El novio le dice a la novia que siempre que quiera ir al templo a hacer la puja deberá avisarle antes para ir juntos.

Séptima vuelta: El Brahma advierte al novio de las dificultades de la vida conyugal, y le dice que no podrá dejar a su mujer, aunque discutan.

Una vez terminada la ceremonia, cada uno de los novios se reúne con los amigos de su pareja, en habitaciones separadas, durante un par de horas, como una forma de presentarse en sociedad. Finalmente, la familia de la novia celebra una última puja en su honor, tras lo cual los padres la entregan al flamante esposo, mediante el gesto de unir sus manos. A continuación, ambas familias acuden al templo a dejar las huellas de sus manos marcadas en la piedra, antes de separarse nuevamente para reunirse con sus invitados, con quienes cenarán, bailarán y se divertirán durante horas (sí: ¡el banquete también se hace por separado!). En algún momento de la noche los recién casados desaparecerán de sus respectivas fiestas, y nadie preguntará por ellos…

Sin prisa por el Kamasutra: Khajuraho (o explicación gráfica de la noche de bodas)

La ciudad de Khajuraho se ha hecho célebre debido a la gran cantidad de templos que aún conserva de la época en que fuera capital de la dinastía rajputa de los Chandela; una familia que, a pesar de no tener mucho poder, dominó la zona durante cinco siglos, antes de caer frente al ataque de los mongoles. Los templos de Khajuraho son conocidos no sólo por el envidiable estado en que se encuentran (fruto del formidable trabajo de restauración de que han sido objeto) sino, sobre todo, por estar decorados con motivos eróticos, algo que sin duda constituye un poderoso reclamo para las mentes más pícaras.

Sin embargo, cuando sobre las doce de la mañana llegué a Khajuraho, no tuve ninguna prisa por entrar al conjunto. En su lugar me llamó mucho más la atención una feria que se estaba celebrando esos días en la ciudad con motivo del Shivaratri y que tenía revolucionado a todo el pueblo.

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Cada una de las atracciones merecería un párrafo aparte. Básicamente son las mismas que os podríais encontrar en las fiestas de vuestro barrio, pero “un poquito” diferentes: tiro de anillas (a unas pastillas de jabón colocadas en el suelo… el premio: la pastilla de jabón), cochecitos y tiovivos (hecho girar por el dueño de la atracción a base de fuerza bruta), norias (inestables…), break dance (lo más moderno) e incluso un pequeño barco vikingo (o columpio grande, en tanto que también es movido por el operario a base de brazo y músculo).

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Por encima de todo, lo que más me llamó la atención fueron las mujeres. Este género, en cierta forma tan discriminado y reprimido en este país, por una vez parecía libre. Vestidas con sus tradicionales sarees, subidas en el “Dragón” y gritando como niñas, se veían pletóricas y constituían un espectáculo en sí mismas.

Por mi parte, no tardé en verme rodeada de niños y chavales que insistieron para que me subiese con ellos en algunas de las atracciones. En lo alto de la noria, sin ninguna medida de seguridad y con el viento agitando el cesto en que me encontraba, no sentí pánico, pero sí se me pasó por la cabeza que las probabilidades de que un tornillo fallase y me precipitase al vacío no eran tan escasas.

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Mi vida en manos de este individuo.

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Peligrosos juegos en las alturas.

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A la mañana siguiente entré en los templos. Concretamente, en los llamados “del grupo Oeste”, al parecer los más antiguos y elaborados. En un precioso y cuidado jardín se alzan, desperdigadas, unas siete construcciones, en las que todo el mundo se divierte jugando al “Dónde está Wally” erótico: entre imágenes de Visnu, Shiva, y representaciones de escenas de caza y de la vida cotidiana, van apareciendo, algunas veces como escondidas; otras, explícitamente, las picantes imágenes: posturas del Kamasutra, orgías multitudinarias e incluso escenas de zoofilia. Lo más curioso: que junto a muchas de ellas se representase también a algunos espectadores tapándose los ojos con ambas manos, en señal de vergüenza… curiosa hipocresía la de este pueblo.

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El por qué de tanto sexo es una cuestión frente a la cual no existe una opinión unánime. No obstante, la teoría más generalizada sostiene que se trate de imágenes tántricas, “filosofía” según la cual la satisfacción de los instintos y pasiones más básicas es también una vía para trascender las maldades del mundo y adquirir la iluminación. Por otra parte, también puede ser que los constructores del los templos quisiesen simplemente representar la sociedad de su época, sin censura, exaltando todos los aspectos de la vida.

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El caballo puede ser el mejor amigo del hombre (atención a la mujer tapándose la cara)

Sea por lo que sea, de lo que no cabe duda es de que las imágenes de Khajuraho resultan muy inspiradoras, y de hecho son pocos los turistas que abandonan la ciudad sin comprarse antes algún recuerdito, ya sean unas cartas con escenas del Kamasutra o directamente un ejemplar del famoso libro. Si luego en sus casas lo ponen en práctica o no es algo que habría que preguntarles a ellos, aunque por lo que he podido ver, no es algo al alcance de cualquiera…

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No intenten hacerlo en casa.

Mi próximo destino: Varanasi. De la más pura exaltación de la vida, a la celebración de la muerte. Entre ceremonias del fuego y el humo de las cremaciones me despediré temporalmente de este país, ya que, si Dios quiere y los rumores acerca de la nueva ley que prohibe salir y volver a entrar en India en un periodo inferior a dos meses no son ciertos, pondré rumbo a Nepal, el país de los Himalayas. Esperemos que los planes no se tuerzan…

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12 comentarios en Historias rurales de amor y sexo

  1. Rubén 17 febrero, 2010 at 10:33 #

    Vaya narices subiéndote a la noria, ya te vale! XD Lo de que “la novia no es comida” me llegó tanto al alma como al escenita de la yegua… La verdad es que pese a lo modesto del pueblo en si, el entorno parece muy bonito, con todos esos templos tan ilustrativos :) (Me recordaron los canecillos de San Martín de Elines :D).

  2. Laura 17 febrero, 2010 at 11:19 #

    Madre mia Carmen! Entre lo de la noria, que tienes un gran valor. Y el niño galan, me he partido, sobre todo, en la foto de la galería donde tiene un brazo en jarra y el otro en la cabeza, que gracioso! Los templos tanto de Orchha como de Khajuraho, son preciosos.

    Besos y suerte en Nepal!
    Viaje al atardecer
    All About Cities

  3. po 17 febrero, 2010 at 16:20 #

    Hola Ku, me ha gustado mucho este artículo, me he saltado la mitad de la boda pero eso no quire decir que no sea interesante. Debrías no arriesgar con chorradas, aunque cuando nos dijiste de tu viaje no pense en decirte “…hija mía no te subas en la noria”. Te echamos mucho de menos. Un beso.

  4. mami 17 febrero, 2010 at 16:55 #

    Como siempre, cada dia te superas. Un reportaje precioso.
    ! Mira que subir en la noria! !Dios mio! Aunque pienso que eso, despues de todo, es lo de menos en el cumulo de vivencias.
    La boda me ha encantado. No llego a entender que pueda ser cierto.
    Tengo ganas que llegues a españa para que me hagas fotos y salir tan bien como salen todos esos.
    T.Q.

  5. Criss 17 febrero, 2010 at 21:15 #

    Carmen! como me rio con esos comentarios irónicos! jajaja, oye q tampoco te creas q el hombrecillo de la noria dista mucho del de aki de la ranita eh? :p solo q esta todo un poco mas pintado…..dejemoslo asi…jajaja
    bueno las fotos dl taj mahal impresionantes, igual q las palizas q te debes estar dando con tanta caminata…no kiero ni pensarlo, mucha suerte en la proxima aventura!!! un beso enorme!!!

  6. Asun y Ricardo 17 febrero, 2010 at 22:10 #

    Hola Carmen:
    Precioso post, no solo por las excelente fotos, sino por tu relato de la boda todo un estudio etnológico.
    Te seguimos, un abrazo

    La Vuelta al Mundo de Asun y Ricardo

  7. Laia 17 febrero, 2010 at 22:54 #

    Xiqueta! cada post es mejor que el anterior! Aunque haya estado dos meses ausentes por la peli, te he leido como siempre! En el facebook he publicado fotos del rodaje! y a ver si encuentro un hueco y te mando un mail con impresiones y cotilleos, jeje. Besazos guapa!

  8. Manu 18 febrero, 2010 at 13:13 #

    Carmen!!! Hace muxo ke te escribi xo te leemos todos los dias! Sabes ke ya eres una mas de la familia, cuando llegamos a casa no comentamos el ultimo episodio de aida, hablamos de ti!! y no solo con mi novia, hasta a mis padres he enganchao! jeje Echamos en falta actualizaciones mas frecuentes, aunke claro, tambien ahora son mas largas, eso esta bien! Lo ke nos estas haciendo aprender!!

    A seguir asi y Animo desde Madrid!!!

  9. Riky 18 febrero, 2010 at 17:38 #

    Pero, Carmen!…Por Dios!. Como se te ocurre subirte en semejante cachivache.Alma de cántaro, no aprecias en nada tu vida? ja,ja,ja.. La descripción de la boda es muy curiosa.Bueno en general todo, es muy curioso.
    Ah!, los pies de foto, son la mar de ingeniosos, me río mucho con ellos( lo del caballo impagable).
    La incursión a Nepal promete y mucho… Esperamos tu próxima crónica con impaciencia. Un abrazote.

  10. miguel nonay 20 febrero, 2010 at 1:03 #

    Carmen, una joya este post, los templos, los niños, tu descripción y.. bueno, lo de la boda todo un privilegio poder leerlo por alguien que estuvo allí.

    Eres genial.

    Besitos desde Zaragoza.

    A Salto De Mata

  11. panedu 20 febrero, 2010 at 15:56 #

    Muy buen post y completo :)

    Se ven preciosos en las fotos los palacios y los templos, una maravilla… y me encantan las atracciones manuales jaja, digan lo que te digan has echo bien en subir y disfrutarlas.
    Y lo de las imagenes “tantricas” voy a mirar las fotos que tienes en flickr que seguro que hay mas.

    Un beso y en poco mas de un mes nos vemos :)

  12. jose 22 febrero, 2010 at 17:37 #

    Enhorabuena por tu viaje es fantastico.Si vas a Anantapur visista la Fundacion Vicente Ferrer http://www.fundacionvicenteferrer.org ,yo tengo una ahijada y me gustaria ir algun dia.Un abrazo y adelante por India.

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