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Recorriendo Guangxi y Guizhou: el yang (1 de 2)

Por los comentarios recibidos en la entrada anterior, creo haber dado la impresión de que Yangshuo haya sido uno de esos “sapos” que he tenido que besar para llegar al “príncipe”; así que antes de continuar, permitid que me explique.

En absoluto. Yangshuo ha sido una primera parada tal vez “agridulce” para alguien que llegaba de los espectaculares tulou de Fujian y esperaba continuar en la misma línea de autenticidad y tradición. Pero no un sapo; no con esos paisajes.

De los sapos hablaré, cuando toque, largo y tendido. Hoy, de acuerdo al orden cronológico del viaje, voy a centrarme en los “príncipes”, en las cosas buenas, en el yang de mi recorrido por las provincias de Guangxi y Guizhou.

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Ping’an y la Columna del Dragón

Siguiendo el itinerario planeado sobre la marcha, mi siguiente parada fue Ping’an, una encantadora aldea de más de 600 años de antigüedad habitada por la minoría zhuang. Con una población de casi 19 millones de personas, los zhuang componen la etnia más numerosa de China tras los han.

La primera en la frente. Nada más llegar (antes de llegar, si soy rigurosa), el autobús paró en el puesto de control reglamentario donde el turista, sea chino, español o ruso, se ve obligado a aflojar la billetera. 80 yuanes por pisar el territorio de lo que popularmente se conoce como Longji o Columna del Dragón.

Y claro, uno viene de un viaje de casi seis horas entre autobuses y “transbordos” varios, y no puede darse la vuelta tan ricamente. Esto volvería a ocurrirme en casi todos los pueblos a los que iría después; pero había dicho que hoy sólo hablaría del yang, ¿verdad?

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La invasión de los turistas chinos

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Ping’an es una aldea enclavada en medio de impresionantes bancales de arroz que, según todos los libros, son “una proeza de la ingeniería agrícola” (sic.). Sin quitarle méritos al paisaje, que es precioso y, según dicen, diferente en función de la época del año en que se visite, he de decir que a mi me recordó mucho a Sapa, en Vietnam, y quizá por eso no me sorprendió tanto. Incluso diría que Sapa me gustó más, por motivos que ahora sería muy pesado enumerar. Pero dejemos las odiosas comparaciones a un lado.

La pintoresca aldea de Ping’an es, junto con la aldea yao de Dazhai, la puerta de entrada a los bancales de la Columna del Dragón. Se trata, por tanto, de un lugar preparado para recibir turistas, pero que en esencia conserva todo el encanto de sus orígenes: casitas de madera de dos pisos, mujeres yao (de visita, supongo) con larguísimas y cuidadas melenas enroscadas bajo aparatosos tocados, y sobre todo, las terrazas.

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Las terrazas que rodean Ping’an datan de la época de la dinastía Yuang, lo que nos sitúa unos 700 años atrás, aproximadamente. Construidas con la finalidad de aprovechar hasta el último centímetro de montaña disponible para el cultivo de arroz, las terrazas ocupan una extensión de 66 km2 y van desde los 380 a los casi 900 metros de altitud, con inclinaciones de hasta 50 grados. Todo ello regado por un complejo sistema de canales.

El mero hecho de observar a los hombres empujando los caballos montaña arriba, a las mujeres encorvadas bajo pesados cestos llenos de artesanías, o a los porteadores cargando con turistas en sus palanquines, resulta agotador. Ping’an está construida en vertical.

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Debo reconocer que esos días estuve un poco vaga y no llegué a hacer ninguno de los trekkings que, en un tiempo de tres o cuatro horas, permiten acercarse hasta los otros pueblos de la zona;  pero la vista que se aprecia desde los dos miradores cercanos a Ping’an me dejó satisfecha.

Claro que no fue sólo para mi: tuve que compartirla con centenares de chinos, muchos de ellos adolescentes en viaje de estudios, con quienes además disfruté de una encantadora velada jugando a “verdad o acción”. Versión light, claro; que aunque adolescentes hormonados, no dejan de ser chinos.

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El Puente del Viento y la Lluvia de Chengyang

Reconozco que cuando tuve que pagar 60 yuanes por ver un puente, no me sentó bien. Yo no quería ver el puente; yo había llegado allí con el único objetivo de pasear por las ocho aldeas que componen el distrito de Chengyang.

Pero para hacer esto, antes hay que pasar por el famoso puente, y para acercarse al puente hay que pagar. ¡Ah, qué listos son estos chinos! No hay forma de escaquearse.

Por puro orgullo (“¡Estoy harta de que los chinos me cobren por todo!”, gritó Ella en un ataque de ira), estuve a punto de regresar a Sanjiang. Por suerte no lo hice. Y es que, entre la espantosa y ruidosa Sanjiang y la quietud que se respira en las aldeas de Chengyang, hay una sutil diferencia.

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Para ser sincera, el puente, lo que es El puente, no me dijo mucho. Que sí, que es grande; que sí, que es bonito… pero no más encantador que cualquier otro puente que pueda encontrarse en cualquier otra aldea dong. Además, para mi gusto está excesivamente restaurado, como tantas otras cosas en China.

Construido en la segunda década del siglo XX, el puente de Ma’an (como se llama, concretamente, la aldea donde se encuentra) es un buen ejemplo de lo que en China se conoce como “puentes del viento y la lluvia”. Estas construcciones son características de los dong, quienes son capaces de levantarlos sin usar un sólo clavo, como también hacen con sus famosas «torres del tambor».

Los puentes del viento y la lluvia, como su nombre quiere indicarnos, están cubiertos, y bajo su abrigo los dong se dedican a todo tipo de actividades: desde la venta de artesanías a dormir la siesta. Podríamos decir, por tanto, que más que un lugar de paso, suponen un centro de reunión social, como también lo son las torres del tambor.

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Siesta en el interior de la Torre del Tambor

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Dejando a un lado el puente, Chengyang en conjunto es tan bonito, que me dio algo de rabia haber desaprovechado una semana en Yangshuo por “esperar a que saliese el sol”. Exceptuando la zona de la plaza principal de Ma’an, donde todos los días a las tres de la tarde organizan un espectáculo folclórico para los turistas, la zona no puede ser más auténtica y rural, con sus campesinos trabajando el campo, los árboles de té meciéndose al compás del viento y las norias batiendo las aguas del río Linxi.

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Del mismo modo que había estado a punto de volver sobre mis pasos y dormir en Sanjiang, en el momento de irme me arrepentí de no pasar más de dos noches en Chengyang. Los caminitos que conectan sus aldeas se prestan fácilmente a recorridos de varios días, lejos de la ruta más turística y masificada, y no me hubiese importado, de haberlo tenido, dedicar más tiempo a la zona.

Pero el viaje tenía que continuar, y de alguna manera, un presentimiento me decía que mi siguiente destino iba a gustarme todavía más. Y así fue.

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22 comentarios en Recorriendo Guangxi y Guizhou: el yang (1 de 2)

  1. Pau 7 noviembre, 2011 at 17:52 #

    Qué maravilla compañera, poder mezclarte con esas gentes y transportarnos hasta allí.

    Un abrazo!

    • Ku 8 noviembre, 2011 at 4:45 #

      Cuando las cosas van bien, son estupendas :D

      ¡Un abrazo!

  2. jose 7 noviembre, 2011 at 19:44 #

    Muchas gracias por todas las fotos y la información que nos trasmites. Casi es como estar allí pero sin tener que pagar «a los chinos del puente» Aqui en Santander llueve y han caido las primeras nieves en brañavieja.En las fotos los dias estan agradables.¿consigues hablar con las personas, te trasmiten sentimientos o solo información?
    un saludo

    • Ku 8 noviembre, 2011 at 4:50 #

      ¡Hola José!

      Me encanta que me cuentes cómo están las cosas por nuestra tierra. Aqui mucho sol, mucho sol… pero cuando se está tan lejos de casa, se echa bastante de menos el hogar de uno :)

      Hablar con los chinos es difícil. Sinceramente, no es el pueblo con el que más «feeling» he tenido. Unas veces por la barrera lingüística, otras por el propio temperamento de cada parte… Es en las zonas rurales como éstas donde más consigo conectar con la gente; y aún así, bastantes veces sigo notando por detrás un nosequé raro que no me termina de convencer.

      De todas formas, sobre este tema espero hablar próximamente.

      Un abrazo!

      • jose 10 noviembre, 2011 at 11:54 #

        Muchas gracias por tu respuesta. Seguro que no tienes tiempo para nada pero me gustaría saber saber como te preparas los viajes– no el apoyo logístico– sino la información sobre los lugares que vas a visitar.
        Te da tiempo a leer novelas sobres esos países? ¿puedes ver cines, reportajes en la tv? igual es una tontería ya que si tuvieras tanta información para que ir?
        un abrazo

  3. Mari 8 noviembre, 2011 at 0:36 #

    Pagar 60 yuanes por ver un puente…. y encima un puente que no quieres ver!! ….60!!!! y encima YUANES!!!….. y encima un puente!

    PD.pasear…y que te timen…sienta mal …pero en yuanes sienta peor!

    • Ku 8 noviembre, 2011 at 4:51 #

      Te has lucido con este comentario, Marina ;)

  4. Ignacio 8 noviembre, 2011 at 4:27 #

    ¡Qué divertido, te vi ayer en Luam Namtha, en el restaurante Papaya! Sabía que me sonabas de algo, pero no cai… Bueno, ¡espero que el camino siga tan bien como hasta ahora!

    • Ku 8 noviembre, 2011 at 4:55 #

      Pero bueno, ¡qué sorpresa! Ahora mismo me paso pro vuestro blog :D

  5. Blai 8 noviembre, 2011 at 11:39 #

    Fíjate que ent9iendo ahora sí perfectamente lo que dices. Y me alegra de que esto sea el yang…

    Ping’an es un lugar extraordinariamente artificial. Repleto siempre de turistas y que no es para nada representativo de los verdaderos pueblos de la región. No obstante, su peculiaridad y su entorno lo han sentenciado. Merece igualemnte la pena pasarse.

    Y de Changyang poco puedo decir ya que estuve pero un dólo día y me pareció un pueblo sin más. Mucho mejor que los dos anteriores que nos has contado y mucho «peor» que los siguientes que espero que nos cuentes.

    Un fuerte abrazo Ku!

    • Ku 10 noviembre, 2011 at 11:09 #

      Blai, ¡no nos ponemos de acuerdo! :P

      Con el yang me estoy refiriendo a lo positivo, a la luz… y es que, de todo lo que vi, para mi Ping’an y Changyang fueron de lo más auténtico. Con todos sus defectos, claro, pero si lo comparamos con lugares como Yangshuo, o todavía peor (llegaré a ello)… ¡Xijiang! Me quedo con Ping’an, sin duda. Al fin y al cabo, hay turistas, sí, pero fundamentalmente chinos… ¡y también tiene su gracia!

      En fin, hoy publico la entrada de un lugar que conoces, y me consta que en éste sí estaremos de acuerdo :D

      ¡Un abrazo!

  6. A. 8 noviembre, 2011 at 19:05 #

    A mí el puente me ha impresionado, pero es que es la primera vez que veo algo así.
    Qué bonita es China! Y si hay algo que me guste más que las fotos de paisajes, son las fotos de las personas…
    Gracias por acercarnos un poco a esos lugares tan perdidos

    • Ku 10 noviembre, 2011 at 11:11 #

      Me alegro muchísimo de que te guste, A. :D

      Las personas, al menos en estas aldeas, no se dejan fotografiar fácilmente, y cuando lo hacen es para pedir algo de dinero, por eso no he podido hacer tantos retratos como me gustaría… pero no me doy por vencida :D

      ¡Un abrazo!

  7. José Carlos DS 8 noviembre, 2011 at 20:21 #

    Me encantan estas aldeas en medio de esos paisajes, así a ojo de buena Ku ¿cuantos habitantes tendrían de promedio las aldeas de esa zona?

    Y menudo show con los chinos, están como en India que quieren dinero por todo, coño que ya hemos pagado buen visado que vale un buen pico para tener que pagar una entrada a un pueblo, ainss como tiembla la cartera… xD

    Por cierto, felicidades por esos 1000 seguidores en FB, a ver si te alcanzo algún día :P

    Saludos!!!!

    • Ku 10 noviembre, 2011 at 11:16 #

      Uy, José… a mi las matemáticas siempre se me han dado muyyyy mal :S Pero así, a mal ojo, podría decirte que por el número de casas a Ping’an le echo unos 800 habitantes. Chengyang es más difícil, porque no es una aldea sino varias… ¡no me atrevo a meter la pata (más)! Sobre todo teniendo en cuenta el altísimo índice de natalidad de estas zonas rurales…

      Lo de China y el dinero es un tema que se las trae. No sólo por los altos precios, sino poque además estos no siguen ningún criterio! Da lo mismo pagar 7 euros por ver la Ciudad Prohibida, que 10 por una aldea, que 8 por un puente…. Si todo va bien, intentaré hablar de ello en una próxima entrada (el YIN, chan chan chan! jajaja).

      Muchas gracias por lo de los seguidores, seguro que en nada me alcanzas :D

  8. mami 9 noviembre, 2011 at 18:56 #

    ¡Que fotos mas bonitas! aunque para ser sinceros, es el paisaje lo que nos sorprende, sin quitar ningun merito al tecnico que nos lo enseña.
    …… Y ademas, ¡¡ sales TU !! ¡ que linda !

    • Ku 10 noviembre, 2011 at 11:18 #

      Ya me tocaba a somar la patita… aunque solo fuese un poquito :D

  9. Iván 10 noviembre, 2011 at 12:10 #

    Buenas vistas y lugar ese de Ping’an . Buen viaje

  10. Pablo 17 noviembre, 2011 at 4:54 #

    Muchas gracias por tu precioso trabajo, tus relatos y fotografías. Te llevo siguiendo desde que me picó el gusanillo de viajar y aquí sigo tras casi un año. ;-)

    • Ku 17 noviembre, 2011 at 19:44 #

      ¡Hola Pablo!

      Bienvenido a «Trajinando», y muchas gracias por seguirme! Me alegro mucho de que te guste el blog, ¡espero verte a menudo por aquí!

  11. Adria 6 agosto, 2014 at 18:43 #

    Me encanta tu Blog! Parece que estamos contigo en los viajes mientras leemos!

    Una pregunta, que cámara utilizaste en este viaje a china? Las fotos tienen mucha calidad!

    Un abrazo!

    • Carmen 14 agosto, 2014 at 4:41 #

      ¡Hola Adria!

      En ese viaje llevaba una Olympus e-420. Una cámara muy normalita ;)

      ¡Un saludo!

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