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Día 8: Historia de amor en Copenhague

La primera vez que estuve en Copenhague me enamoré de ella. Quizá porque ni siquiera me había planteado como podría ser, no entraba en mis planes viajar a Dinamarca, y si fui fue porque surgió como “escala” natural de un viaje planeado sobre la marcha, mochila al hombro, de tren en tren por Europa.

Corría el año 2006 (sí, he dicho “corría”… el tiempo puede ser mucho o poco según la perspectiva de quien lo mire), tenía 20 años y estaba estudiando tercero de carrera. Circunstancias de la vida me llevaron a querer huir, lejos, sola, pero como hasta la fecha no había hecho nada parecido por mi cuenta, lo que se dio fue un viaje en Interrail con dos desconocidos.

Esa fue la primera vez que metí cuatro camisetas en la mochila y eché a andar sin ningún plan preestablecido. No hicimos ningún recorrido especial (Francia, Alemania, Bélgica…), y sin embargo recuerdo aquellos escasos 30 días como una de las mejores experiencias de mi vida.

Foto de archivo. De muy archivo. Sí, iba de rubia por la vida, ¿qué pasa?

Cada día, mis “dos desconocidos, entonces ya amigos” y yo nos levantábamos sin saber a dónde iríamos, sin guía, sin horarios. Dormíamos en parques, en descampados, en hostales de mala muerte; nos duchábamos en las estaciones de tren, y tras pasar por el Mundial de Alemania en Berlin, a alguien se le ocurrió ir a Copenhague.

Yo de Copenhague no sabía nada, pero tanto me daba ir a la capital de Dinamarca como a cualquier otro sitio. De modo que allí fuimos. Y me enamoré. Me enamoré en todos los sentidos en los que se puede enamorar una persona. Me enamoré de la ciudad, de sus tejados verdes, de sus canales, de sus bicicletas. Y me enamoré de un danés-indio.

¿Y qué clase de raza o etnia es un danés-indio? Pues os lo voy a explicar, pero antes de que alguien me corrija he de decir que en el momento de escribir esta historia me he tomado la molestia de informarme en Internet y es muy posible que los daneses-indios no existan. O quizá sí. En cualquier caso, no me quitéis la ilusión.

A mi la morfología del “vikingo”, en principio, no me gusta. No me atraen los hombres rubios, ni muy altos, con ojos azules o piel demasiado blanca. Nunca diré “de este agua no beberé”, pero en un primer vistazo no son mi tipo.

Por eso, cuando paseaba por aquellas calles ocupada en limpiar la baba de mis amigos (a quienes sí les volvían locos las danesas), comencé a fijarme en un canon diferente: el danés de piel morena, rasgos finos y corpulencia notablemente inferior a la de cualquier “vikingo”. En esos momentos recordé que alguien me había dicho que en Dinamarca había una gran comunidad de expatriados indios, y que la mezcla con la “raza” vikinga daba ese resultado: hombres, a mis ojos, perfectos.

Ahí quedó la cosa, y con las mismas esa noche salimos a conocer la marcha nocturna de Copenhague. Estábamos en una discoteca, rodeados de gigantes, cuando al cercarme a la barra a pedir una copa, un chico (danés-indio, por supuesto) derramó por accidente mi vaso y para compensarlo me invitó a lo que él estaba tomando: una extraña bebida azul cuyo nombre no recuerdo.

Tampoco recuerdo el nombre del chico (impronunciable para mi, por otra parte), pero al poco rato estaba completamente enamorada. O todo lo enamorada que se puede estar en tres horas, que fue más o menos el tiempo que estuvimos hablando. Cuando quisimos darnos cuenta, escuchamos un gran estruendo en la sala, y al girarnos descubrimos que sus gigantescos amigos habían estallado en aplausos y gritos, seguramente (o eso pensaron mis dos compañeros) porque no se creían que el “pequeñín” del grupo hubiese ligado con la española.

Al día siguiente tuve una segunda oportunidad de quedar con “mi danés-indio”, y a su lado Copenhague me pareció más bonito todavía. Fuimos a ver el Nyhavn, la Sirenita, el Palacio de Rosenborg y la estatua de Gefjun. Tampoco tuvimos tiempo de mucho más, ya que esa misma tarde mis amigos y yo debíamos dejar la ciudad rumbo a Amsterdam. Como suele ocurrir con los amores de verano, nunca más supe de él.

Y esta es la historia de mi romance en/con Copenhague. Si me preguntáis por qué la he contado os diré que no tengo ni idea. He estado dos veces en esta ciudad y sin embargo la conozco muy poco, ya que durante la escala final de nuestro crucero por los fiordos no invertimos más de seis horas en ella.

Volvimos a ver el Nyhavn, la Sirenita, el Palacio de Rosenborg y la estatua de Gefjun. También visitamos el particular barrio okupa de Christiania, y como colofón dimos un paseo en barco por sus canales.

Y Copenhague me volvió a enamorar, tanto o más que en aquel viaje relámpago de 2006. Supongo que el haber regresado casi en las mismas circunstancias que la primera vez que estuve en ella (de rebote y con las horas contadas) ha propiciado que a mis ojos la capital de Dinamarca esté envuelta en un velo de romanticismo que nunca tengo tiempo de apartar.

También es casualidad que de ninguno de los dos viajes conserve fotos. Del primero, porque era una viajera totalmente inexperta y apenas saqué un par de ellas con mi compacta, fotos que no merece la pena ni mirar. Del segundo, porque como sabéis se me rompió la cámara, y estas pocas instantáneas tomadas con Instagram es todo lo que he podido recuperar.

Supongo que Copenhague lo quiere así: quedar sólo en mi recuerdo, el mejor lugar donde puede estar. Otros tienen París, Roma, Venecia… yo tengo “mi” Copenhague, una ciudad a la que siempre me gustará regresar.

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29 comentarios en Día 8: Historia de amor en Copenhague

  1. Judith 21 Junio, 2012 at 16:26 #

    Esta claro que las experiencias que tienes en una ciudad te determina si acaba enganchandote o no. Mi experiencia en Copenhague es otra, yo habia planeado ir con mi madre pero no con la infección de óido que cogió al llegar que tuvo que esperar a curarsela a la vuelta. En ese momento fue una buena putada, despues se pasa y ves las fotos y piensas que chulo estaba esto y tal.

    Referente al danés-indio, habias estado en la India ya o no? XD Si no la India parece que ya te empezaba a llamar.
    Y a mi tampoco me gustan los rubios pero los altos con ojos azules y si pueden ser morenos mejor :)

    • Ku 26 Junio, 2012 at 12:09 #

      Como dices, las experiencias, buenas o malas, influyen mucho en el momento de recordar un viaje, un lugar… así que menuda faena lo de tu madre :( ¡pero eso no es sino una excusa para volver y quitarse el mal sabor de boca! :D

      Cuando fui a Copenhague no había estado todavía en India… vamos, ¡ni entraba en mis planes! Tampoco conocía mucho de ese país… pero tenía la idea de que los indios eran guapos, jaja! (y ahora lo he confirmado… con excepciones, claro)

  2. Carfot 21 Junio, 2012 at 18:07 #

    Esta claro que los viajes se recuerdan por las experiencias vividas y no por lo cerca o lejos que vayas… ;)

  3. Elena 21 Junio, 2012 at 19:01 #

    Me ha encantado tu entrada, la forma en que has mostrado como una ciudad es lo que se vive en ella y como eso pasa a formar parte de tu historia personal.

    Saludos

    • Ku 26 Junio, 2012 at 12:11 #

      Gracias, Elena! Cuando uno escribe entradas así es inevitable tener ciertas dudas un en el momento de darle al botón “publicar”, jeje! Pero dada la buena respuesta caerán más, seguro! :)

  4. Patricia 21 Junio, 2012 at 22:27 #

    Sólo puedo decir qué bonito explicas!

    • Ku 26 Junio, 2012 at 12:11 #

      Muchísimas gracias Patricia!

  5. Fran Soler 26 Junio, 2012 at 0:01 #

    Estos amores viajeros no se olvidan nunca!!! Voy a tener que pasarme yo por allí…..
    PD: para que veas que no me olvido de tí y sigo tu blog a menudo….
    Un abrazo

    • Ku 26 Junio, 2012 at 12:14 #

      ¿Quieres ir a Copenhague para ver si conoces tú también a un danés-indio? :P

      Yo tampoco me olvido de ti, Fran! Y sé que tienes los meses que se avecinan no vas a parar :D

  6. mami 27 Junio, 2012 at 16:55 #

    ¡¡ .. y yo sin saber nada !!!! La historia es bonita y yo tampoco tengo porque saber casi nada . JA- Ja. así es la vida !!!

    • Ku 29 Junio, 2012 at 10:16 #

      Hombre… ¡a ti no te lo voy a contar todo! ;)

  7. José Carlos DS 29 Junio, 2012 at 20:34 #

    Ayy el veranito como altera los corazones y luego dicen que la primavera, pero aquí afloran “amores” del pasado y todo :D

    Veo que al final conseguiste apañar la entrada con fotos y todo, ya había leído esta historia hace unos días, pero como soy un chico muy ordenado hasta no comentar en las anteriores, no te he dejado mensajito, ya casi estoy al día, ahí lo llevas jaja

    • Ku 6 Julio, 2012 at 9:26 #

      Me vas a matar con tus avalanchas de comentarios, José Carlos! jajajaja

  8. Miguel Navas bonos belleza Madrid 17 Julio, 2012 at 11:35 #

    Hola, una experiencia interesante, los mejores viajes que he hecho siempre han sido los que no he planeado en absoluto. He descubierto su blog y estoy encantado, es muy completo e interesante, ya tiene un nuevo lector de Madrid.

  9. Perla 13 Noviembre, 2012 at 10:47 #

    ¡Me ha encantado tu blog! Es la primera vez que lo leo y ha sido porque ando buscando comentarios de Copenhague. Soy una mexicana que vive, por ahora, en Burgos y me gusta viajar. Claro que no soy una experta ni he viajado mucho. Gracias por compartir tus experiencias con el resto del mundo. Darte tiempo para escribir acerca de tus viajes ayuda mucho a otras personas en dos sentidos: si viajamos podemos saber qué vamos a encontrar en ese lugar y si no viajamos podemos hacerlo mentalmente a través de tus relatos e historias. ¡¡Gracias!!

    • Ku 15 Noviembre, 2012 at 18:38 #

      ¡Muchísimas gracias, Perla! Comentarios como el tuyo le alegran a uno el día. Trataré de compensártelo de la única manera que puedo: escribiendo más.

      ¡Un abrazo!

  10. Ana 28 Agosto, 2013 at 12:45 #

    ¿Has escuchado la canción de Vetusta Morla sobre Copenhague? Mi hermano estuvo allí de Erasmus y cada vez que la escucha se emociona. Su letra es preciosa. Yo estoy deseando ir a Dinamarca para conocer el Tívoli.

    • Carmen 30 Agosto, 2013 at 10:21 #

      La conocía, pero nunca se me había ocurrido asociarla… La acabo de escuchar y le pega bastante bien a esta entrada, jaja. ¡Qué bonito es Copenhague! Te va a encantar :)

  11. lala 11 Octubre, 2013 at 21:11 #

    si los tipos que son mezcla de daneses con otras razas son preciosos, mi novio es asi también medio danes, eslavo y criollo argentino del Chaco, es un bombón, su papa es bien rubio de ojos claros y su mama medio morochita, en general cuando tienen ancestros nórdicos y de otras etnias salen mas lindos que cuando son gringos puros, yo también soy media sueca, eslava, anglogermana y aymara con españoles,y ya veo como serán nuestros hijos, unos hermosos papines

  12. Gracia 14 Abril, 2014 at 8:22 #

    Anécdotas de los viajes que hacen que unos lugares sean más especiales que otros ;-) Has pensado alguna vez que tu enamoramiento podría deberse a ese brebaje azul que te preparo el danés-indio? jejejejej
    Un saludo

  13. Adrilax 14 Abril, 2014 at 12:08 #

    Da gusto leer también entradas diferentes, como esta. ^^ Hace tiempo que no te comento, pero te sigo leyendo y casi puedo decir que ya estoy de vuelta! Al final no he viajado (ni India, ni Nepal… esas tendrán que esperar); sino que he disfrutado de mi ciudad como si estuviera viajando y… no lo cambio por nada del mundo. Pero mis viajes siguen estando en mis sueños y me seguís inspirando los mismos de siempre… Gracias! Un abrazo crack!!

    • Carmen 14 Abril, 2014 at 14:33 #

      ¡Gracias Adrilax! Lo que has dicho es muy bonito, no hay nada como saber disfrutar de la propia tierra de uno. Y no menos importante es que los sueños sigan ahí, inspirando. Me alegro de contribuir un poquito en eso :D

      ¡Un abrazo!

  14. Ramonchu 17 Abril, 2014 at 17:38 #

    Yo mañana viajo a Dinamarca y por supuesto visitaremos de nuevo Copenhague, es un destino encantador y poco masificado.

  15. Ivy 11 Junio, 2014 at 12:23 #

    Yo soy medio noruega, medio española, y vamos, de exótico poco. Pero mi hermana sí!

  16. Miller 22 Febrero, 2016 at 6:52 #

    Dejarse llevar.. Suena demasiado bién!!

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