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Petra, la ópera

(OBERTURA)

Tener Petra para disfrutarlo (casi) a solas es una suerte de milagro, pero a veces ocurre. Y cuando ocurre, y giras esa esquina tras la que sabes que está el Tesoro, es como si descorrieran el telón de un escenario en el que esa noche la ópera se representa en tu honor. Puedes haberla escuchado muchas veces, y hasta sabértela de memoria, pero ni Spotify, ni los CDs, ni siquiera los antiguos vinilo, pueden igualar el directo; y menos aún el privilegio de tener unos cantantes y una orquesta dando vida a la obra ante ti.

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PETRA

Ópera en tres actos

La acción se sitúa en la antigua capital nabatea, en tiempos de Facebook, iPad y turismo de masas

ACTO I

Escena primera: el desfiladero

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Chorretones de un helado de vainilla y chocolate se deslizan sobre los muros del cañón creando formas caprichosas. Bajo los rayos del sol de la mañana, un elefante petrificado (ja) se hace a un lado para abrirme paso, mientras, en la sombra, los pies descalzos de un camellero acompañan a los míos guiando mi rumbo y el de su caravana, silenciosa y sempiterna. Salvo algún carruaje que me adelanta sin que yo le preste la más mínima atención, nada a mi alrededor emite un solo sonido, pero la música resuena mi cabeza.

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Quien sea fan de Indiana Jones, habrá visto la misma escena decenas de veces. Si se es de los que engullen revistas, blogs y documentales de viajes, uno mismo podría señalar el camino metro a metro. Me sé de memoria las descripciones (y también las emociones) de tantos otros que han estado aquí antes que yo, y aunque no fuera ese mi objetivo, estoy segura de haber eliminado cualquier remota posibilidad de sorprenderme.

A pesar de ello, y de saber perfectamente lo que me espera al final de esa vía sacra, tengo los nervios a flor de fiel, el corazón de corbata y un nudo en la estómago que amenaza con cortarme la digestión.

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[Selfie para inmortalizar el momento.]

Es justo entonces cuando un murmullo precede el instante que llevo años esperando, y ya nada importa, ni las expectativas, ni el miedo a romperlas. El tiempo se detiene, doy un paseo más, y el Tesoro aparece. Aunque conociera la escena de antemano, nada me ha preparado para ello: éste es mi momento y el de nadie más. El viaje ha merecido la pena.

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Escena segunda: el Tesoro

No sé cuánto tiempo permanecí allí, frente a aquella grieta, pero fue bastante. Bastante no: suficiente; nunca se está bastante en un lugar como aquel.

Poco después, sentada frente a esa fachada de dimensiones descomunales, lloré un poco. Ya sé que esto no es raro en mí, pero [comienzo del discurso auto-defensa] que de vez en cuando se me caiga una lagrimita no me desacredita, solo evidencia que soy sensible [fin del discurso auto-defensa]. El caso es que lloré. Al principio nada indicaba que fuera a terminar así: empecé reflexionando sobre cuestiones técnicas (¡¿cómo cojones levantaron eso ahí?!) e históricas, y cuando me quise dar cuenta me estaba acordando de mi madre, pensando en lo mucho que me hubiese gustado que estuviese allí, conmigo.

La primera vez que supe de Petra fue por ella. No sabría decir qué me contó ni cuándo (mucho antes de Indiana Jones, eso seguro), pero desde entonces quedó grabado en mi cabeza de tal modo que para mí Petra es mi madre (mi madre también es Vietnam, tiene múltiples personalidades). Por eso, verlo sola me hizo sentirme triste y un poco “traidora”; hay lugares que quedan marcados por la persona que nos los mostró, con quien tantas veces hablamos de ir algún día. Esa mañana de mayo, sentada frente a uno de los monumentos más grandiosos que se levantan sobre la faz de la tierra, recordé todos los viajes que hemos hecho en familia, los mejores momentos de mi vida, y juré que Petra sería una excepción (otra más, como Vietnam); que haría lo posible por convencerles para volver a viajar y seguir creando recuerdos alrededor del mundo.

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Segura de mi poder de persuasión, me sacudí las nostalgias y despejé mi mente de pensamientos-satélite para fijar mi atención en lo que tenía delante. Ante una obra de semejantes magnitudes no puedes evitar hacerte cientos de preguntas. El (re)descubrimiento, llevado a cabo por mi viejo amigo Johann Ludwig Burckhardt (quien junto a Giovanni Battista Belzoni fue uno de mis héroes de infancia, como responsables del también redescubierto de los templos de Abu Simbel), es lo que a mí más me inquieta. Creo que en mi cabeza todo está mezclado, realidad y ficción, lo que leí en libros de Historia y la escena de Indy entrando a caballo. Qué mas da, no debió ser muy diferente. Burckhardt sabía lo que estaba buscando, pero encontrarse, sin preaviso, con esta mole al final del desfiladero tuvo que provocarle una impresión como para hacérselo encima (ya sé que es una expresión vulgar, pero estoy segura de que es la que más se acerca a lo que el explorador suizo sintió aquel día).

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Entre unas cosas y otras, esa mañana no invertí menos de hora y media frente a aquel edificio, sin moverme de mi butaca improvisada en el suelo. Su belleza, y detalles como los disparos en la urna (la creencia de que estuviera llena de oro da nombre a un “Tesoro” que nunca fue tal) hicieron volar mi imaginación y me tuvieron absorta durante largo rato. El halo de misterio que rodea todo Petra le otorga aún mayor encanto. La gran mayoría de los edificios que componen la ciudad no se sabe con seguridad qué finalidad tenían: el mismo Tesoro pudo ser la tumba del rey o un templo. Tanto mejor no saberlo a ciencia cierta, así es todavía más mágico.

Si la visita hubiese terminado ahí, si eso hubiese sido todo, me hubiera ido a casa igual de abrumada y completamente satisfecha. Pero el espectáculo apenas acababa de comenzar.

Escena tercera: desde las alturas

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Hay que hacer un pequeño esfuerzo, pero la panorámica de la ciudad de Petra desde las alturas lo compensa. Había leído (y visto en fotografías) que por aquel camino se accede a una perspectiva del Tesoro espectacular, y llegar hasta el punto exacto desde donde se consigue no fue menos emocionante. Subiendo aquella montaña, sorteando rocas, con la única compañía de un amigo beduino (del que más adelante hablaré), me sentí un poco como Indy. El instante en que el Tesoro aparece bajo tus pies es tan memorable como la llegada a través del Siq. De hecho, yo me quedo con esto. Y hasta una hora más me quedé allí. Si no hubiese sabido lo que aún tenía por delante, hubiese pasado el día en aquel mirador.

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Escena cuarta: estoy sola

Tuve que caminar un buen rato para ser consciente de que estaba sola de verdad. Era evidente desde el principio, pero jamás hubiese imaginado que gozaría del privilegio de tener Petra solo para mí. La antigua capital de los nabateos es el mayor reclamo de Jordania, una media de 3.000 personas la visitan cada día (sí, CADA DÍA), y además yo ya tenía una experiencia previa para poder comparar… Cruzarme con apenas doscientos turistas en toda la jornada no entraba en mis planes (habría más, pero no nos encontramos), y gracias a ello pude disfrutar de un verdadero viaje en el tiempo transportándome (interiormente) a esa época en la que Petra era una ciudad llena de vida, centro comercial y parada necesaria para las caravanas de comerciantes que cruzaban el desierto llevando sus productos de Oriente a Occidente. Cuesta imaginar que el agua brotara de sus fuentes, pero lo hacía. Lo que ahora es una ciudad desierta, una obra de arte tallada en roca, tuvo que ser en su día una ciudad bulliciosa y llena de color.

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Atravesé la Calle de las Fachadas, y no vi ni al Tato. “Se habrán quedado todos en el Tesoro, o estarán más adelante”, pensé, pero el panorama no cambió. Paseé entre casas y tumbas excavadas en la roca completamente sola; en el teatro, yo fui la única espectadora. De vez en cuando algún beduino, como mi amigo Hamad, se acercaba a mí, poco convencido, para ofrecerme los servicios de su burro/caballo/camello. Otras veces solo buscaban algo de conversación.

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Seguí mi camino hasta el Monasterio, para mí, la verdadera joya de Petra, especialmente porque su imagen ha sido mucho menos manoseada y supone toda una sorpresa para el visitante medio que no sabe lo que se va a encontrar. El Tesoro es una maravilla e impacta por su acceso, pero si Petra es una ópera, el Monasterio es su aria principal; una obra imponente, en un excelente estado de conservación y de una belleza tan conmovedora que su sola visión emociona hasta las lágrimas. Dicen que los atardeceres aquí son de los más bonitos que se pueden contemplar en la ciudad, pero como yo solo tenía dos días y no me organicé bien, me quedé con las ganas de verlo.

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El atardecer ese día lo vi en uno de los lugares clásicos y recomendados por todas las guías: frente al teatro, de cara a las Tumbas Reales. Yo, que cuando al inicio del día había pasado por la Calle de las Fachadas ya aluciné con el tamaño de aquellas (hasta creer que esas tumbas eran las de los reyes), cuando descubrí éstas me quedé helada. El atardecer hizo justicia a su fama: los cambios de color en la roca a medida que el sol fue desapareciendo de escena fue un espectáculo en toda regla.

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Reconozco que tuve mucha suerte. Ver Petra sin turistas no es lo normal, pero ha llegado el momento de confesar la verdad: éste no fue mi primer día, sino el segundo. Volvamos atrás.

ACTO II

Escena primera: el desfiladero

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Mi primer día en Petra fue muy diferente. El acceso a través del Siq lo hice acompañada de una marabunta de turistas que le quitaban un poco de encanto a la “entrada triunfal”. Aún así, estaba tan nerviosa que al principio no me importó; incluso me beneficié de las explicaciones de sus guías, algo que me fue muy útil cuando al día siguiente hice el mismo recorrido casi completamente sola.

Lo cierto es que fui capaz de abstraerme hasta llegar al final. Cuando ya quedaba poco, el corredor empezó a parecerme más largo de lo previsto, me distraje y tuve ocasión de romper el hechizo fijándome en eso otro que también me rodeaba. Tropecé con un par de grupos de españoles e italianos armando escándalo, y un beduino (el ya nombrado Hamad) se pegó a mi sombra hablando sin parar, como empeñado en arruinar ese instante mágico por el que había cruzado medio mundo, para vivir lo que para él es rutina.

A pesar de todo, cuando apareció el Tesoro me quedé sin habla igualmente. Y me sigo considerando afortunada: para valorar adecuadamente la enorme suerte que supone disfrutar de una Petra sin turistas, es necesario haber vivido antes la “normalidad”.

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[Colores del tesoro en la puesta del sol del primer día.]

Escena segunda: lo menos bueno

La visita a Petra tiene varias cosas en contra de las que tienes que saber olvidarte cuando estás allí (si quieres disfrutar). La entrada es excesivamente cara (por muy maravilla que sea, se trata de un auténtico abuso), los beduinos parece que tuvieran como objetivo sacarte el dinero que te quede (aunque para ello deban pisar por encima de tus ilusiones) y los grupos de turistas, si bien van a la suyo y no molestan directamente, son una presencia constante de la que resulta difícil evadirse para soñar con tu propia película. Esa es tu misión: evadirte.

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Yo el primer día reconozco que no lo conseguí. Disfruté, pero lo justo, principalmente porque mi relación con los beduinos no empezó con buen pie. A Hamad le cogí manía desde su intento de arruinar mi primera visión del Tesoro, y el muy ******, no contento con ello y siendo más que evidente que no nos caíamos bien, decidió convertirse en mi sombra, acompañándome incluso hasta el Altar del Sacrificio (¡que está en el quinto pino!) haciendo de mi primera mañana un infierno. Le odié, pero así como confieso esto también digo que al día siguiente nos llevamos bien y hablamos bastante. Supongo que fui más mentalizada y preparada para torearle, a él y a todos los demás. Aún así, son muy pesados con el compra-compra, y  algunos tienen una política de “y si no, te trato mal” que como persona que con toda su ilusión ha viajado 3500 kilómetros para estar ahí, me duele y me ofende.

Pero quiero pensar que no todos son así y, para comprobarlo, la próxima vez que vaya me gustaría alojarme en su poblado, a ver si encuentro algo de la auténtica esencia beduina allí.

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Otra cosa que no me gusta de Petra es todo lo que rodea a los animales. De los caballos y los camellos no entro a hablar, pero el tema de los burros no puedo callármelo. Por mucho cartel asegurando que reciben buen trato, y que si alguien es testigo de lo contrario puede denunciarlo, ver a esos burritos convertidos en esclavos, obligados a subir la montaña una y otra vez, cargando con personas de cien kilos de peso, con sus patitas que se quiebran, resbalando, tropezando, recibiendo palos, me parte el corazón. Lo siento pero no puedo soportarlo, no lo admito y lo denunciaré hasta quedarme sin voz.

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ACTO III

Escena primera: la despedida

Me despedí de Petra el tercer día, asistiendo al espectáculo Petra by Night. Me habían advertido que era muy turístico, y lo es; que era muy corto, y dura media hora; que pagar 12 euros para media hora después de haber pagado 50/55/60 por visitar la ciudad 1/2/3 días es un abuso, y estoy de acuerdo (debería estar incluido, vaya chollo tienen montado), pero no me arrepiento: “cuando estás en el baile, hay que bailar”.

El paseo a través del Siq iluminado por velas es mágico, y el escaso ratito que te permiten admirar el Tesoro entre luces y sombras también, por mucha gente que tengas alrededor. Lo de menos es el acompañamiento musical: Petra es música en sí misma. El espectáculo nocturno fue el Grand Finale para una ópera a la que espero volver.

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17 comentarios en Petra, la ópera

  1. Avistu 23 julio, 2014 at 20:17 #

    Me esperaba una Ópera Rock pero aún así he aplaudido (mentalmente) cuando has bajado el telón (figuradamente). Muy bien, Ku ;)

    (por cierto, el Tesoro es legendario – gracias, Profesor Jones – pero a mí me pareció más melancólico el Monasterio, no me preguntes el porqué)

    (Ah!, el Monasterio también tiene un rincón en el cine, aunque muchos de los que vieron las escenas en la gran pantalla no supieran lo que tenían delante, en una película llena de errores de localización…Transformers: Revenge of the Fallen)

    • Carmen 23 julio, 2014 at 23:35 #

      Por el amor de Dios, Avistu, ¿Transformers: Revenge of the Fallen? ¡jajaja! Ahora dime que es una buena película y me callo para siempre… :P

      Sí, el Monasterio es mucho… más :)

      Me alegra que te haya gustado, gracias :)

  2. Mami 23 julio, 2014 at 21:08 #

    Muy bien contado y conseguiste engañarnos un poco, aunque los turistas ( entre los que me encuentro ) te quitaran espacio para soñar, Petra tiene fuerza y belleza para poder con todo, como tu transmites. TQ.

    • Carmen 23 julio, 2014 at 23:36 #

      Ojalá vinieras conmigo a conocerla…

  3. Indara - El sofa amarillo 23 julio, 2014 at 23:00 #

    Carmen, siempre consigues emocionarme. Mi madre también es Petra y es posible que en otoño me la lleve hasta allí, me muero de ganas. ¿Hay alguna explicación de por qué al día siguiente estaba vacío, o fue pura casualidad? Creo que yo también compraré la entrada para dos días a ver si tengo la misma suerte! :)
    Un besito enorme
    Indara

    • Carmen 23 julio, 2014 at 23:42 #

      ¡Hola Indara!

      Sí, creo que puedo darte una media-explicación (o al menos, mi teoría):

      Muchos grupos visitan Petra solo por un día (algunos ni siquiera dentro de un viaje a Jordania, sino que se desplazan exclusivamente para la visita desde Israel o Egipto), y lo hacen coincidir con Petra by Night, que es los lunes, miércoles y jueves, si no estoy equivocada.

      Mi primera visita a Petra, lleno de grupos, fue un lunes (día de espectáculo) y el segundo día que entré, encontrándomelo casi vacío, fue un martes (día sin espectáculo). Algo me hace pensar que si hubiese repetido visita el miércoles y el jueves también hubiese habido más gente.

      Como te digo, es solo mi teoría, pero pueden ir por ahí los tiros…

      ¡Un abrazo!

  4. Isabella 23 julio, 2014 at 23:38 #

    Es la primera vez en dos años (desde que empecé a leerte, cuando preparaba un viaje a Indonesia) que me animo a escribirte y finalmente me he decidido a hacerlo al leer cómo te recordó Petra a tu madre. Yo comparto ese sentimiento, aún no lo he visitado, pero si algún día lo hago, doy por seguro que sentiré algo muy parecido…
    En cuanto al maltrato animal y al acoso al viajero… es uno de los motivos por los cuales de momento Jordania no forma parte de mi lista inmediata de destinos a conocer antes de los 35 (ahora tengo 29) Quién sabe…
    ¡Ah! A mí también me has dejado intrigadísima con esa mágica y solitaria visita a Petra… ¿Nos cuentas tu secreto? porfa…

    Shukran!! :)

    • Carmen 23 julio, 2014 at 23:51 #

      ¡Hola Isabella!

      Acabo de “desvelar” el secreto en el comentario anterior, pero como digo es solo una teoría… Creo que los días sin espectáculo (“Petra by night”) lo visita menos gente. Y supongo que también la suerte influyó. No hay más secreto :)

      Anímate a conocer Jordania, es un país estupendo y con cero acoso al turista. En Petra concretamente los beduinos se ponen un poco pesados, pero es solo para que compres y te subas al burro… basta con decirles que no.

      En cuanto al maltrato animal, más de lo mismo: yo esto solo lo he visto en Petra y no podría calificarlo de “maltrato” como tal (he comentado que hay carteles por los que se supone que es un tema controlado), pero explotación animal, sí… ¿y en qué país no se explota a los animales? (que conste que no pretendo quitarle importancia: estoy completamente en contra de ello)

      No te pierdas Jordania por esto :D

      ¡Muchas gracias por comentar!

      Un abrazo,

      Carmen

  5. Ivy 24 julio, 2014 at 11:57 #

    Te prometo que leo la entrada en detalle una vez que lo vea, porque son fotos tan alucinantes que si no temo que se me chafe la “sorpresa”. A ver si consigo leerla sin observar mucho las fotografías… Bueno es saber cuándo se puede evitar hordas de gente para que haya todavía más magia en el momento.
    La verdad que llevo un poco de canguelillo con el viaje… Ya sabes, la etapa final…
    Un abrazo!!

    • Carmen 14 agosto, 2014 at 5:43 #

      ¡Espero que estés disfrutando mucho de tu viaje? ¿Habrás llegado ya a Petra? :D

      • Ivy 20 agosto, 2014 at 0:32 #

        Hoy ha sido nuestro segundo día en petra, y ayer incluso remoloneando un poco vimos parte del espectáculo nocturno. Hoy estamos en Amman. Ha sido impresionante, no encuentro palabras y me ha sorprendido mucho porque Petra… es mucha Petra. El viaje está siendo espectacular, y todos los temores iniciales se nos han ido rápidamente.
        Además hay cosas de las que prácticamente hemos disfrutado a solas, sobre todo en Egipto por el bajón del turismo, y eso es un lujazo. Este viaje se me quedara grabado en la retina para siempre. Un abrazo.

        • Carmen 27 agosto, 2014 at 18:10 #

          Me alegro muchísimo de que todo esté yendo bien. ¿Habéis ido al final a Cisjordania? Parece que ahora están las cosas más calmadas… Un abrazo!

          • Ivy 4 septiembre, 2014 at 10:15 #

            Al final, además de lo previsto en Egipto y Jordania, hemos estado en Jerusalén, Belén y Nazaret. Me quedé con las ganas de ir a Hebrón, pero preferí dejarlo para otra ocasión, dada la situación. Dos días antes de nuestro vuelo se anunció el cese (por ahora) de la guerra, que fue cuando ya fuimos a Tel Aviv, antes de nuestro vuelo.

            Ha sido EL VIAJE. He visto cosas impresionantes, alucinantes, en un solo viaje. Yo lo he disfrutado mucho, pero por desgracia mi familia lo ha pasado bastante mal, viendo las noticias y temiendo lo peor. Pero la verdad que todo ha ido como la seda, incluidos los dos cruces de fronteras (al margen de las taxi mafias que nos esperaban para ir a Aqaba).

            Para mi, Petra es mi padre (me llevó al cine de peque a ver la peli de Indiana Jones), y Tierra Santa es mi madre. Nunca la vi tan emocionada como cuando le relataba los lugares santos que había visitado. Me los voy a tener que llevar alguna vez, a ver si se animan :)

            Un abrazo y gracias por preguntar!!

  6. Pau 24 julio, 2014 at 12:24 #

    Como he disfrutado en la Ópera contigo Carmen, cada vez soy más fan de tu blog y eso que ya van unos cuantos años que te acompaño en tus viajes

  7. Traveline 6 abril, 2015 at 11:24 #

    Entrar a Petra es viajar en el tiempo y su desfiladero de colores ocres y naranjas preanuncia los monumentos que te cortan el aliento. Un lugar realmente increíble!

    Enhorabuena por el artículo Carmen!!

  8. ivan 26 agosto, 2015 at 0:06 #

    Por supuesto y ante todo felicitaciones por el blog… empiezas a leerlo y deseas q jamas acabe… de verdad felicidades, sobretodo por el sentimiento y sensibilidad que empleas al describir lo vivido ( en eso nos parecemos) viajar es mi vida… ahorrando todo el puto año sin salir apenas para cuando llegue el momento de largarme de la ciudad y conocer mundo…
    El hecho es que siempre tuve a Petra en la mente, en la retina y por suerte en la cabeza (ya que estudié historia del arte)…. Espero que mi futura experiencia (febrero 2016) sea ni tan solo la mitad de buena que como fue la tuya.
    te dejo mi facebook – email … tenemos una cosa en comun… la pasion con la que se conoce mundo… y de paso te podria acribillar a preguntas…que aunque me fie de las guias – libro… me fio mas de alguien que lo ha vivido.
    Saludos desde Barcelona.
    un beso

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