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Hebrón, el espectro de una ciudad

Nunca antes un lugar me ha provocado un desasosiego como el que he sentido en la ciudad fantasma de Hebrón. He paseado por sus calles desiertas, en la zona H2, sin poder quitarme de encima la sensación de que alguien vigilaba cada uno de mis movimientos. Y es así: en Hebrón siempre hay alguien observando. Generalmente con un arma en la mano, lo que no proporciona mayor tranquilidad, aunque sepas que tú no eres el objetivo.

Pocos lugares hay más críticos y sensibles al conflicto palestino-israelí que Hebrón. Únicamente el Monte del Templo en Jerusalén, donde la mezquita de Al-Aqsa se levanta a escasos metros del Muro de las Lamentaciones, en el mismo emplazamiento antes ocupado por el principal santuario del pueblo de Israel, lo supera. La importancia del Monte del Templo es indudablemente mayor, pero la situación que actualmente se vive en una y otra ciudad es muy diferente. En Jerusalén los enfrentamientos quedan silenciados bajo hordas de peregrinos y el turismo masivo. Hebrón muestra sin tapujos su verdad, la de ser un campo de batalla incandescente.

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[“¡Gasead a los árabes!”]

El origen del problema viene de atrás, como ocurre con casi cualquier cosa que ataña a esta tierra condenada a la desgracia por su propia condición de santa. En Hebrón se encuentra la Tumba de los Patriarcas, lugar de enterramiento de Abraham, Isaac, Jacob y sus mujeres, venerada de igual modo por judíos, musulmanes, y en menor medida, también por cristianos. Los primeros reivindican su derecho sobre el santuario (y sobre todo el territorio de Hebrón) alegando que la cueva original sobre la que se ubica fue comprada por Abraham por cuatrocientos siclos de plata, representando así la primera propiedad legítimamente judía en un territorio que hoy reclaman como parte de su Estado. Por su parte, para los musulmanes se trata de uno de los lugares más sagrados del Islam, pues el profeta Ibrahim (Abraham en árabe) fue quien construyó, junto a su hijo Ismael, la Kaaba de la Meca.

La convivencia entre musulmanes y judíos en Hebrón nunca ha sido especialmente buena (sirva como ejemplo la matanza de 1929), pero la situación se agrava más todavía a partir de 1948 cuando, al realizarse la partición, Hebrón queda incluida dentro de los territorios asignados a los palestinos (zona A), expulsando oficialmente a los judíos de una ciudad donde “siempre habían estado presentes”. Tienen que pasar casi veinte años para que, tras la Guerra de los Seis Días, Hebrón sea “liberada” y los primeros colonos no tarden en llegar encabezados por la familia del rabino Moshe Levinger, quien alquila un hotel en el centro de la ciudad del que se niegan a salir. Hoy, casi medio siglo después, son cinco los asentamientos que estrangulan y penetran Hebrón hasta su corazón.

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La tragedia que marca definitivamente el destino de Hebrón (por ahora) tiene lugar el 25 de febrero de 1994, cuando Baruch Goldstein, un colono ultraortodoxo del asentamiento de Kiryat Arba, irrumpe (presumiblemente apoyado por los solados israelíes, que casualmente desaparecieron del checkpoint en el momento de los hechos) en la Tumba de los Patriarcas y dispara indiscriminadamente contra los más de 600 musulmanes que se encontraban en su interior, provocando 29 muertos y entre 120 y 200 heridos, según a quién le preguntes.

Finalmente, en 1997 se firma el acuerdo según el cual Hebrón queda dividida en dos sectores: la zona H1 (correspondiente a un 65% de la ciudad, sin incluir la Ciudad Vieja ni la Tumba de los Patriarcas) bajo jurisdicción de la Autoridad Nacional Palestina; y la zona H2, bajo control militar israelí, en la que a día de hoy conviven unos 15.000 palestinos con 800 colonos que imponen su ley, protegidos por 4.000 soldados israelíes. Todo un ejército.

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Hebrón es la ciudad más compleja en la que jamás haya estado. Lo suficientemente compleja para que, a pesar de mostrar las entrañas del conflicto en toda su crudeza, viéndose de forma más clara que nunca cómo actúan sus protagonistas, no haya podido evitar cuestionármelo todo. Muchas de mis ideas, tan firmes como creo tenerlas, se han tambaleado en ciertos momentos. No se puede dar nada por sentado.

La culpa de esto, como siempre, la tienen las personas que he conocido en el camino. El primero de todos, mi anfitrión en la ciudad: un palestino en cuya casa me he alojado, teniendo la oportunidad de compartir largas conversaciones que me han ofrecido un punto de vista digamos “diferente” al que vengo estando acostumbrada.

Este chico (cuyo identidad me reservo) es un couchsurfer empedernido (va camino de convertirse en el Kuni de Oriente Medio) y asegura disfrutar conversando con israelíes y alojando viajeros judíos en su casa, entre muchas cosas más. De forma secreta, por supuesto, como todo lo que hace en su doble vida (especialmente viviendo en Hebrón, una ciudad muy conservadora): desde bailar y beber alcohol en los pubs de Bethlehem (la “ciudad del pecado”, según él) a condenar la religión, algo que su familia jamás aceptaría. Y si bien con muchas de sus ideas extremadamente pacifistas no concuerdo (“además de puta, poner la cama”, se diría vulgarmente), creo que hace mucho más él por extender los puentes del diálogo que podrían llevar a una conciliación, que los dirigentes de uno y otro bando. Una conciliación que no es más que una utopía, pero como diría Galeano: la utopía sirve para caminar.

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[Máscara de V de Vendetta: un símbolo de la utopía y la lucha contra las tiranías.]

Mi estancia en Hebrón ha coincidido con el 66 aniversario de la Nakba. El primer día que salí a pasear me encontré todos los comercios cerrados y ni un alma por la calle, y no comprendí que sucedía hasta que me pasó una piedra volando a diez centímetros de la cabeza. Entonces los vi: policías palestinos por un lado, chavales armados con piedras y cócteles molotov por el otro, y los colonos haciendo su parte desde las ventanas. Enseguida supe que ese día no era el más indicado para explorar la ciudad y me fui a casa.

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A la mañana siguiente salí de nuevo, y el centro de Hebrón se me mostró como realmente es, con la algarabía y bullicio propios de una ciudad árabe. Pero todo cambia cuando te adentras en la Ciudad Vieja  y aparece la primera red metálica sobre tu cabeza, puesta ahí para proteger de la basura e incluso muebles que los colonos arrojan desde sus ventanas para obligar a los palestinos a abandonar sus tiendas. Cuentan que hasta no hace mucho tiraban orines y heces, y todavía hoy hay quien arroja agua hirviendo, lejía o pintura, contra las que las redes no pueden hacer nada.

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Además de una situación lamentable, es una pena porque las callejuelas del casco antiguo no pueden ser más bonitas, y sería una maravilla poder verlas en su esplendor, con todas las tiendas abiertas, los vendedores gritando sus ofertas y niños jugando. Pero a cada paso el panorama no hace sino empeorar, hasta llegar a un punto en el que, mires donde mires, solo ves galerías absolutamente desiertas y puertas selladas desde hace años.

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Lo normal en esta zona es que, antes o después, se te acerque algún chavalín para enseñarte (a cambio de unas monedas, cómo no) algún edificio por dentro y contarte la historia de las familias que vivían en él, así como de aquellos a quienes se les han ofrecido “miles de millones de dólares” si renuncian a sus hogares, y sin embargo resisten. No todos los datos cuadran (nadie, de ningún bando, está libre de intentar sacar rentabilidad de las desgracias), pero sea como sea, que unas estupendas viviendas en pleno centro de la ciudad hayan tenido que ser abandonadas en estas condiciones, son hechos que hablan por sí solos.

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De repente, sin darme cuenta, me topo con el checkpoint que da paso a la Tumba de los Patriarcas. Me sorprende la simpatía de los soldados israelíes y, muy particularmente, las bromas y risas que comparten con una mujer palestina camino de la mezquita. Éste será uno de los muchos temas que ocuparán mis pensamientos durante esos días.

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Desde que Herodes El Grande construyese una muralla alrededor del lugar de enterramiento original, la Tumba de los Patriarcas ha adoptado todas las formas posibles (mezquita, iglesia bizantina…) hasta presentar su aspecto actual, el de un enorme y sobrio edificio de corte medieval en el que pueden apreciarse detalles árabes.

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El lugar está completamente controlado por el ejército israelí y, como el resto de la ciudad, dividido en dos: una parte de mezquita y otra que hace las veces de sinagoga. El ambiente que se respira en cada una no puede ser más diferente: mientras en la segunda el gentío es constante y el comentario (entre guías y turistas judíos, principalmente) más repetido “Pensad que hasta hace treinta años aquí no podíamos entrar”, acompañado de algún lloro puntual; en la mezquita ninguna de las veces que entro me encuentro con un alma. Sentada en su alfombra he pasado algunos ratos tratando de imaginar los terribles hechos del 25 de febrero de 1994, y haciéndome muchas preguntas a las que no consigo dar respuesta. ¿Por qué esa necesidad de los judíos de celebrar y regocijarse en todas las desgracias que les han ocurrido a lo largo de la Historia? ¿De justificar cada una de sus acciones en base a ello? ¿Qué te aporta una religión que solo te recuerda lo más miserable de la existencia humana? ¿Cómo puede alguien, en pleno uso de sus facultades y ya en el siglo XXI, creerse el pueblo “elegido”? Me repele y, al mismo tiempo, me fascina.

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Pero si hay un lugar en Hebrón donde los interrogantes brotan en cascada al tiempo que tu corazón se encoge, es la conocida como “ciudad fantasma”, que aunque rodea la Tumba de los Patriarcas, impacta todavía más si el acceso se hace a través del checkpoint que la separa del centro de la ciudad. Es decir, que volvemos sobre nuestros pasos.

El contraste es demasiado violento para parecer real. Un momento estás en plena avenida comercial, rodeado de puestos de fruta, restaurantes de falafel y tiendas de ropa, y en cuestión de segundos atraviesas una puerta protegida por media docena de soldados israelíes y apareces en una calle que más bien se asemeja a la Zona Cero víctima de un desastre nuclear. Es la calle Shuhada, rebautizada como calle del apartheid por los palestinos. Hace veinte años esta calle era la principal vía de acceso a la Tumba de los Patriarcas y una gran arteria comercial que unía el norte y sur de la ciudad, pero después de la masacre de 1994, los israelíes la cerraron por “motivos de seguridad”. Así funcionan las cosas en Hebrón: un fanático comete un asesinato de palestinos en masa, y como recompensa, cierran la calle con sus más de 300 tiendas a los palestinos, mientras los colonos tienen total libertad para moverse a su antojo por ella.

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La sensaciones que he tenido paseando por esa zona muerta son difíciles de transmitir. Decía al principio que ningún otro lugar me había producido tanto desasosiego, pero queda incompleto si no añado también asco (literalmente, se me revolvió el estómago hasta tener ganas de vomitar) y miedo. Tristeza. Incredulidad. Impotencia. Y muchas preguntas.

Es imposible no fijarse en las Estrellas de David con las que han sido marcadas muchas de esas casas y tiendas de las que los palestinos han sido expulsados, o los mensajes “¡Gasead a los árabes!”, sin reparar en la inquietante similitud que todo ello guarda con la persecución y el genocidio del que los mismos judíos fueron víctimas hace apenas setenta años, tan reciente que todavía lo lloran (con razón). ¿Cómo se puede tener ese doble rasero, esa doble moral? Preguntas y más preguntas.

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Un poco más adelante, la zona se convierte en una sala de exposiciones donde a cada paso un cartel informa de las raíces que unen al pueblo judío con Hebrón, así como las injusticias y maldades cometidas por los palestinos.

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Hay muchas verdades en esos carteles, pero quedan reducidas a la insignificancia y pierden todo su valor cuando se comparan los números de víctimas en uno y otro lado. Por otra parte, no se pueden condenar las atrocidades del enemigo y al mismo tiempo pretender justificar las que uno mismo comete, que son mayores y más. 

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[Este cartel me tiene obsesionada.]

He paseado sola varios días por estas calles. Y sola lo digo en el sentido literal: hasta el cementerio musulmán, al que muy pocos palestinos pueden acceder, tiene más ambiente. Únicamente el sábado (Sabbat) me sentí algo más acompañada por aquellos que iban de la sinagoga a casa y viceversa. Lo cierto es que verles con sus camisas blancas (ellos) y vestidos claros (ellas) fue toda una liberación incluso para mí. (Más preguntas: me gustaría saber mucho más de la moda judía. ¿Por qué esos abrigos negros a 40 grados a la sombra? ¿Quién marca las tendencias? Porque dentro de lo dictado por la Ley habrá tendencias, ¿no?).

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Preguntas sin respuesta y, de tanto en tanto, un completo desconcierto ante escenas como la de la mujer musulmana y el soldado israelí que he mencionado al principio, o tras mis propias conversaciones con los soldados y algunos colonos sionistas, de extremada simpatía y amabilidad. Ver para creer, ¿por qué precisamente aquí? Cuando llegaba a casa lo compartía con mi anfitrión y éste me mostraba esa otra cara, vídeos que evidencian que también hay bromas (que no amistad) entre algunos, aunque no se les haga publicidad porque los más extremistas no admitirían jamás nada que huela a lo que ellos consideran traición. Al fin y al cabo, supongo que lo único que buscan es hacer su vida algo más soportable.

Mi última mañana en Hebrón la he pasado con Hashem Azzeh, un activista condenado a arresto domiciliario desde hace un año y ocho meses que no puede salir del área H2 bajo ninguna circunstancia. Me ha llevado de visita a los colegios y tiendas que aún resisten en la zona, y hemos paseado por las (pocas) calles donde los palestinos sí tiene permitido moverse. Al llegar a un punto ha sido muy claro: “Si doy un un paso más aquí, me llevan a la cárcel”.

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[Hashem en su jardín. Detrás, la casa de Marzel.]

Tras visitar su asociación (Ibraheim Al-khaleil Society), de camino a su casa en pleno asentamiento de Tel Rumeida, nos hemos cruzado con muchas niñas que regresaban del colegio. Ellas recorren ese mismo camino todos los días, ante graffitis y murales con mensajes de odio hacia el pueblo palestino. Es triste pensar que lo que a mí me llama tanto la atención, a ellas les resulta tan normal que ya no reparan en ello, excepto cuando se producen agresiones, que desgraciadamente es algo más habitual de lo que cabría desearse.

Al llegar a casa de Hashem (que para colmo de males linda con la casa de Baruch Marzel, líder de la extrema derecha judía), he sido recibida por su mujer, quien me ha preparado un té mientras Hashem me mostraba algunas grabaciones del día a día en el barrio. En uno, un grupo de jovencitas judías entre los 12 y 17 años espera a las niñas y profesoras palestinas en la salida del colegio para insultarlas, empujarlas y arrojarles piedras, ante la impasible presencia de los soldados israelíes. En otro, su propia mujer e hijos recibían insultos y escupitajos y graves amenazas por parte de una vecina (judía ultraortodoxa) asomada a la ventana de su casa. Esos eran los más suaves.

Por lo que a mí respecta, mientras miraba esos vídeos no me resultaban tan dolorosas las agresiones físicas como las palabras. Palabras escupidas con rabia, destilando un odio irracional, fuera de este mundo. Un odio que deja bien claro que la paz entre palestinos e israelíes está muy lejos de ser una realidad.

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18 comentarios en Hebrón, el espectro de una ciudad

  1. Ivy 9 junio, 2014 at 11:50 #

    Te voy a comentar esta entrada, que me parece muy interesante porque toca temas de los que muchas veces da “cosa” hablar…

    Hace unos meses pasé unos días en Polonia (algo en Varsovia, y en Cracovia). Como parte de ese viaje, fuimos a ver el campo de concentración de Auswitch y el de Auswich-Birkenau. Había visto el de Dachau, pero lo que vi en éste me puso los pelos de punta, absolutamente terrorífico, monstruoso… No tengo palabras. Además es un campo de concentración que impacta, por lo grande que es, por lo que te muestran (me dejó noqueada ver la MONTAÑA de cabello humano, el que rapaban a los prisioneros, las montañas de zapatos que les quitaban…). Que no tengo palabras, vamos. Creo recordar que gran parte de los prisionero eran polacos, que sufrieron muchísimo en el holocausto.

    El holocausto judío es de los temas que más frecuentemente he visto en los viajes por Europa, obviamente por proximidad, he perdido la cuenta de la cantidad de museos y monumentos y memoriales que he visto dedicado a ello, recordando el horror vivido en esa época. Por supuesto, el impacto de Birkenau es mayor que el de cualquier museo, y en Auswitch I, hay una atmósfera en alguno de los barracones, donde murieron prisioneros de hambre, que te provoca escalofríos.

    Fue un horror de dimensiones mayúsculas, de eso no cabe duda, y hay que recordar la historia para no repetirla, pero, ¿es sano tanto recuerdo? Como comentas, se hace raro justificar tus propias acciones en base a lo que uno ha sufrido. Nos convertimos en los mismos monstruos que nos atacaron. Yo la verdad que no lo entiendo, y me produce una pena tremenda.

    Por eso es un tema complicado de tratar, porque puede herir muchas susceptibilidades…

    Muchas veces me da la sensación de que la religión radicalizada es la gran causante de los problemas, no quiero decir que sea mala… pero la fe ciega sin cuestionar nada… No lo termino de ver. Pero que es un tema complicado y difícil de resumir en un comentario.

    • Pau 9 junio, 2014 at 16:34 #

      Había visto el paso de Jordi Évole por la ciudad y ya me dejó patidifuso, hablaba de muchas de las sensaciones que tú has descrito aquí.

  2. po 9 junio, 2014 at 18:09 #

    Me parece un post cojonudo. Y como estoy muy enfadado, con tu permiso, voy a hablar muy mal. En el primer comentario alguien hace referencia al holocausto judío, el horror y la bestialidad que se ejerció sobre ese pueblo. Nadie con mediana sensibilidad lo alcanza a comprender. Pero me jode que cuando hay que analizar a esto hijos de puta que usurparon la tierra que no era suya, que no lo habrían conseguido sin el respaldo económico del sionismo mundial, especialmente americano y la desvergüenza propia de los ingleses, ejerzan el pogromo escandaloso que llevan practicando desde 1948, cuando se les analiza se convierten en ” … un tema complicado “. Ya esta bien, Hitler fue quien fue y ellos se retratan día a día.

    • Ivy 9 junio, 2014 at 22:41 #

      Espero que no te haya sabido malo mi comentario, de hecho, por tema complicado me refería al tema de la religión. Todo lo demás es bastente evidente, pero es complicado dar una opinión sin que acusen a uno de una cosa u otra.

      Por desgracia, no es el único ejemplo, ha habido tantas limpiezas étnicas, que me pregunto si algún día seremos capaz de terminar. Por cierto, el dinero manda demasiado…

    • Ivy 10 junio, 2014 at 11:01 #

      Quería aclarar que cuando menciono el holocausto, precisamente lo hago para hacer hincapié en cómo es posible, habiendo sufrido ese horror, ser capaz de aplicarlo a otros seres humanos. De verdad que lo siento si he molestado, más en un tema que implica vidas humanas, y no pocas, y más y más… Y en tantos sitios, tantos lugares… Ojo por ojo, y así va el mundo… Qué pena…

      Un abrazo.

  3. Mario 10 junio, 2014 at 11:50 #

    Carmen,

    Tu post me parece honesto, sincero y verdadero. La realidad de Hebrón es como la muestras. Decir algo distinto sería tapar el sol con un dedo. Para mi buena o mala suerte, conozco muy bien Hebron. Soy un teniente (reserva) en las IDF. Me ha tocado estar en Hebron unos cuantos meses de mi vida. He visto lo que has visto. Y he visto mucho más.

    No voy a defender lo indefendible. La ocupación de Hebron no es algo que el Israeli “promedio” apoye. Extremistas religiosos son los únicos que consideran Hebron como parte de su patria o sienten un real derecho sobre ella. Estos extremistas son realmente una ínfima cantidad si lo contrastas con el resto de los Israelíes. Si se diera un tratado futuro entre palestinos e israelíes quizás solo los 800 que viven ahí reclamarían el quedarse con la ciudad.

    Hablas con razón de Baruch Goldstein y del terror judío en Hebron, pero también pasas un poco del terror palestino que ha salido de Hebron hacia Israel. En la segunda intifada y en todos los años 90´s gran parte de los atentados suicidas que se sucedieron en la jerusalén israelí (oeste), salieron de Hebron. Las celulas de hamas pululaban por la ciudad. La ciudad de Hebron (y el muro del que hablas en otro post) que ves hoy es el resultado de la represión (en muchos aspectos extrema y no justificada) del ejercito. Hebrón es una zona de combate. Y lo que queda de ella es eso: Una triste zona de combate.

    No he estado en Hebron cuidando techos o haciendo de guardia en un checkpoint. He combatido en Hebron. La resistencia en la intifada era salvaje. Los ataques suicidas y no suicidas contra isrelíes civiles que salían de ahí, eran salvajes también. Han muerto muchos soldados israelíes luchando en Hebron intentando reprimir los ataques terroristas. Quiero recalcar que no justifico que Hebron haya terminado como ha terminado. Pero pienso que se debe tomar en cuenta todas las variantes que la pusieron en ese lugar.

    Para la mayoría de la población Israelí Hebron es un sitio del que no se habla, al que no se llega, al que nadie le importa. Para un soldado como yo, Hebron es una zona de combate. Jamás iría a “pasear” a Hebron. Para un extremista religioso judío o musulman Hebron es un lugar sagrado. Para los palestinos laicos es una ciudad caída en desgracia y un ejemplo de la cruda represión Israelí. Hebrón, no es, una sola cosa para todos. Los palestinos no son santas palomas. Los israelíes tampoco. Como lo pusiste en tu post: Todos tienen el interés de vender el conflicto a su manera. Aunque la palabra código aquí es “conflicto”. El odio, el extremismo religioso, la falta de confianza es lo que mantiene el “conflicto” vivo y mientras las religiones se coman las neuronas de la gente, pues este conflicto no va a tener final.

    Un israelí laico se lleva mucho mejor con un palestino laico que con israelí religioso. Eso es un ejemplo para que se entienda un poco mejor la paradoja de este conflicto en el que el débil paso a ser el fuerte y el fuerte termino siendo el débil y el oprimido. Pero las razones de porque las cosas están así, no son una ni son dos.

    Los dos bandos son responsables. Los dos bandos se han equivocado tremendamente. Los dos bandos han sufrido…demasiado.

    Espero vivir para ver el final de este conflicto. Espero también tener la oportunidad de explicar el “lado humano” israelí al que quiera. No estoy más que convencido que el dialogo ayuda a pulir asperezas y a entender al “otro”.

    Gracias por tu aporte, me ayuda entender mucho como se ve todo desde afuera.

    • Carmen 14 junio, 2014 at 13:59 #

      Hola Mario,

      Gracias a ti por tomarte la molestia de compartir tu experiencia y visión del tema con nosotros. Aprecio mucho tu gesto, a mi también me ayuda a entender cómo se vive todo “desde dentro”.

      Me veo incapaz de responder a tu comentario como merece (estoy de viaje y no tengo tiempo ni mucha conexión a Internet), pero ojalá podamos vernos algún día para discutir el tema en profundidad. A mí personalmente me encantaría.

      Un saludo,

      Carmen

  4. Mami 14 junio, 2014 at 20:22 #

    KU, hija, ¿ Que haces ahí ? ¡Con ataque de piedras a la cabeza !!! No soy capaz de hacer ningún comentario, se me escapa de las manos, pero volveré a leer el post con calma para seguir aprendiendo contigo. Un beso

  5. Marcello Arrambide 17 junio, 2014 at 18:40 #

    Muy buen post. VIvo en Colombia y hubo un tiempo que se vivió un conflicto de semejantes proporciones pero de matiz politico y no religioso-politico. En las fotos se ve la tensión que se vive en las calles pero al final de todo el ser humano es mas fuerte que cualquier tipo de conflicto. Saludos

  6. José Carlos DS 16 julio, 2014 at 19:48 #

    Es curioso, porque muchas veces analizamos conflictos del siglo pasado y pensamos ¿Cómo pudo ocurrir algo así delante de la mirada del mundo? Hoy en plena era de internet, de las telecomunicaciones, tenemos este y otros tantos conflictos igual o más atroces sin que se pongan soluciones, lo que está claro es que la condición humana no tiene remedio y siempre tiene que haber algún conflicto, en el que además se mezclan muchos intereses y parece que no interesa afrontarlos porque de todo se sacan beneficios, incluso de la barbarie.

    Precioso relato, y muchas narices en introducirte en un lugar así y contarnos una experiencia tan cruda.

  7. Jordi (milviatges) 31 agosto, 2014 at 9:59 #

    Nosotros también le dedicamos un post a Hebrón, que ha sido una de las visitas más duras que hemos tenido nunca, con un incidente algo serio con colonos judíos.
    Enhorabuena por el relato.

    • Ivy 1 septiembre, 2014 at 11:01 #

      Nosotros acabamos de llegar de un viaje por Egipto, Jordania e Israel. Con el conflicto al rojo vivo, descartamos la visita a Hebrón aunque admito que hubiera querido verlo para ver la otra cara del mismo. Sí que vi el muro de la vergüenza, que me dejó sin palabras. Palestina me queda pendiente…
      A nosotros lo de la cámara nos ocurrió pero en Egipto, hicimos una foto que resultó ser la comisaría de policía pero aclarado el lío, la cosa no pasó a mayores…
      Aplaudo vuestro valor por ir ahí. Un relato impresionante.

      He vuelto con una sensación extraña, porque aunque pasaban cosas tan tremendas, era como si el resto del mundo siguiera igual, sin importar nada… Será un mecanismo de defensa, pero deja los pelos de punta.

  8. http://www.soloquieroviajes.com 22 octubre, 2014 at 13:02 #

    Los pelos de punta… Cada post tuyo que leo me pareces mucho más valiente. Sería incapaz de adentrarme en lugares como este, si es cierto que tienen que ser experiencias que luego te acompañen el resto de tu vida, pero me parece que allí se está viviendo una situación tan dura, la gente sufre tanto, no se si podría verlo de tan cerca.

  9. Sandra 22 diciembre, 2015 at 9:50 #

    Que lamentable que no pueda haber paz en este lugar, aunque esto ya había sido profetizado, por la desobediencia de ISRAEL, esto iba a ocurrir.

    Pero me imagino un lugar donde todos las personas que amamos al ETERNO, pudiéramos reunirnos para adorarle un estos lugares y que todos estuviéramos sintonizados en el mismo sentir, y que el amor al ETERNO nos uniera sin importar la nacionalidad, y solo se buscara vivir intensamente cada día, derrochando amor unos hacia otros, se que esto solo es un sueño, pero algún día esto yo lo veré con mis ojos, allí iremos de todos el mundo a adorarle, esta es la tierra Santa, tierra de nuestro Padre Celestial.

  10. Manuel 22 febrero, 2016 at 2:23 #

    Muy buen relato. Te haces muchas preguntas que no tienen fácil respuesta. Yo también me las hice durante mi viaje por Israel y me las sigo haciendo ahora. Irónicamente digo que en este asunto cambio de bando cada diez minutos, o lo que es igual, doy la razón a todos y a ninguno. Ojalá el odio, el militarismo y el terrorismo dejasen paso a la convivencia en algún momento. Pero ese momento está lejos.

  11. Andrea Lopez 29 febrero, 2016 at 1:39 #

    Es realmente trágico que situaciones así aún pasen. Pero quiero comentarte que la ´´idea´´ que tienes de lo amable y lindo que fueron contigo (que no lo dudo) todo tiene un porque. Estuve hace tiempo en Egipto y yo iba con mi idea muy abierta a las religiones, a ver la cultura lejos de lo que se ve en la TV. Y quiero decirte que realmente fue peor de lo que esperaba. No podia salir yo sola sin que hubiera un solo hombre molestando!!! y no no solo era a mí, eran a toda mujer que veían. Porque tú mujer ´´no cubierta´´ eres una mujer NO digna.
    Y no no fue porque hubieran calles sucias, NO. Fue el poco o nada de respeto a su propias mujeres musulmanas. Creo que si algo he visto o he aprendido es que si ellos no comienzan por respetar desde casa, cómo pueden esperar que alguien más les tenga la confianza y les quiten esos muros los Israelis. Creo que tu marketing barato de a favor de la paz…querida no va, al menos no así. Primero comienza en casa!!!! con sus mujeres!!!!

  12. vanesa 25 agosto, 2016 at 18:36 #

    andrea lopez he visitado cuatro veces el egipto que tu descibres y no es el mismo. Estuve en el 2000 2002 2005 y 2007….de todas formas que tiene que ver tu comentario con el post?? un poco mas se respeto al semejante y mucha menos islamofobia te iria de perlas. Asumelo no sois los elegidos, no sois mas que unos genocidas escudados en el eterno lloro o en librejos absurdos.

  13. André 23 febrero, 2017 at 2:05 #

    Ver la foto con la bandera uruguaya asociada al sionismo, justo al final del post fue el golpe de gracia. Quede bien cabreado. Saludos

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