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Nablus, la ciudad de la resistencia

Decidí ir a Nablus sin tener mucha idea de lo que iba a encontrar allí. Mi intención era ver una ciudad palestina normal; una que no fuese santa, ni capital, ni nada. También tenía interés en visitar algún campo de refugiados. Buscaba, en definitiva, experimentar el día a día más ordinario en el interior de Cisjordania.

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Así que saqué el mapa e hice un rápido rastreo hasta que mi dedo se posó sobre el nombre de Nablus. Sabía que allí había varios campos. Por otra parte, las guías decían que en ella era interesante visitar la Al-Qasaba o Ciudad Vieja, la iglesia del Pozo de Jacob, los baños árabes y el Monte Gerizim, hogar de una de las dos únicas comunidades de samaritanos que han llegado hasta nuestros días (esto me fascinó, pero lo cuento otro día). Aparte de eso, mis conocimientos sobre el papel de la ciudad en el conflicto palestino-israelí eran más bien escasos.

Llegué a Nablus con la intención de estar un par de días y al final me quedé más de una semana. A mi lista de “cosas por ver” le hice poco caso, ya que una vez allí tuve la suerte de contar con unos guías de primer nivel a quienes difícilmente podré agradecer todo lo que me enseñaron. Nablus ha sido el hallazgo inesperado de este viaje. Una ciudad normal, sí, pero con una historia de valor y resistencia excepcionales. Ahora que la conozco puedo decir que ningún viaje a Palestina está completo sin pasar por ella.

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La Pequeña Damasco

Situada en un valle en el norte de Cisjordania, Nablus es una ciudad tirando a extensa, como se aprecia en una vista aérea de sus casitas apiñadas, cabalgando las laderas de las montañas hasta desaparecer en el horizonte. Sin embargo, desde dentro no lo parece. Su corazón es pequeño y concentrado, estando a su vez dividido en dos zonas claramente diferenciadas: la zona moderna y el casco antiguo o Al-Qasaba.

De Nablus dijo un geógrafo árabe en el siglo X que era la “Pequeña Damasco” y así es conocida a día hoy (sobre todo por sus propios habitantes, a quienes supongo que la comparación les encanta). Yo, como no he estado en Siria, no puedo pronunciarme en ese aspecto, pero sí dar fe del encanto de sus viejos edificios de estilo otomano, de sus callejuelas con salida a placitas y pequeñas mezquitas y de sus interminables galerías comerciales, donde he paseado durante horas y horas.

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Como en todas las ciudades y pueblos del mundo, lo mejor de Nablus es su mercado. El de esta ciudad tiene un peligro, y es que si te despistas puedes salir de él  convertido en diabético crónico, ya que la exposición de dulces de todos los colores, olores y texturas es pornográfica. Destaca como producto estrella el Kanafeh, especie de tarta de queso de cabra templado, cubierta de una pasta de fideos y bañada en almíbar. Una bomba calórica que grandes y pequeños consumen indiscriminadamente.

Y eso es solo el principio: awama (bolas doradas de pan, fritas y bañadas en sirope), roscos y otros pastelitos a base de frutos secos y miel… además de los siempre presentes (y aunque no dulces, no por ello ligeros) shawarma y falafel, completan un muestrario del que es mejor escapar fijándose no en la comida sino en las escenas cotidianas que se dan en cada uno de los comercios.

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En comparación con Ramallah, y más todavía con Belén, Nablus es una ciudad muy conservadora donde por supuesto no hay que cometer el error de preguntar dónde se puede encontrar cerveza (sé que estáis pensando que yo lo hice, pero no) y, en el caso de las mujeres, resulta aconsejable vestir de forma discreta (sin llegar al extremo de cubrirse el pelo, pero sí los brazos y el escote) si no quieres convertirte en el centro de atención.

En mayor o menor medida, es inevitable serlo. Nablus no es una ciudad turística (a pesar de tener un potencial enorme) y aunque cuenta con un puñado de voluntarios trabajando por temporadas en los campos de refugiados, proporcionalmente el número de extranjeros que la visitan es muy pequeño, por lo que siempre se te acercará alguien, sobre todo niños y jovencitos, con ganas de hablar. A mí me pasó: cada vez que abría la puerta y ponía un pie en la calle, alguien gritaba mi nombre. Parecía un gag de la serie Mr. Bean. Algún día hasta intenté ir a comprar la comida de incógnito, pero siempre me descubrían.

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Por ejemplo, el chico de esta fotografía. Su nombre es Ahmed, tiene 17 años y me paró en mitad de la calle (debió verme algo perdida) el primer día, mientras buscaba la sede de Human Supporters. Nunca más se quiso separar de mí. Cuando encontramos la oficina entró sin dudarlo, y debió considerar que era un planazo, porque a partir de ese momento se convirtió en mi sombra y guardaespaldas. Cómo explicarle que yo también necesito mi tiempo para estar sola, cuando cada vez que le miraba me decía lo feliz que se sentía.

Montaña de Fuego

Días antes de ir, buscando dónde dormir en Nablus, había contactado a través de Couchsurfing con Wajdi, el director de Human Supporters: una ONG centrada en ofrecer a los niños y jóvenes de la ciudad apoyo psicológico, formación y alternativas de ocio, con el fin de ayudarles a superar los traumas derivados de haber nacido y crecido en un clima de guerra. 

Wajdi (sentado junto a Ahmed en la fotografía anterior) no tardó en responder a mi solicitud y, aunque esos días no estaba en disposición de alojarme, me indicó dónde podía dormir además de ofrecerme su tiempo para acompañarme a conocer la ciudad y el trabajo que desempeñan en la asociación. Antes de empezar, me preguntó qué sabía yo del conflicto con Israel y del papel en Nablus en todo ello. Mi respuesta fue simple: “Nada. Imagínate que soy un papel en blanco”. De un tiempo a esta parte, ésta es la actitud que prefiero tomar ante las cosas de las que no soy muy entendida (¿acaso lo soy en algo?), sobre todo cuando estoy junto a personas que son mucho más que eso. Es un lujo tener la oportunidad de aprender de ellos.

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Wajdi me llevó a pasear por el casco histórico de la ciudad prestando atención a detalles en los que yo sola posiblemente no hubiese reparado. Las marcas de balas en los edificios, placas en memoria de los mártires asesinados por el ejército israelí durante la primera invasión de la Segunda Intifada; las historias personales ocultas detrás de cada muro, de cada casa, de cada plaza, que él vivió en primera línea ya que en aquella época era paramédico voluntario. Poco después fundó la asociación.

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Las historias son terribles, y escucharlas en el mismo escenario donde sucedieron lo hace mucho más duro. Wajdi no concede tregua: cada dos pasos, en cada esquina, bajo cada ventana, una nueva historia de represión, torturas, humillaciones y asesinatos a sangre fría, muchas veces de niños, a veces de familias enteras. Entre los años 2000 y 2005 se calculan más de 500 muertos y 3.000 heridos palestinos, solo en la ciudad de Nablus y los campos de refugiados de sus alrededores.

Lo más lamentable de todo es que la situación persiste. No a ese nivel, pero a otro casi peor al haberse asumido como normal lo que no debería serlo; al no verse, ni de lejos, la luz al final del túnel. Familias destruidas, niños con severos problemas psicológicos causados por vivir en un ambiente de miedo y odio. En el distrito de Nablus se cuentan 12 asentamientos y 37 puestos avanzados israelíes. Los colonos pueden atacar los pueblos palestinos, a las personas y sus bienes (hogares, ganado, huertos…) sin que los soldados hagan nada por evitarlo. Al contrario: la semana anterior a mi llegada, cientos de soldados israelíes ocuparon la Ciudad Vieja, desde la una a las cuatro de la mañana, para usar el barrio como campo de “entrenamiento”. A partir de la medianoche, te echan educadamente de cualquier café y difícilmente puedes ver a alguien en la calle. Es un toque de queda no establecido al que llaman “la hora de los soldados”. 

Por su resistencia inquebrantable a la ocupación, Nablus es llamada “Montaña de Fuego”.

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Magia

Aunque el túnel sea largo, siempre hay pequeñas luces iluminando la oscuridad, de manera intermitente. En este caso la luz la puso un grupo de chicos de Galicia a quienes conocí cuando ya estaba a punto de irme: la compañía teatral y circense Sobre Rodas, como ellos mismos se describen “un espectáculo de calle itinerante y no contaminante”.

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[De izq. a dcha: Wajdi acompañado de Ángela, Jesús y Fredi. Faltan tres que se fueron un día antes de hacer esta foto.]

No puedo sentir más que admiración hacia esta gente. Cuando ya creía que lo había visto todo, me invitaron a acompañarles a algunas de sus actuaciones, donde descubrí que incluso en un ambiente tan hostil para los niños como el de esta ciudad y los campos de refugiados, hay lugar para la magia. Todos merecemos una infancia llena de magia.

Gracias a ellos viví algunos de los momentos más bonitos de mi estancia en Nablus. Entre carcajadas, aplausos y miradas de admiración, sobra decir (mis seres cercanos lo saben) que había una con la lagrimita fuera, y era yo. Qué le voy a hacer: tengo el corazón blandito.

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Aún queda mucho por contar de Nablus, pero mientras tanto:

– Podéis entrar en la página web de Human Supporters e informaros de cómo colaborar con ellos.

– Estáis invitados a visitar la web de Sobre Rodas, por si algún día os interesa contratarles (son geniales).

– Os recomiendo ver el documental Nablus, la ciudad fantasma. Está en Youtube y solo dura media horita. Además, los realizadores son españoles.

– Esperadme, que vuelvo pronto ;)

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12 comentarios en Nablus, la ciudad de la resistencia

  1. Antonio Aguilar 20 mayo, 2014 at 5:47 #

    ¡¡¡Bravo!!! (¿O vale decir aquí un “vivaaa”?)

    Me ha encantado la entrada. No es fácil hablar de lugares como éste, donde la realidad no es sólo complicada de entender/asimilar, sino frecuentemente desconocida (A mi, al menos, se me escapa casi todo). Tú has tenido el privilegio de contar con guías excepcionales y los que te leemos tenemos la suerte de ver Nablus a través de ti.

    Y dicho todo eso, no paro ahora de imaginarme la escena, con música de gag cómico y esos carteles en blanco y negro sustituyendo a la voz hablada cuando el cine aún no la tenía, en la que intentas salir desapercibida y siempre te llaman por tu nombre.

    Espero que los niños de la foto puedan sonreír pronto por otros motivos, más allá que la bienintencionada visita de unos payasos.

    ¡A seguir así!

    • Carmen 22 mayo, 2014 at 20:36 #

      Muchas gracias, Antonio.

      La escena de de Mr. Bean te hubiese encantado, pero para verme a través de una mirilla… que si no te hubiesen gritado a ti! :P

      ¡A seguir así! ;)

  2. Sebastian 20 mayo, 2014 at 15:24 #

    Hola, muy interesante tu columna, pero sería bueno que también te acercaras al otro lado de la moneda, a la gente en Israel que tampoco vive tranquila producto de los misiles que lanzan desde Gaza, o el temor de ser víctima de un atentado terrorista. No se trata de ver lo malo del pueblo israelí, versus la “bondad” y victimización de los palestinos. El conflicto es muy profundo, y esto debes saberlo me imagino. Me da la impresión tras leer el post que unos son los buenos, los otros los malos.

    Saludos Cordiales

    • Carmen 22 mayo, 2014 at 20:49 #

      Hola Sebastián.

      En estos temas es difícil ser imparcial porque todos tenemos una opinión en función de lo que conocemos o vamos conociendo.

      Yo, por supuesto, tengo la mía, si bien creo que en este post no se me puede acusar de haberla sacado a relucir (aunque podría hacerlo). No hay un solo comentario personal en él, todos los datos y ejemplos que pongo son de hechos ciertos y contrastados. La situación que se vive en Nablus es así.

      Ahora, no niego que hay otra parte en este conflicto. Tal vez si alguien me invita a conocer la otra cara, pueda escribir algo distinto (sobre la población civil israelí).

      Pero me temo que no se puede comparar la situación de ambas partes el conflicto. La guerra entre Israel y Palestina es tremendamente desigual, e Israel (además de ocupar un territorio que no le pertenece y tener a su población contra las cuerdas) viola sistemáticamente los derechos humanos de los palestinos.

      Un saludo,

      Carmen

  3. mami 21 mayo, 2014 at 10:12 #

    Ku, lo de la lagrima lo esperaba sin llegar a leer que lo confesabas, lo contrario no serias tu, y a pesar de todo y de tanto las fotos son muy bonitas.

  4. Daniel 26 septiembre, 2014 at 17:59 #

    Hola! Me encanta tu blog, es muy bueno y me ha dado muchas ideas para mi próximo viaje. Tu visita a está ciudad me ha conmovido, pero sobre todo me ha motivado para buscar una forma de apoyar a los palestinos (pueblo de gran corazón y bondad), de hecho estoy checando en la página como puedo apoyar desde México.

    También tus fotografías me encantan, tienes el talento para capturar el momento y más que mostrar paisajes, transmites las emociones, colores y vida del lugar en el que te encuentras.

  5. Lili 30 enero, 2016 at 15:35 #

    Hola Carmen,mucho gusto! Me ha encantado tu artículo y las fotos que lo acompañan. Estaba buscando información sobre Nablus y me encontré con este emocionante relato de tu visita a la ciudad. Sin dudas colaboraré con Human Supporters desde mi hermosa Argentina. Muchas gracias por esta emoción! Un abrazo!

  6. Marta Barboza 5 septiembre, 2017 at 22:17 #

    Voy a ir a conocer Nablus en estos días….después hablamos, te parece?

    • Manuel 12 septiembre, 2017 at 22:29 #

      Hola yo tambien queria ir a conocer nablus estos dias soy chico de ascendencia nablusi residente en madrid y buscaba con quien ir ya que siempre mejor ir acompañado si alguno quereis dejarme mail para hablar mejor o whatssap pues mejor un saludo!

  7. Mari Carmen Pérez Bernalte 24 diciembre, 2017 at 1:07 #

    Precioso relato de tu estancia. Se nota que sientes pasión por conocer y hay valentía en tus palabras al describir la realidad y el pasado no superado de los palestinos. Yo iré el año que viene con mi amiga Salam, nació allí y ahora vive a caballo entre aquí y allí. Nuestra intención es participar en alguna ONG durante unos meses. Todo se verá, no hay ningún plan específico.
    Gracia, me ha emocionado tanto como cuando ella me contaba la situación de esos años tan duros de ocupación. Palestina vive en un conflicto permanente que, según sus palabras, desgraciadamente no tiene solución

  8. Retse 18 mayo, 2018 at 16:25 #

    Bonita la crónica, y valiente, franca y abierta tu respuesta a Sebastián, quiero mucho a un chico de Náblus (amor filial) y se de la historia de esa gente, sus temores, sus sosobras, sus riesgos, nunca estás a salvo ni dentro de tu casa, puedes estar durmiendo tranquilamente y en la madrugada sentir un arma en la sien porque te están encañonando los israelíes y conminando a que los sigas… porque sí; si tienes suerte regresas a casa ese día o al otro, si no, quizá en años después de salir de la cárcel… si sales, solo porque defiendes tu tierra, tu identidad, tu historia, desde dentro, solo defensa con piedras cuando se reciben cañonazos.

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