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Polvo eres

Primera parte: la soledad

Después de pasar  tres días en el piso de un japonés en Singapore, otros tres en casa de una rusa en Sydney; de soportar un montón de horas sin dormir en un Airbus A340-200, junto con otros 261 pasajeros (más tripulación); de pasear una semana por las calles de Buenos Aires en compañía de una dicharachera porteña, y de visitar a mis amigas en la ciudad de Córdoba, llegó un momento en que mi cuerpo –y sobre todo mi mente- me pidió a gritos un poco de soledad.

Aunque las últimas semanas habían sido estupendas, y de hecho su trepidante ritmo había hecho que se me pasasen en un abrir y cerrar de ojos, tengo que admitir que necesitaba recuperar un poco de mi espacio; del tiempo que antes me sobraba para leer, escribir, o hacer lo que me viniese en gana (no hacer nada también vale), sin depender de nadie y sin que nadie estuviese pendiente de mí. Con esa intención de aislarme un poco del mundo me dirigí a Salta.

Salta: Cerro San Bernardo (vistas)

Visa de Salta desde lo alto del cerro San Bernardo

Salta: Cabildo

Cabildo histórico de la ciudad

Salta: Catedral

La catedral

Salta es una ciudad de la que voy a hablar poco. Voy a hablar poco porque, a pesar de haberme quedado allí tres días con sus tres noches (que se dice pronto), estaba tan cansada que apenas le he prestado atención. Son cosas que pasan: cuando llevas tanto tute en el cuerpo, hay veces que tu cuerpo grita “¡basta!”, y ahí donde lo haga, tienes que parar, porque si no revientas. A mi me tocó en Salta.

Así que esta ciudad ha sido para mi un lugar de descaso. El primer día no hice nada (más que leer, escribir, ordenar fotos, hablar con mi familia, dar algún paseito y comer empanadas); el segundo, me tomé un poquito más en serio lo de patearme la ciudad (pongamos que en una proporción del 40% del tiempo), pero en su mayor parte me entregué desvergonzadamente a descansar de nuevo. El tercer día, como no podía ser de otra manera, se me vino todo el apuro de golpe e hice todo lo que tenía que haber hecho los dos días anteriores: recorrer a conciencia el centro histórico y sus calles adyacentes, visitar el Museo de Arqueología de Alta Montaña (bastante curioso, especialmente por los niños dormidos de Llullaillaco) y subir al cerro de San Bernardo, desde donde pueden contemplarse unas vistas muy bonitas de la ciudad.

Salta: Iglesia San Francisco

Iglesia San Francisco

Salta: Catedral

Otra vista de la catedral (puede intuirse el tumulto que había en la entrada)

Salta: Palacio Arzobispal

Palacio Arzobispal, junto a la catedral

Salta: Cerro San Bernardo (vistas)

Teléferico del cerro San Bernardo

Salta: Cerro san Bernardo

Cascadas artificiales en lo alto del cerro

Como podrá adivinarse, lo cierto es que Salta no me ha causado un fuerte impacto; al menos, no el que cabría esperarse después de haber escuchado y leído toda la promoción que de ella se hace. Conocida popularmente como “La Linda”, Salta es famosa por tratarse de una de las ciudades que mejor ha conservado su acervo arquitectónico colonial. Sin embargo, en mi modesta opinión, si bien es cierto que los edificios circundantes a la plaza 9 de Julio tienen su encanto (la Catedral, el Cabildo, la Iglesia de San Francisco…), saliendo de esa zona lo que queda es una ciudad (con aspecto de pueblo grande) más bien normalita…

Salta: calle cualquiera

Una calle bastante “cuca” de la ciudad

Salta: calle cualquiera

A esto me refiero con “pueblo bastante normalito”

Pero no seré yo quien lleve la contraria a la gran mayoría; como he dicho, yo de Salta no quiero opinar mucho, ya que para mí ha sido básicamente un alto en el camino, un oasis de soledad buscada (rodeada de gente y durmiendo en dormitorio compartido, pero a mi aire al fin y al cabo), donde llegué, descansé, me puse al día en mis lecturas y escrituras, y con las mismas me fui. Sin más.

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Cristo crucificado, Purmamarca

Y de Salta, a la Quebrada de Humahuaca, uno de esos lugares del mundo que te parten la cabeza en dos y nunca se olvidan.Para mí, que llegué sin tener ni idea de lo que iba a encontrarme, ha sido tal el impacto, y sobre todo tan emocional, que no estoy segura de saber transmitirlo correctamente… pero haré lo que pueda.

La Quebrada de Humahuaca es un profundo valle andino, de unos 160 kilómetros de extensión, repleto de pequeños pueblitos, cuyos habitantes (en su mayoría indígenas de la etnia colla) a día de hoy todavía conservan sus creencias religiosas, fiestas, arte, e incluso su lengua (el quechua), lo que le ha valido ser declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en el año 2003.

Tilcara (3)

Pueblos de la Quebrada (muro exterior de un comercio de Tilcara)

Mi primera parada dentro de la Quebrada fue Purmamarca, un pueblecito a medio camino entre Jujuy y Tilcara, para el que no hay autobús directo desde Salta. Ante este panorama, las dos alternativas que se me ofrecieron fueron las siguientes: ir hasta Jujuy, y ahí tomar otro autobús hasta Purmamarca (opción desechada) o coger el autobús a Tilcara y pedir al conductor que me dejase en el cruce que se desvía hacia Purmamarca, desde donde debería caminar tres o cuatro kilómetros hasta llegar al pueblito en cuestión. Como en ese momento tres kilómetros no me parecieron “nada”, escogí esta segunda opción.

Ya en el autobús, a la vista del paisaje que a toda velocidad aparecía frente a mi ventana, empecé a sospechar que la zona en la que me iba a sumergir los días siguientes se alejaba mucho de cualquier idea preconcebida que pudiese tener de  “Argentina” (en caso de tener alguna). La Quebrada de Humahuaca es un lugar que quita el aliento: kilómetros y kilómetros de pura sequía, de enormes cardones, de polvo, de montañas desnudas, de nada. Y de vez en cuando, un pueblo; un pueblito de no más de quince casas de adobe, sin un solo habitante a la vista, pasando fugazmente ante mis ojos… antes de dar paso a la nada otra vez.

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Recorriendo la Quebrada en bus

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Pueblitos desde el bus

Y en medio de toda esa nada, el conductor frena en seco y grita “¡Purmamarcaaaaa!”. “Ya está, ya la hemos liado”, pensé, “oye Carmen, ¿y si vas hasta Tilcara? El billete ya lo tienes pagado… y puedes venir a Purmamarca de excursión mañana a pasar el día”. Fueron siete u ocho segundos de incertidumbre en los que creo que cambié de opinión, sobre quedarme o seguir hasta Tilcara, por lo menos diez veces. Al final, me bajé; apenas lo hube hecho, el autobús arrancó y desapareció en la inmensidad de la Quebrada.

Me arrepentí al instante. Esos primeros minutos, en mitad de la carretera, mirando hacia un lado, hacia el otro, hacia el desvío; sin saber qué hacer, sin decidirme a ponerme la mochila o no, maldecí una y mil veces mi “gran idea” de haber bajado ahí. Y todavía me arrepentiría mucho más al descubrir que los cuatro “kilometritos” me llevaban una hora de reloj, bajo un sol abrasador y sin una pizca de aire. Sí, la primera media hora fue bastante desalentadora.

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El cruce de la incertidumbre

Sin embargo, no sé cómo ni por qué, de un segundo para otro todo cambió. Llevaría caminando unos 35 o 40 minutos cuando, de pronto, la venda del negativismo se me cayó de los ojos, y pude verme, a mí y la situación en la que estaba, con total objetividad: el “mochilón” a la espalda, el “mochilín” en la barriga, una manzana a medio comer en la mano derecha, el sol en la cabeza, y yo caminando en medio de ninguna parte para llegar a un pueblo del que no sabía nada.

“Una maravilla”, pensaréis. Pues algo parecido. Después de casi nueve meses, creo que éste ha sido mi primer momento de “auténtica revelación”. Fue como si de repente yo misma me analizase desde los ojos de un amigo que no ve desde el pasado 9 de diciembre en el aeropuerto: “¿TÚ comiendo manzanas? ¿TÚ de “senderismo” por el mundo bajo un sol de justicia? ¿TÚ amante de los pueblitos perdidos? ¡Venga ya!”. Es difícil de explicar, pero en ese preciso instante sentí una felicidad inmensa, una especie de satisfacción, de euforia, de… vayan ustedes a saber qué, que hizo que los siguientes 25 o 30 minutos de caminata hasta el pueblo se me pasaran volando.

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Imágenes del paseito

Finalmente, llegué a Purmamarca. Creo que nunca voy a olvidar el momento exacto en que el pueblo apareció ante mis ojos, metido entre los cerros, rodado de todos los colores que se os puedan pasar por la imaginación. Con la espalda dolorida por el peso de la mochila, los ojos entrecerrados para protegerme de la polvareda y la camiseta pegada al cuerpo debido al sudor, sólo acerté a pensar: “¿No querías soledad? Pues ahí la tienes: acabas de llegar al fin del mundo”.

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Y es que si por algo voy a recordar los cinco días que he pasado en los pueblos de la Quebrada, va a ser por la soledad; esta vez, impuesta. Supongo que no será lo mismo en temporada alta (enero y febrero, según tengo entendido), pero estos días allí no había un solo turista. Nadie, exceptuando sus propios habitantes, que cada día montan en las plazas su puestito de artesanías de cara a los visitantes. Pero, ¿qué visitantes? Si yo he dormido en hostels de seis o siete habitaciones con ocho literas cada una, completamente sola… Lo cierto es que el aspecto que en esta época del año ofrecen los mercadillos, da un poco de pena; pero en cualquier caso, tener los pueblos y sus alrededores sólo para mi, ha sido todo un privilegio.

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Mercado de artesanías en la plaza principal

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Para empezar, Purmamarca. Purmamarca es un pueblo muy pequeño, pero muy conocido también gracias al Cerro de los Siete Colores que lo rodea. Los tonos de estas capas, por lo visto, son el resultado de los diversos sedimentos (marinos, pantanosos, fluviales…) que se han ido depositando en la zona durante más de 600 millones de años; y es que, aunque parezca increíble, esta parte del mundo, seca y árida como ninguna, estuvo una vez sumergida bajo las aguas del mar. La manera más sencilla de apreciar el cerro y toda su paleta de colores, es haciendo el Paseo de los Colorados: un camino que rodea al pueblo por la parte de atrás, y ofrece unas vistas magníficas de las formaciones rocosas de la zona, con tonos que van del verde al gris, pero sobre todo, rojo: un rojo rabioso dominándolo todo.

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Otro de los puestos de trabajos más solitarios del mundo

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Un paseo sencillamente increible

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Pero sin duda, por muy bonito que sea el paisaje, nada de todo esto tendría tanto encanto si no fuera por el pueblito que ahí se esconde, con sus casitas del siglo XVII, construidas en torno a una iglesia de adobe y cardón; el cementerio, como sacado de un cuento de los hermanos Grimm; o sus habitantes, cálidos y amables como pocos. En Purmamarca he pasado un día y una noche, y ha sido suficiente, aunque también me alegro de no haber ido sólo a pasar el día, ya que en absoluto he tenido tiempo de aburrirme. Pasear entre sus callejuelas empedradas ha sido como retroceder cuatro siglos de golpe, ya que dudo que el pueblo haya cambiado mucho desde entonces; y han sido tantas las emociones sentidas, tal la cantidad de pensamientos que el cerebro, en una situación de extrema soledad como esa, puede procesar; tantas las cosas que hay que ver, aparentemente insignificantes, como unos niños haciendo volar sus cometas, o un labrador trabajando el campo… que podría haberme quedado dos días más. Purmamarca ha sido mi primer encuentro con la cultura de esta tierra, con la población indígena andina, y en cierto modo también un encuentro conmigo misma. Por todo ello, siempre ocupará un lugar especial en mi corazón.

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Una casita cualquiera

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La iglesia

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Parecido al de La Recoleta

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Al día siguiente me desplacé a Tilcara, una localidad un poco mayor que Purmamarca, y situada en plena Quebrada, junto a la carretera principal. En teoría no pensaba quedarme allí más de dos días, ya que mi intención inicial era dormir una noche en cada pueblo para así ir avanzando en mi camino hacia Boliva; sin embargo, cuando me quise dar cuenta, llevaba allí tres noches, camino de la tercera. Y no es que Tilcara me haya gustado más que Purmamarca: es algo mas grande, algo menos “recóndita” (seguía sin haber turistas, pero sobran los ciber-cafés, por ejemplo), y viniendo de Purmamarca, más o menos sabía lo que podía esperar de ella. Sin embargo, me he sentido cómoda, y eso ha hecho que mi estancia se alargase más de lo previsto.

Tilcara (6)

Tilcara desde el Cerro de la Cruz

Tilcara (1)

Calles vacías de Tilcara

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Tilcara (4)

Pero sobre todo: polvo, polvo, polvo….

Como tampoco es plan de aburriros relatando al detalle los cuatro días que he pasado allí, sólo diré que nuevamente he estado más sola que la una, que Tilcara es otro pueblo donde puedes caminar horas por la calle sin encontrarte a más de siete personas (a menos que pases por la plaza principal, donde se encuentra el mercado de artesanías) y que es una excelente base para realizar muchas excursiones en la Quebrada, como por ejemplo, las Cuevas del Waira (a donde fui acompañada de un chico de mi hostel, un “paseo” de 4 horas en el que llegamos a alcanzar los 2900 metros de altura!), la Garganta del Diablo, y el Pucará, las ruinas de una antigua ciudad fortificada de la época precolombina, bastante interesantes, aunque para mi gusto demasiado reconstruidas.

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Subiendo con “Cachaman” a las cuevas del Waira

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Tilcara desde el paseo (aún no habíamos llegado a lo más alto)

Tilcara (12)

Trekkings a 2900 metros de altitud: dame un respirooooo….

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Paisaje escondido detrás de las cuevas

Tilcara (5)

El Pucará de Tilcara

Desde Tilcara también me desplacé (esta vez sí, en excursión de un día) a Humahuaca, tal vez el pueblo más famoso de la Quebrada (para empezar, es el que le da nombre), donde paseé un poco más, me entretuve escuchando a un grupo de músicos locales, y comí la “milanesa” más grande de mi vida.

Humahuaca (1)

Más pueblitos, más calles, más piedras, más aldeanos…

Humahuaca

Humahuaca (7)

A modo de resumen y conclusión, lo único que puedo decir es que si en algún momento de vuestra vida necesitáis poner vuestra  cabeza en orden, nada de monasterios budistas en el Himalaya: venid un mes de Agosto a la Quebrada de Humahuaca, y no sólo os encontraréis con vosotros mismos, o con el cielo más azul del mundo, sino también con una cultura que tal vez ni imaginabais que existiera.

Tilcara (14)

El casi nulo nivel de contaminación permite que haya unos cielos así ¡340 días al año!

Tilcara (16)

¿Alguien dijo “soledad”…?

Segunda parte: Fiesta de la Quebrada

Vaya susto, ¿eh? Seguro que a más de uno lo primero que se le ha venido a la cabeza al leer este título ha sido la abominable versión del “Carnavalito” que hace algunos años hizo el todavía más abominable King África. Tranquilos, no voy a hablar de él. Tampoco del Carnaval, la fiesta más famosa de la Quebrada de Humahuaca, pero que desgraciadamente, y como en todo el mundo, tiene lugar en el mes de febrero.

En este caso voy a hablar de la segunda fiesta en importancia que hay en estas tierras: la Fiesta de la Pacha Mama. Para ser sincera, tengo que admitir que la primera vez que he escuchado semejante nombre ha sido aquí, con tan buena suerte que casi en el mismo día me he visto invitada y envuelta en una de las muchas ceremonias que, a lo largo de todo el mes de Agosto, diferentes familias, peñas y colectivos de la Quebrada organizan para adorar a la Madre Tierra, una tradición que por lo visto hunde sus raíces en el periodo incaico.

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (1)

Miembros de la peña acercándose al “mojón”

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (13)

Carlitos: no le perdáis de vista en las fotos

Con este fin, cada familia o peña, un día cualquiera del mes de Agosto, se reúne en relativa intimidad en torno al mismo “mojón” (montón de piedras de carácter religioso, a modo de altar) donde dicha peña o grupo celebra el carnaval cada año, y cava un hoyo junto a su base. En ese hoyo, y a lo largo de varias horas, los miembros del grupo van depositando sus ofrendas: cigarrillos (encendidos y clavados en la tierra: ¡cuidado! si el cigarrillo se hunde es que la tierra te está llamando!), bebidas (las que no se beben por el camino…), alimentos, hojas de coca…, en un acto al que se le llama “dar de comer a la tierra”. ¿La teoría? Muy simple: todos esos productos provienen de la tierra, y así como la tierra nos los da sin reservas, también nosotros tenemos que alimentarla en señal de agradecimiento y para pedirle buenas cosechas para el año que viene. O como me dijo un hombre bastante ebrio, que estaba encantado de servirme de guía en mi primera Pacha Mama: “polvo eres, y en polvo te convertirás”. ¿Alguna pregunta?

Tilcara - Fiesta de la Puchamama

Cavando el hoyo

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (4)

Preparando las ofrendas

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (12)

Alboroto en torno al mojón

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (16)

Por turnos, todos los asistentes depositan hojas de coca, alimentos y bebida (de la que también se bebe)

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (15)

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (18)

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (19)

La ceremonia se prolongó hasta bien caída la tarde, y por ella pasaron todos los borrachos del pueblo, unos personajes en los que el término “borracho” queda en un mero eufemismo: había uno (“Carlitos”, el de barba) que no dejó de bailar y cantar canciones populares y temas propios como “regálame tu bombacha, niña, quiero amor, amor, amor”; otros dos, que tuvieron un amago de enfrentamiento, con sus insultos y amenazas, para terminar uno de ellos en el suelo haciéndose el muerto, y el otro sujetándole, llorando a todo pulmón, pensando que estaba muerto de verdad. Os invito a que los busquéis en las fotografías, porque siempre salen por algún lado y realmente merece la pena verles.

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (20)

“Regálame tu bombacha niñaaaaaa”

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (10)

“¡No! ¡Despierta! ¡Nooooo….!”

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (22)

Confeti y música para terminar

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (24)

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (27)

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (21)

Una fiesta, en definitiva, muy interesante y divertida, que puso el perfecto broche final a mis días en la Quebrada de Humahuaca, y en Argentina en general; un país por el que, desgraciadamnete, he pasado demasiado de puntillas. ¿Alguien duda  todavía de que éste es un lugar al que hay que volver?

Tilcara - Fiesta de la Puchamama (7)

Carlitos interpretando “I gotta feeling”, de Black Eyed Peas

Nota final: Soy plenamente consciente de que ésta, posiblemente, pasará a la historia como una de las peores entradas de mi blog. Me duele, sobre todo teniendo en cuenta que el material del que partía era bastante bueno: la Quebrada de Humahuaca da para mucho más. Sin embargo, como avisé hace unos días, tanto aquí como por Facebook, desde que llegué a Bolivia me está resultando muy difícil hallar conexiones a Internet “que funcionen”:  ahora que he encontrado una necesitaba publicar a toda costa (…aunque fuese esta mierda), porque el retraso que llevo ya no es de recibo. Pido pues, perdón, y prometo ponerme las pilas en los próximos días.

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15 comentarios en Polvo eres

  1. Rubén 6 septiembre, 2010 at 7:50 #

    No te preocupes: si te quedan cosas de contar, derechas al libro XD A mi las zonas áridas como que no me llaman mucho, pero hay que reconocer que la zona tiene su encanto. Espero que no se te olvide la letra y el ritmillo de “Regálame la bombacha”, porque ese megahit nos lo tienes que enseñar!

    • Ku 6 septiembre, 2010 at 22:26 #

      Ay, Ru, si supieses lo que me estoy acordando de ti desde que estoy en Bolivia… tengo una colección de temazos que te van a encantar! Un día con tiempo (y un internet que funcione) los busco a ver si están en Youtube.

  2. Borja Guillén 6 septiembre, 2010 at 12:16 #

    Pues a decir verdad, bastante es que publicas a un ritmo regular, porque supongo que en ciertos lugares, encontrar conexión a internet es algo así como “Misión imposible”.

    Por cierto, no cuenta como un Carnaval al uso, pero hay un lugar en el que el Carnaval se celebra en agosto: el barrio londinense de Notting Hill ;).

    ¡No dejes de contarnos tu aventura, que entro todos los días a la espera de tener más y más!

  3. po 6 septiembre, 2010 at 17:55 #

    ku ¿Poqué estas buscando el fin del mundo? la luz es impresionante solo comparable a lo feos que son Carlitos y sus amigos. Vuelve pronto anda…

  4. Mami 6 septiembre, 2010 at 21:45 #

    Ku
    Si a ti te gusta, estar ahí, Bienvenidosea. Ellos igual pensaron, al verte “aparecer” que eras un mensaje del “Mas allá”. ¿ Por que? ¿No es el final de la tierra,¿verdad??
    Vuelve pronto chiquitina. Te espera un colchon de latex,una paella de marisco y esas cosas mundanas que solo le gustan a algunos.
    T.Q. mamá.

  5. Riky 7 septiembre, 2010 at 9:22 #

    El pasaje del cruce ,la sensación de soledad absoluta en medio de la nada, me pongo en tu lugar y jo..me acongojo solo pensarlo..Llama mi atención el azul tan intenso del cielo..ahora bien, el paisaje la verdad es de lo mas árido..no se..no lo veo mucho encanto..Curioso también lo de dar de comer a la tierra..que cosas!!
    Cuídate Carmencita..

  6. Mami 7 septiembre, 2010 at 14:53 #

    Kuuu!!
    VALOR,VALOR Y VALOR!
    ES LO QUE LE ECHAS,….SE ENTERA TITI!AJAJAJ
    KU ENSERIO…nos tienes conmocionados!!
    el fin del mundo!
    todo es increible,tu eres increible,pero yo estoy en fase shock!
    pero te entiendo y se que esa soledad a veces la necesitas!
    Ku ahora mismo tengo una necesidad de estar contigo!!te quiero muchisimoooooooooooooooooooooooooooooo
    Y…como no vas a estar cansada!!!…si llevas sin parar casi un año!!
    Hoy me he acordado muchisimo de ti…vuelve…Pekin Express…no te llegan ni a la suela de los zapatos…ya hasta sueño contigo!!
    Estamos deseando que se abran las puertas de salida del aereopuerto y correr a achucharte!!!
    Cuando vuelvas tienes lista de espera de visitas,todo el mundo quiere verte!!ajajja no me extraña!!

  7. Marina 7 septiembre, 2010 at 14:54 #

    ku que la del ultimo comentario es maripili…osea YO!

  8. Criss 7 septiembre, 2010 at 15:22 #

    increíbles los rituales d las otras partes dl mundo, parece el tipico pueblo perdido q sale en las pelis….hasta parece q te vayas a encontrar a una tribu de indios x ahi…jajaaj aunq no sea el lugar dnd se dé…
    la verdad esque para asimilar todo esto…no se si te quedan horas para dormir!!!
    al volver ya puedes ir a un fisio….xq cn esa mochila a espaldas y esas caminatas…jajaja no m lo kiero imaginar!!! un besito!!

  9. José Carlos DS 8 septiembre, 2010 at 13:13 #

    Bueno al fin he tenido un rato para ponerme al día en tus andanzas, nuevo continente y nuevas aventuras.

    La verdad que Argentina era un destino que quitando la Patagonia no me atraía demasiado, pero he visto cosas que le han hecho ganar varios puntos, me ha parecido curioso el tema de tener que salir del metro para coger uno de los andenes y como son por dentro, realmente aunque antiguos, son muy bonitos y también me he tenido que reír con el tema del cambio de lengua, la verdad que es algo que pasa a todos los que viajamos fuera del país, cuando volví de USA e iba caminando por la calle y chocaba con alguien soltaba el típico “sorry” y yo estuve 2 semanas, con tu largo periplo por Asía no me extraña para nada XD

    En cuanto al matamabre, si que lo tenemos en España, en el pueblo de mi madre en Extremadura es bastante común :D

    En la segunda entrada ese asado argentino me ha nublado el sentido, como buen carnívoro que soy XDDDDDD pero vamos pinta bonita la ciudad de Córdoba.

    En cuanto a la Quebrada de Humahuaca me ha recordado sin duda a Death Valley, el mismo paisaje desertico, no te preocupes que ha quedado una entrada muy chula. Muy bonita la foto que estás en esa especie de cueva entre la montaña :D

    Pues nada, esperando a ver que nos cuentas de tu paso por Bolivia.

    Un Saludo!!!!

  10. Díaz 10 septiembre, 2010 at 22:42 #

    se te ve que te lo estas pasando como una enana ;·)
    en el proximo viaje me meto en tu maleta de manos¡
    Ahh¡ y lo de mantenernos informado es lo de menos tu disfruta¡
    un beso y animos

  11. Lorena 21 marzo, 2011 at 15:09 #

    Hola Carmen:

    Me encantan todos tus post y tus fotos, sobre todo este que trata del noroeste de Argentina. Sin embargo creo que te has perdido la oportunidad de conocer más a fondo la provincia de Salta.
    Esta es una de la provincias más importantes de Argentina en cuanto historia, tradición y geografía. Aquí vivieron los aborígenes que mas resistieron a la invasión española, así que toda la provincia esta llena de sitios arqueológicos, arquitectura y arte precolombino. En cuanto a paisajes es de lo más variado: en la misma provincia hay desiertos, selva, valles, viñedos y volcanes de más de 6.000 mt de altura.

    Si que es cierto que algunas de sus calles no son tan coloniales como uno espera encontrar, pero es una ciudad que ha crecido muchísimo y sin embargo es la única del país que ha sabido conservar las fachadas mas antiguas, las iglesias, las calles empedradas, la arquitectura de la época colonial.

    Ojalá tengas oportunidad de volver a Argentina y puedas recorrerla un poco más. No es por quitarle mérito a la quebrada de Humahuaca y sus pueblos, pero los pueblos de los Valles Calchaquies en Salta no tiene nada que envidiarle!!!

    Saludos!!!

    • Ku 24 marzo, 2011 at 12:59 #

      Hola Lorena!

      Estoy de acuerdo contigo: por supuesto que se me quedaron muchas cosas por ver en la provincia de Salta, pero a veces hay que seleccionar, porque si no… ¡podrías quedarte ahí semanas!

      Por otra parte, con respecto a la ciudad, ya lo dije en la entrada: desde el primer momento reconozco que no la he visto tan en profundidad como merecería, pero me pilló en un momento del viaje en el que estaba agotada y necesitaba descansar…

      Sin duda, volveré :D Muchas gracias por tus recomendaciones y un abrazo!!

  12. Dee 8 septiembre, 2015 at 21:19 #

    ¡Muchacha!

    Hace unas 3 horas llegué a Jaipur, y hace algunas menos a tu blog y tus consejos sobre cómo huir rápido de acá. Veré en los próximos días cómo me resulta el lugar.

    Pero encontré este post, también, y… ¿qué decirte? Estoy a 16.000km de mi hogar en Buenos Aires, a medianoche, sólo en una pieza de hotel, escuchando al Flaco Spinetta y llorando emocionado por ver esta Quebrada que tanto me gusta.

    Estuve mochileando por allá hace unos meses. Fue el primer viaje en el que arranqué sólo, pero casi no tuve momento sin compañía. Hoy estoy promediando el segundo, aunque sí bastante más solitario.

    Ojalá hayas vuelto en estos 6 años que pasaron, y, si no, no dudes en avisar si querés compañía :)

    ¡Un abrazo a donde sea que te encuentres ahora!

    • Carmen 18 septiembre, 2015 at 17:31 #

      ¡Hola Dee!

      Qué curiosa es la vida y cómo se cruzan los caminos. Mi primer viaje en solitario empezó donde estás tú ahora mismo.

      Prometo avisarte cuando vuelva a Argentina. ¡Un abrazo y buena suerte en India!

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