Rusia (europea), Transmongoliano

Moscú y la hospitalidad rusa

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Las rusas son guapas y los rusos (sin distinción de hombre o mujer), antipáticos. Estos son los dos tópicos con los que posé por primera vez el pie en tierras de la antigua Unión Soviética, y estoy segura de no haber sido la única en pensar así.

Cuando uno llega a este país, baja del avión casi con miedo, esperando encontrar “armarios” rusos de cabeza cuadrada, acompañados por delicadísimas rubias de ojos azules o grises. Porque nos lo han contado, lo hemos leído, o lo hemos visto en alguna película. Pues bien: veamos que hay de verdad en todo esto.

Los rusos (no) son antipáticos.

No puedo negar que mis primeras impresiones en San Petersburgo vinieron a corroborar el mito. Daba igual con quién hablase: la taquillera de la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, un transeunte a quién paré para solicitar una información, o la mujer del supermercado de la esquina. Jamás una sonrisa, pocas veces más de dos palabras seguidas.

Claro que, en todo esto, tiene bastante peso el handicap del idioma. La mayoría de los rusos no hablan inglés (ni una palabra), y son bastante reacios a comunicarse con los extranjeros. Pero de ahí a que jamás recibiese un gesto de complicidad, de “lo siento”.. hay un pequeño trecho.

En el caso de las dependientas del supermercado, el asunto alcanza tintes trágicos. Y no ha sido en uno, o en dos, ya que (durante mi estancia en San Petersburgo) todos los días compro la comida para cocinarla yo misma en el hostal y no habré entrado en menos de siete establecimientos diferentes. Sé las palabras básicas: “hola”, “buenos días”, “gracias” y “hasta luego”. Para indicar lo que quiero sólo tengo que señalar con el dedo. Pues ni con esas: malas caras, gestos de enfurruñamiento, impaciencia.

Y así me fui de San Petersburgo, pensando que la única mujer amable de la ciudad era la gerente de mi hostal, porque la pagaba, y porque en realidad era… de Cracovia. Pero, entonces, tomé mi primer tren. Y todo cambió.

Tren San Petersburgo - Moscú

Viajar en tren (en mi caso, en “platskartny”, el vagón-cama más barato) es como entrar en un mundo aparte. Quién sabe por qué motivo, allí los rusos se reciclan: quieren hablar contigo, hacen verdaderos esfuerzos por comunicarse, y comparten todo lo que tienen.

Olga, la mujer que en suerte me tocó como compañera de litera, es el claro ejemplo de ello. Me pilló tan de sorpresa, que al principio fui yo la “antipática”, sin saber muy bien cómo reaccionar. No sólo me dió conversación hasta las tres de la mañana, sino que cuando a las ocho me desperté por la luz que entraba por la ventana, me invitó (casi debería decir: “obligó”) a compartir con ella su desayuno: té, pan, embutido, queso y pepino. “Toma un poco de pan con queso”, “ahora, queso con pepino: muy bueno”, “prueba el pepino con embutido: completamente diferente”, “¿te gusta? ¿te gusta?”. Todo esto, naturalmente, en ruso. Para mí, que en los últimos cuatros días no había comido más que sopa de noodles instantáneos, aquello fue un verdadero banquete. Tanto, que al terminar me quedé dormida hasta la una del mediodía, cuando Olga me despertó para avisarme de que estábamos entrando en Moscú.

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En la estación me esperaba Frank, quien en realidad no se llama Frank sino Fyodor. Como él mismo dice “Fyodor es un nombre algo difícil de pronunciar para vosotros”, y como a él le gusta Frank, así se presenta.

Frank ha sido mi primer anfitrión en Rusia: una verdadera suerte, ya que me ha ayudado en todo lo que ha podido, y más. Con él, comprar el billete de tren a Kazan ha sido tarea de dos minutos (salvando la cola), y su hospitalidad, así como la de toda su familia, no ha tenido límites. Echamos por tierra, pues, el mito de la hostilidad rusa. Al menos, en este caso. Y ya van dos.

Frank vive en un barrio residencial a veinte minutos en metro del centro de la ciudad. Teniendo en cuenta que venía de la hermosa San Petersburgo, y que este barrio fue la primera impresión que me llevé de Moscú nada más salir de la boca del metro, la imagen fue, cuanto menos, distinta a la que podía haber imaginado. Bloques de edificios sin ninguna pretensión estética, grises, enormes, siguiendo el estilo arquitectónico típico de la era soviética. La zona, eso sí, de las más verdes y limpias de la ciudad; y es que a pocos metros de la casa de Frank se encuentra uno de los bosques más grandes de Moscú.

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Entrar en el apartamento fue como atravesar una puerta, no sé si al pasado o a otra dimensión. Un gran portón de acero, como si de una cárcel se tratase (y no me refiero sólo al de la calle, protegido por contraseña, sino también al de la casa), abriendo paso a un apartamento realmente pequeño, con sólo dos habitaciones ocupadas por su madre y su abuela ciega, y una estancia algo más grande que hace las veces de salita de estar y cuarto de Frank. Totalmente equipado, eso sí: televisión de plasma, ordenador de mesa, MacBook Pro, impresora, escáner… Frank es programador, aunque hace un par de semanas dejó su trabajo para viajar un poco y, en septiembre, encontrar algo que le guste más.

La pared del estrechísimo pasillo se encuentra totalmente cubierta por una estantería llena de libros. Decenas, centenas, miles; del suelo al techo. Al preguntarle si son suyos, Frank me respondió que no, que lamentablemente la lectura no se encuentra entre sus (numerosísimos) intereses. Son de sus padres: ella, doctora y apasionada de la filosofía, psicología, así como cualquier ciencia; y él (que no vive en casa), traductor de cinco idiomas diferentes. Frank me enseñó con orgullo varios de los libros que su padre ha traducido, mientras me explicaba que se fue de casa hace más de una década, cuando entre abuelos, primos y hermanos, llegaron a  ser nueve viviendo en aquel apartamento. Ahora, dice, su padre está mejor solo, pero se ven todas las semanas. Yo tuve la suerte de conocerle, y puedo dar fe de que, pese a todo, son una familia unida.

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¿Y a qué me he dedicado durante mi estancia en Moscú? Pues a hacer turismo , claro está. Quería verlo todo, empezando por lo más importante; y ahí se presentó el primer problema. Cuando dije a Frank que quería conocer la Plaza Roja y entrar en el mausoleo de Lenin, frunció el ceño. “De verdad quieres ver “eso”? ¿qué interés tiene?”. Y es que Frank es el perfecto representante de las nuevas generaciones rusas (no de todos, como luego comprobaría en Kazan): descreído de la política y, sobre todo, de la Historia. ¿Lenin? “shame”, ¿Stalin? “shame”, ¿Putin? “shame”, ¿Medvédev? “shame”.

Podría decir, sin quemarme, que acompañarme en tres ocasiones a la Plaza Roja ha sido para él un verdadero suplicio. “En los últimos cinco años no he estado tantas veces”. Al final creo que conseguí que me comprendiese, e incluso esperó en la puerta del mausoleo de Lenin a que yo hiciese la visita de rigor. “Pero cuando estés frente a él, recuerda a Trotsky”, me diría su padre, en perfecto español, apenas un rato antes.

Mausoleo de Lenin

 

Con sus quinientos metros de largo, la Plaza Roja es un lugar realmente grandioso. Uno no sabe dónde mirar: a la izquierda, los exclusivos almacenes GUM; a la derecha, el muro del Kremlin; detrás, el Museo Histórico; y frente a nosotros, la Catedral de San Basilio, que rodeada de tanta monumentalidad, casi parece pequeña. De hecho, no es muy grande: las postales engañan.

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Almacenes GUM

Museo Histórico

Visto lo esencial, y reservando el Kremlin para el último día, di vía libre a Frank para que me llevase donde quisiese. Junto a él he conocido muchos otros rincones de la ciudad que, de otra forma, quizá hubiese pasado por alto.

Uno de ellos, el “puente del amor”, en el cual, siguiendo la tradición de muchas otras ciudades europeas, los enamorados acuden a atar un candado y arrojar sus llaves al río, como símbolo de fidelidad. La particularidad de este puente frente a otros como el Ponte Vecchio de Firenze, es que el mismo Ayuntamiento ha instalado unos árboles para tal fin, quedando, en conjunto,  bastante resultón. Cuando los árboles están completamente llenos, son trasladados a una orilla del canal.

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No muy lejos se encuentra un monumento realmente curioso, que parece en las guías como “monumento a Pedro el Grande”, nada más. Cuando uno lo ve, no puede evitar sentir cierta extrañeza, ya que representa tres carabelas con un personaje en lo alto que más bien recuerda a Cristobal Colón… y lo es. ¿La historia? Al parecer, la estatua fue hecha por un conocido escultor ruso para la Expo’92, y según cuentan (aunque en esto puede haber mucho de “mala lengua”), era tan fea y tan desproporcionada, que nadie la quiso. No hubo más remedio que vendérsela al Estado ruso, con motivo de la celebración de los 300 años de su Armada, y cambiarle la cabeza por una de Pedro el Grande. Con sus 76 metros, es una de las más altas del mundo. Y fea, sí: bastante fea.

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Hemos paseado por la gran calle Tverskaya, me he asombrado ante la gran cantidad de estatuas que hay en cada rincón de la ciudad (de Lenin, de Marx, de Lenin, de Pedro el Grande, de Lenin, de Shukov, de Lenin…), hemos bebido kvas (ya hablaré de ello cuando toque el tema de la “gastronomía”), usado una y mil veces el metro (“el Palacio del Pueblo”: una auténtica maravilla, aunque el de San Petersburgo no se quede atrás) y poco a poco me he ido forjando una idea de la capital rusa.

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Placa en memoria de los fallecidos en los atentados del metro de Moscú

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Frank, una amiga, y la que escribe

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Business Center de Moscú

 

Saliendo de la zona que rodea al Kremlin y la Plaza Roja, Moscú es una ciudad enorme, brutal, caótica, de tráfico infernal, y nada acogedora. Exceptuando puntos muy concretos, como la coqueta calle Arbat, se me ha presentado como una ciudad fría e incómoda: cruzar una de sus calles de cuatro carriles es casi un suicidio y, será por el verano, pero está llena de obras.

Y hay coches, coches por todas partes: en la carretera y, muy especialmente, sobre las aceras, unos junto a otros, de cualquier manera. Según me ha contado Frank, el problema es que, cuando se planificó la ciudad, en la época soviética, nadie pensó en que el número de coches (que entonces tenían sólo unos pocos privilegiados) aumentaría con el paso de los años. El subsuelo no está preparado para construir, a estas alturas, aparcamientos subterráneos; y por mucho que retiran céspedes o mueven aceras, no hay espacio para tanto vehículo.

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Calle Arbat vs...

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... la jungla de asfalto.

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Moscú tiene, eso sí, una vida callejera envidiable. Creo que no he visto más músicos, mimos, y sobre todo, pintores, en ninguna parte. Bueno, sí: en San Petersburgo. Es una ciudad viva, con jardines siempre a rebosar de jóvenes descansado, y muchas veces, bebiendo. ¡En Rusia una de cada cinco personas camina con la cerveza en la mano! Eso, no puedo negarlo, me ha gustado y venido muy bien, ya que no entra en mi presupuesto pagar tres veces más en una cafetería (que no “bar”, porque no hay).

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Se bebe.

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Y como este es un blog personal, una de cal y otra de arena: la gran decepción de Moscú ha sido, para mi, la visita al Kremlin. Será porque las palabras de Kapuscinski habían contribuido a formar en mi cabeza una idea romántica de esta “montaña mágica” que nada tiene que ver con el lugar que he visitado: lleno de turistas, oficiales nada simpáticos si te acercas demasiado al edificio que no debes, y sobre todo, porque todas (y digo TODAS) las catedrales de su plaza, estaban cubiertas, en uno u otro lado, por andamios. Romanticismo cero. Pero mirémoslo por el lado positivo: ¡he estado en el Kremlin!

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A esto me refiero

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Pese a todo, me llevo un buen recuerdo de Moscú. En primer lugar, porque es imposible no hacerlo cuando eres hospedada por una familia tan amable, y que te ha permitido conocer de cerca su día a día en la gran ciudad (algún día hablaré de los desayunos, las cenas y las conversaciones que ha presenciado la mesa de esa cocina… sólo por eso hubiese merecido la pena). En segundo lugar, porque si bien no es la ciudad de mis sueños, y me reafirmo al manifestar que saliendo de su centro histórico no es nada bonita, de alguna manera tiene un “algo” que la hace especial y diferente a cualquier otra ciudad del mundo.

Una ciudad donde el pasado está presente en cada edificio y en cada calle, en forma de estatua, hoz y martillo, o en las galerías de su metro; mientras Lenins y Stalins de pacotilla se hacen fotos con los turistas en la Plaza Roja, las interminables colas de los McDonald’s (yo he contado casi 20 sólo en el centro) se sobreviven a codazos, y el cartel de Pepsi es un cielo al final de la calle Tverskaya.

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Tags: couchsurfing, familia, Kremlin, metro, transmongoliano, transporte, trenes

32 comentarios en “Moscú y la hospitalidad rusa”

  1. El 25 julio, 2011 a las 11:46 Iván escribió... #

    Disfruta ese Transiberiano y todo lo que sucede dentro y fuera del legendario tren. Un abrazo

    • El 27 noviembre, 2013 a las 1:59 carlos escribió... #

      Excelente articulo, muchas gracias porque estaba pensando ir a moscu, pero haciendo un balance de lo bueno y no tan bueno, pienso que es mejor visitar primero otras ciudades que no conozco, saludos desde Venezuela.

      • El 15 diciembre, 2013 a las 13:54 Carmen escribió... #

        Gracias Carlos, pero no pierdas la oportunidad de conocer Moscú, ¡es una ciudad muy interesante!

  2. El 25 julio, 2011 a las 12:57 Saray escribió... #

    Muy buena entrada Carmen! Sin duda Moscú tiene sitios preciosos y además, parece que hasta hace buen/mejor tiempo que al menos en el norte de España (¿donde esta el verano???). A seguir genial ;)

  3. El 25 julio, 2011 a las 13:46 Ivan escribió... #

    Hola!!! Q bien q hayas conocido a rusos simpaticos, eso quiere decir q aún hay experanza he he he!. Seguire tus andanzas, esperando la siguiente entrada ;)

  4. El 25 julio, 2011 a las 15:39 TxemaCG escribió... #

    Curioso que te dijera en castellano lo de Trotsky. ¿Te contaron quien y donde asesinó a Trotsky?

  5. El 25 julio, 2011 a las 15:43 Inés escribió... #

    Te admiro por sacarte un artículo así estando de viaje, tiene mucho mérito.
    En los sitios en donde se hace CS te cambia la percepción de la gente… y los trenes, ahí se conoce a mucha gente! No puedo dejar de compararlo con Ucrania en donde los dependientes o camareros eran muy bordes, una amiga ucraniana decía que era porque ganaban muy poco. A saber…

  6. El 25 julio, 2011 a las 19:06 Blai escribió... #

    Esa es la Rusia que espero encontrar cuando vuelva.

    Y como bien has explicado, la primera impresión no es la correcta, así que espero que cuando vuelva a visitar este país, mi experiencia sea tan positiva como la tuya.

    Carmen, me das mucha envidia, de nuevo on-the-road! hehe

    Genial post, como siempre, no hace falta casi ni que lo diga…

    Un abrazo bien fuerte desde Nepal!

  7. El 25 julio, 2011 a las 19:59 Alesi escribió... #

    Mira que yo sigo pensando que los rusos son serios, parcos y poco colaboradores con los extranjeros, pero claro no deben ser tooodos!!

    Yo fuí hace unos años a esas tierras y repecto a la gente me topé con pared siempre q preguntaba por algo, decían NO y ya! ni siquiera daban lugar a seguir intentando, ademas no hablan ingles, pero nada es NADA, en fin.

    Por otro lado quedé fascinada con los edificios históricos, los museos, las casas de los zares, (tando de Moscú como de Sn Pt) tienen mucha historia.

    Disfruta.

  8. El 25 julio, 2011 a las 21:03 Ku escribió... #

    @Ivan: Lo estoy disfrutando, Ivan :D ¡un abrazo!

    @Saray: ¡Hace un calor que no te puedes imaginar! De 12 del mediodía a tres de la tarde, salir a la calle es un suicidio! :P

    @Ivanosky: Iviiiii!!!! Qué alegría verte por aquí!! Por el momento todo va muy bien, no me puedo quejar de trato! Y algo me dice que a partir de ahora va a ir a mejor :D

    @TxemaCG: Me habló en español porque tenía ganas de practicar :D Dejó la frase en suspense… no dijo nada más :/

    @Inés: La verdad es que en este viaje me está costando un poquito más de lo normal: demasiadas personas, demasiadas conversaciones, demasiadas cosas, y demasiado…. poco tiempo libre. Pero creo que ya estoy cogiendo el ritmo :) Sobre lo que comentas de los precios: puedes ser… aquí los sueldos son también muy bajos, y hay mucha pero que muuuucha corrupción :S

    @Blai: ¡Cómo te voy a dar enviada, con el pedazo-viaje que estás haciendo!! ;) Tienes que volver a Rusia, de verdad. yo después de leerte salí con algo de miedo, y mira… la experiencia está siendo muy positiva (aunque algún borde hay, claro). ¡Mucha suerte en India!!

    @Alesi: Como dice Inés, el Couchsurfing ayuda mucho, mucho. Y los trenes son otro mundo. Por otra parte, ahora estoy en Kazan donde me ha recibido (que no “hospedado”) una amiga (lejana) de Frank, sin ser CS ni nada, y se desborda en atenciones… De momento, como digo, no me puedo quejar!

  9. El 25 julio, 2011 a las 21:59 claudia escribió... #

    Hola Carmen,
    Me ha gustado mucho esta entrada. Tienes razón, la primera impresión que uno tiene de Rusia es la falta de amabilidad e interés por comprender al otro, pero es cierto también que al entrar en el tren todo cambia. Mi experiencia durante el transiberiano fue increíble, pues la gente que íbamos encontrando en el tren eran muy cercanas, amables, conversadoras -aún sin entendernos-. En las cafeterías de los trenes viví momentos de película intentando comunicarme, y siempre fueron muy risueños y simpáticos. Pero es cierto que en las ciudades la cosa cambia.
    Respecto a Moscú, a mí me gustó mucho, a todo el mundo le gusta más San Petersburgo por su arquitectura y belleza pero la historia que ha vivido Moscú durante los últimos 100 años sólo la cambio por la de Berlín, me pareció fascinante, y los cambios que ha experimentado Rusia durante las últimas décadas dan para una enciclopedia.

    Mucha suerte en el viaje. Disfruta de Tartaria!

  10. El 26 julio, 2011 a las 16:37 M.C. escribió... #

    Qué maja la señora del tren!! Si es que tiene que haber de todo en la viña del señor! jejeje Aunque el mito sea de que son antipáticos, no todo el mundo está hecho del mismo patrón.
    Por cierto, bonitas fotos!
    Saludos

  11. El 28 julio, 2011 a las 17:09 Riky escribió... #

    No me gusta mucho la monumentalidad Rusa la verdad, aun que el metro debe de ser una maravilla.Lo que si me llama mucho la atención, es la facilidad de los rusos y en general la gente de los países del este con los idiomas,el nuestro en particular, en poco tiempo lo dominan perfectamente..
    Espero con interés la sección de gastronomía.

  12. El 28 julio, 2011 a las 18:18 Lety escribió... #

    me encanta leerte.. y espero con ansia el post de gastronomia jeje!! buen viaje!!

  13. El 29 julio, 2011 a las 0:04 Paco Piniella escribió... #

    Me encanto tu post.
    Yo quiero hacer el transiberiano, pero en un futuro.
    Saludos viajeros
    Paco

  14. El 31 julio, 2011 a las 6:31 Ku escribió... #

    @Claudia: Me quedo con lo que dices de Moscú, y espero tener la ocasión de cambiar mi visión de la ciudad (aunque eso no quiere decir que no me haya gustado, eh! :) ). Coincidimos en nuestro amor por los trenes… y es que el transiberiano, más que ir de A a B con x paradas en el camino, es eso… el simple hecho de Ir, El Viaje. Se podría escribir un libro sólo hablando de lo que ocurre y, sobre todo, siente uno viajando en ese tren :)

    @M.C: Una mujer encantadora, ¡y se me ha olvidado decir que me regaló un calendario que se había comprado ella misma como souvenir de San Petersburgo! ¡Un regalo PARA ELLA!

    @Riky: Los rusos no hablan nada de inglés!! En este caso es su asignatura pendiente, pero lo dominarán dentro de poco… no tengo la menor duda. Un abrazo!

    @Lety: Vaya, ¡muchas gracias! Espero no decepcionar demasiado con el post de la gastronomía rusa… ¡si supiéseis lo que estoy comiendo!

    @Paco: ¡Gracias!! Anímate a hacerlo, es un Señor Viaje, en todos los sentidos!

  15. El 10 agosto, 2011 a las 18:28 Victor escribió... #

    Pero bueno!!! que se me había pasado por alto este relato… !!! Te leí lo del puente en diario del viajero y no me di cuenta que habías escrito esto. Me ha encantado el paseo y me he apuntado varias cosas para ver… Te aseguro que no me pierdo ni los arboles horteras repletos de candados ni la estatua a Pedro el grande… que a mi me gusta lo extravagante…

    Un saludo!

    • El 25 agosto, 2011 a las 17:36 Ku escribió... #

      Jajaja, me alegro de que hayas sacado cosillas para ver! Ya sales en nada, eh? Al paso que voy me alcanzas seguro! ¡Un abrazo!

      • El 29 agosto, 2011 a las 12:21 Victor escribió... #

        Pues anda que no me gustaría alcanzarte y tomarnos algo en Pekín o ir a la muralla juntos… pero me da a mi que cuando yo llegue a Pekín tu andarás por Shanghai (si visitas esta ciudad),… Pero bueno.. seguiré atento a ver donde andas por si acaso…

        Besazos!

  16. El 31 agosto, 2011 a las 17:08 José Carlos DS escribió... #

    Bueno, esta tarde he decidido ponerme al día con tus relatos, después de volver de mi viaje tenía mucho trabajo pendiente y tú, muchas entradas ya colgadas jeje

    Tienes fotos calcadas como apreciarás en mi blog a las que hice en mis escalas en Moscú.

    A mi me pareció una ciudad fascinante y espero volver a visitarla alguna vez con mas calma, la pena del Kremlin es que ande en obras, a nosotros lo que más nos gustó fueron sus jardines :D

    Saludos!! ;)

    • El 6 septiembre, 2011 a las 16:24 Ku escribió... #

      Lo de las obras del Kremlin a mi me dio una rabia… Igual digo una tontería, pero cuando un lugar turístico, por el que se cobra para entrar, se encuentra en trabajos de restauración que impiden disfrutar de él al 100%, en mi opinión debería reducir el precio de la entrada en un tanto por ciento proporcional a lo que no se puede ver… Especialmente si las obras cubren una parte tan significativa del lugar como es este caso, y el precio es “tan” alto :(

      • El 6 septiembre, 2011 a las 18:12 José Carlos DS escribió... #

        Es mucho mas fácil poner un toldo pintado y seguir cobrando lo mismo… :(

  17. El 9 octubre, 2011 a las 20:12 jomez35 escribió... #

    Que recuerdos me han traido tus fotos de Moscu. Las de la Plaza Roja son impresionantes!

    • El 11 octubre, 2011 a las 16:14 Ku escribió... #

      ¡Muchas gracias! :D

  18. El 10 enero, 2012 a las 16:12 fercho escribió... #

    uhmmm muy interesante me enamore de las rusas jajaj sera cuestion de visitar y conocer

    • El 14 enero, 2012 a las 22:28 Ku escribió... #

      Jeje, las rusas enamoran siempre! :D

  19. El 5 febrero, 2012 a las 10:59 Martin escribió... #

    Hey pero las avenidas-cinturón de varios carriles se cruzan por abajo! No me digas que te mandaste corriendo esquivando autos?? Hay policías que prohiben cruzarlas por la superficie jajaja

    Qué hermosa es Moscú, la visitamos con mi novia dos meses antes que vos, según las fechas. Me llamó la atención como toman alcohol en los boulevares y que no hay combos de McDonald’s sino que se pide todo por separado: hamburguesa, papas y gaseosa.

    • El 6 febrero, 2012 a las 8:22 Ku escribió... #

      Hola Martin!

      A veces habia pasos subterraneos y a veces no… O estaban muy muy lejos. Cuando cruce por la superficie fue siempre porque alguien lo hacia delante de mi y no habia otra alternativa >P

      A mi lo del alcohol tambien me llamo mucho la atencion! Pero ya desde San Petersburgo.. era un ir y venir de gente tomando en las calles ;)

      Un abrazo kiwi y perdon (otra vez) por la falta de acentos! (teclado neozelandes)

  20. El 7 mayo, 2014 a las 23:54 Carolina escribió... #

    Hola! Yo vivo en Moscpu y me encanta esta ciudad. Todo es enorme, cuadrado, monumental… pero tiene algo que me gusta. Debe ser porque forma parte de mi rutina.
    Saludos!

    • El 15 mayo, 2014 a las 18:31 Carmen escribió... #

      Sí, estoy contigo: Moscú tiene algo ;)

      ¡Un saludo, Carolina!

  21. El 6 junio, 2014 a las 12:20 Ivy escribió... #

    Yo estuve poquito en Rusia. No es que viera mucho (Moscú, San Petersburgo y parte del anillo dorado), así que es difícil generalizar.
    Las rusas espectaculares, eso as así. Unos taconazos de vértigo para cualquier situación. Siempre monísimas.
    Los rusos me parecieron algo secos, pero bueno, de todo hay, como siempre, y también tocó toparnos con rusos simpáticos, como el ruso que nos ayudó a buscar alojamiento en Vladímir, o el propietario de una tienda de discos. Majos no, lo siguiente.
    Pero vamos, que lo recomiendo, sin duda ;) Todo lo que vi me gustó mucho. La iglesia de la sangre derramada de San Petersburgo me dejó con la boca abierta… casi más que San Basilio…

    • El 14 junio, 2014 a las 13:44 Carmen escribió... #

      A mí también me gustó más la iglesia de San Petersburgo ;)

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